Patricia Bullrich: "Las diferencias en la gobernabilidad que hay entre nosotros y el kirchnerismo son totales"

En una entrevista, la ex ministra de Seguridad habló de su gestión y de "Guerra sin cuartel", el texto donde cuenta en primera persona las experiencias de su último paso como funcionaria.

Un año después de dejar su cargo ejecutivo, Patricia Bullrich publicó un libro sobre su experiencia. “Guerra sin cuartel cuenta en primera persona las experiencias de su último paso como ministra. La fuga de los presos del triple crimen, los casos Maldonado y Nahuel y la fallida final de la Copa Libertadores River-Boca son tratados en el libro. En diálogo con El Cronista, amplía sobre estos temas y sobre la actualidad política.

-¿Cómo fue la asunción como ministra? ¿El traspaso en Seguridad también tuvo sus inconvenientes?

-Fue un momento único de la democracia argentina, el traspaso que no fue. Todavía no habíamos asumido y no teníamos la capacidad de dar instrucciones. Y (Sergio) Berni decía que no podía hacerse cargo. Esa situación generó un vacío, y por supuesto le dijimos que él era responsable. Yo no iba a asumir como ministra hasta que me tomara juramento el presidente. Fue una situación muy extraña. Participaba de todas las reuniones, pero las órdenes y la responsabilidad penal de lo que podía llegar a pesar la tenía Berni. Si bien ya tenía diálogo con todas las fuerzas, y todas estaban dispuestas a la transición, legalmente no tenía firma, fue todo un tema.

-A los pocos días fue la fuga de los presos del triple crimen, ¿cómo lo vivieron?

-Lleva un tiempo adaptarse a un ministerio desde que uno llega. Quién es quién, dónde está tu computadora, quién puede firmar, qué cosas te pasan todos los días. En el medio tenemos lo del triple crimen, que en realidad era de la provincia de Buenos Aires. Pero me llamó Mauricio (Macri) y me pidió que ayude. Hasta ese momento, la ayuda que podíamos dar era precaria. No teníamos centro de control ni cámaras conectadas. Estábamos en una mesa con un mapa tipo el del ACA, que lo escribíamos a mano.

-¿Cómo actuaron en esas condiciones?

-Cuando recibimos la información de dónde estaban, la pasamos a Gendarmería. Pero lo leyeron al revés: donde tenían que doblar a la derecha, lo hicieron a la izquierda. Entonces los tipos se dieron cuenta y escaparon. Estaban a 100 metros. Salieron por el campo e hirieron a un gendarme. Además, hubo un momento en el que me avisan que estaban detenidos, pero aún no lo estaban. Lifschitz (Miguel, en ese momento gobernador de Santa Fe) lo anunció en un tuit, pero después se hizo el tonto. Después de que pasó todo, lo fui a ver a Macri a su quinta, y me dijo de todo: “Te queda una sola vida . Pero bueno, me duró los cuatro años la vida que me dio.

-El caso de Santiago Maldonado fue el más mediático de su gestión. ¿Cómo analiza hoy lo que pasó?

-Desde el primer momento, la familia tomó distancia. Armó una escena y empezó el relato de que fue una desaparición forzada. Yo no podía creerlo. Me di cuenta de que era una construcción, que la idea era construir una mentira. Y todos los días aparecían supuestas pruebas para sustentarlo. No importaba lo que había pasado, era un relato independiente de la realidad que buscaba justificar la desaparición forzada.

-Desde el principio defendió el accionar de las fuerzas de seguridad, incluso cuando no había herramientas para hacerlo.

-Era el principio para la prensa. Pero para mí ya habían pasado quince días, había visto todo. Analicé los videos, entrevisté a todos los gendarmes que habían estado en el lugar y recogimos todos los materiales. Tratamos de que los gendarmes entren en contradicciones a ver qué decían. Pero ellos contestaban con argumentos democráticos. Al final de toda la investigación que hicimos, a los 78 días, a lo sumo podía quedar una mínima duda. Por ejemplo, de que algún gendarme hubiera llegado a la orilla y le hubiera pegado. Pero de desaparición forzada estábamos convencidos de que no. Eso hubiera saltado en todas las imágenes que teníamos.

-Uno de los capítulos se llama “Catorce toneladas de piedras , por los disturbios frente al Congreso. ¿Al gobierno actual se le da mayor margen de acción?

-Ni hablar. Imaginate si el jueves en el Senado hubieran tirado 14 toneladas de piedras por la sanción del proyecto de jubilaciones. Las diferencias en la gobernabilidad que hay entre nosotros y el kirchnerismo/peronismo son totales. Ellos se garantizan que determinados actores sean cómplices de sus políticas y ataquen las nuestras, eso es una garantía.

-En estos días, desde Juntos por el Cambio comenzaron a reclamar la baja de edad de imputabilidad. También se conoció que el 64% de los niños y adolescentes son pobres. ¿No debería ponerse el foco allí?

-Nuestro proyecto busca ambas cosas de forma simultánea. En política social podés actuar para que los chicos no entren al delito en términos generales. La escuela y la prevención en general. Pero en términos de política criminal, cuando comete el primer delito es donde tenés que actuar. Vas a tener una posibilidad de generar una salida de ese chico y de que no avance en su carrera delictual.

-Ya pasó un año de gobierno de Alberto Fernández. ¿Cuál es su balance y qué rescata?

-Mi balance es que el año fue pésimo. Rescato la renegociación de la deuda. Fernández tomó la decisión de la cuarentena eterna porque las encuestas le sonreían, pero no podés parar un país ocho meses. No se pudo despegar de su criatura, por eso se compara con la convertibilidad. El país está hecho trizas. Si hubieran sido solo dos meses en cuarentena no estaría así. No tendrías la caída de negocios, empresas y puestos de trabajo que tenés.

-¿Cómo imagina las elecciones del año que viene? ¿Se dará un escenario polarizado, a pesar de que sean legislativas?

-Me parece que sí, pero no me quiero adelantar.

-¿Le gustaría ser candidata?

-No es un tema que esté en agenda aún.

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