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La expresión “no llegar a fin de mes” se volvió a poner de moda. Javier Milei cuestionó a quienes describen esa situación como una consecuencia de la pérdida de poder adquisitivo y planteó el problema en términos literales: si una persona se queda sin dinero el día 20, preguntó, ¿cómo hace para pasar los diez días siguientes sin comer ni beber? Axel Kicillof respondió que hay millones de argentinos que atraviesan esa situación y sostuvo que la consecuencia es “vivir peor, mucho peor”.
La discusión no se agota en la posibilidad de cubrir las necesidades básicas de manera literal. En el uso cotidiano, la frase alude a la dificultad para sostener los gastos durante todo el mes, a las compras que se postergan, al consumo que se restringe y al recurso al endeudamiento para cubrir los compromisos. En ese terreno, el costo de los alimentos es una de las variables que ayudan a dimensionar el esfuerzo de los hogares.
En la defensa del Presidente también intervino la diputada libertaria Lilia Lemoine, aunque su argumento se apartó de la interpretación literal que había planteado Milei. “Todos sabemos qué significa ‘no llegar a fin de mes’”, escribió en X. Y lo explicó con ejemplos: que un mes no alcance para pagar la luz, cubrir la tarjeta de crédito o darse algunos gustos.
Lemoine sostuvo, en una exégesis del discurso de Milei, que el presidente con sus criticas puso en evidencia que la finalidad de repetir esa frase “hasta el cansancio” es “generar malestar” a partir de la vida cotidiana y concluyó que Milei había dejado “en evidencia UNA VEZ MÁS” a sus críticos. Pero, más allá de esa defensa política y de los elogios al mandatario, su propia explicación reconoció el sentido que tiene la expresión en el debate público: no se trata necesariamente de pasar diez días sin comer o beber, sino de que los ingresos no alcancen para afrontar todos los gastos del mes.
El último informe del Changuito Federal de Analytica, correspondiente a septiembre, ofrece una referencia concreta para esta polémica: el costo de una canasta mensual de alimentos y bebidas representativa del consumo de la clase media superó el millón de pesos en cinco provincias. La comparación entre jurisdicciones también muestra que el precio de una misma compra varía según el lugar de residencia y que su peso sobre los ingresos depende de los salarios de cada región.
A ese panorama se suma el cálculo del Frente de Sindicatos Unidos (FreSU), que reclamó un salario mínimo vital y móvil de $3.178.287 para septiembre. El frente sindical sostiene que ese monto permitiría cubrir las nueve necesidades vitales contempladas en la Constitución Nacional y la Ley de Contrato de Trabajo. Son dos mediciones con metodologías y alcances diferentes, pero ambas ponen en primer plano la relación entre el costo de vida y los ingresos disponibles.

Changuito federal: en qué provincias cuesta más llenar el carrito
El ranking de Analytica volvió a ubicar a la Patagonia entre las regiones con los changuitos más caros. Santa Cruz encabezó la medición de septiembre, con un costo de $1.067.161, seguida por Chubut, con $1.062.515; Tierra del Fuego, con $1.037.790; Río Negro, con $1.029.622, y Neuquén, con $1.019.872.
En el otro extremo, la compra más económica se registró en Mendoza, con $919.551. La Rioja quedó en segundo lugar, con $931.735, y Catamarca, en tercero, con $947.194.
La diferencia entre los extremos supera los $147.000. Así, para una misma selección de productos y cantidades, el gasto mensual de una familia tipo cambia de manera considerable según la provincia en la que haga las compras.
La canasta de Analytica está diseñada para representar el consumo de una familia compuesta por dos adultos y dos menores. Para comparar los precios entre jurisdicciones, la consultora utiliza los mismos productos, marcas y cantidades por empaque. La medición contempla alimentos y bebidas de supermercado y busca reflejar una compra mensual típica de la clase media.
Dónde aumentó más el changuito en septiembre
La evolución mensual mostró un comportamiento diferente del ranking de precios. Las mayores subas porcentuales se concentraron en el noreste del país: Chaco encabezó los aumentos, con 5%, seguido por Corrientes, con 4,6%, y Misiones, con 4,2%.
En cambio, las variaciones más moderadas se registraron en Mendoza, con 0,9%, y en Río Negro y Neuquén, con 1% en cada provincia.
Si se mide el incremento en pesos frente al cierre de agosto, el orden cambia. Salta registró el mayor aumento absoluto, con $57.913; detrás quedaron Entre Ríos, con $52.835, y Corrientes, con $51.681.
Las menores subas en pesos se dieron en Mendoza, con $3.827; Neuquén, con $20.074, y La Rioja, con $20.987.
La comparación interanual también dejó diferencias marcadas. Chubut registró el mayor encarecimiento, con 34,9%, seguida por Tierra del Fuego, con 34,5%, y Chaco, con 34,2%. Las menores variaciones correspondieron a Mendoza, con 24,6%; San Luis, con 24,9%, y La Rioja, con 26,1%.

Qué alimentos aumentaron más
Dentro de la canasta, la cebolla volvió a destacarse por sus aumentos. Su precio subió entre 30% y 60% en la mayoría de las provincias. En San Luis llegó a 74,1% y en San Juan, a 63,2%.
Los incrementos fueron más moderados en Mendoza, donde la cebolla aumentó 24,9%, Río Negro, con 6,5%, y La Pampa, con 2,3%.
El tomate redondo también mostró subas importantes: Mendoza encabezó con 30,3%, mientras que Tucumán y Catamarca registraron aumentos de 21,3% en cada caso.
El arroz, que había permanecido estable en agosto, aumentó en todas las provincias. En la mayoría, las variaciones se ubicaron entre 2% y 7%; Santa Cruz superó ese rango, con 8,1%, mientras que San Luis registró una suba de 1,9%.
La leche también se encareció en casi todo el país, con incrementos de entre 1% y 5%. Chubut quedó por encima de ese rango, con 5,2%; San Luis tuvo una suba de 0,8% y Tierra del Fuego registró una baja de 0,3%.
En contraste, el aceite de girasol —que había encabezado las subas en agosto— mostró una evolución más estable. En 17 de las 25 jurisdicciones relevadas, su variación fue inferior al 1%. Las excepciones más marcadas fueron Santiago del Estero, con un aumento de 5,1%; Tucumán, con 4,9%, y Catamarca, con 4,2%. En Santa Cruz, el precio cayó 3,3%.
El peso del changuito sobre los salarios
El precio de la canasta no es la única variable que permite comparar el esfuerzo de compra entre provincias. Analytica también advierte que la Patagonia combina los changuitos más costosos con salarios promedio del sector privado registrado más elevados.
Santa Cruz, por ejemplo, tiene la canasta más cara y el segundo mayor salario promedio del sector privado registrado, detrás de Neuquén. Esa diferencia de ingresos compensa parcialmente el mayor costo de vida, según el análisis de la consultora.
Sin embargo, el salario promedio puede ocultar diferencias importantes entre actividades y trabajadores. Para sumar otra referencia, Analytica compara el costo del changuito con el salario de comercio al por menor, una actividad que concentra una cantidad importante de trabajadores.
Con esa referencia, la incidencia de la canasta resulta más elevada: en muchos casos, el changuito representa más de un tercio de la suma de dos salarios de comercio. El dato permite observar el peso de una compra mensual de alimentos y bebidas sobre los ingresos, aunque no equivale a una medición del presupuesto completo de cada hogar ni determina por sí solo cuántas familias llegan o no a fin de mes.
La diferencia importa para interpretar el debate. El costo nominal de una misma canasta no implica el mismo esfuerzo en todas las provincias, y la comparación salarial ofrece una aproximación a esa disparidad. Al mismo tiempo, el informe no mide el conjunto de los gastos familiares ni permite establecer, por sí solo, la proporción de la población que enfrenta dificultades para cubrirlos.



