Para el economista argentino Alberto Ades, radicado en Nueva York, la fisonomía de una “Argentina cara en dólares” no es necesariamente un error de diagnóstico, sino la consecuencia natural de un proceso de ordenamiento de fondo, aun así alertó que el éxito de largo plazo no está garantizado.
El debate sobre el “atraso cambiario” que domina la agenda económica en la Argentina, fue el eje de la disertación que brindó Ades durante el premeeting de la Conferencia Anual de FIEL. Según el analista, la discusión tradicional sobre el valor del dólar podría estar desenfocando el verdadero problema.
Tras reconocer que el modelo económico de Javier Milei está generando “ganadores” y “perdedores” señaló que la verdadera vulnerabilidad del programa que lidera Luis Caputo no reside en las pizarras financieras, sino en las tensiones políticas de la transición y, principalmente el “costo social”.
Durante el primer cuatrimestre, el ingreso de dólares por las exportaciones superó los datos anteriores. Y el Gobierno habla de “nos van a salir dólares de las orejas” sobre su situación cambiaria.
La Argentina barata estaba rota
Ades introdujo una tesis incómoda para los sectores que reclaman una devaluación: los países a los que les va bien, los que se abren, se desregulan, eliminan el déficit y aumentan su productividad, se vuelven estructuralmente más caros en dólares.
La Argentina de los últimos años “aquella hiperregulada, cerrada al comercio mundial, con inflación de tres dígitos y déficit fiscal crónico” era una economía extremadamente barata para el observador externo, pero ese abaratamiento era el síntoma de una baja productividad generalizada, explicó.
Al analizar el tipo de cambio real actual mediante la paridad de poder adquisitivo (PPP) en relación con el ingreso per cápita, Ades sostuvo que los niveles de precios de la Argentina no desentonan con los de sus pares de la región como Chile, México o Brasil.
Por eso, si el programa económico se consolida, la Argentina barata “no va a volver”, expresó y señaló que “el mercado simplemente está adelantando el escenario de un país normalizado”.
Más dólares, menos votos
El problema, advirtió el economista, es que llegar a ese “largo plazo” implica atravesar una transición con impactos sectoriales profundamente asimétricos. El nuevo régimen económico genera una brecha inmediata que se reflejan en dos realidades.
Por un lado, los ganadores del modelo, aquellos sectores como la energía (upstream y de transición), el agro, la minería y los servicios exportables. Son actividades de alta productividad, intensivas en capital, preparadas para un mundo globalmente fragmentado y protegidas de los vaivenes locales.

En cambio, los perdedores de la transición, la pequeña y mediana empresa (pyme) enfocada en el mercado interno, el consumo masivo, los sectores vulnerables del conurbano y el empleo público. Son los segmentos que sufren de manera directa el impacto combinado de la apreciación cambiaria y la apertura comercial.
Aquí radica el dilema para el gobierno de Javier Milei, de cara a las elecciones presidenciales en octubre de 2027; algo que los inversores internacionales miran de cerca, explicó Ades y resaltó que “los sectores perdedores de la transición son los que concentran la mayor cantidad de votantes”.

Atento al contrapeso que ejercen los cordones industriales impactados de forma negativa por el modelo económico frente al boom de las actividades extractivas de la cordillera y el centro del país, Ades explicó que para que el proceso actual no sea un simple rally financiero de corto plazo, el gobierno necesita resolver esta ecuación política.
Las tres “salidas” para desactivar el riesgo político
¿Cómo se sutura la brecha entre la consistencia financiera del modelo y la realidad de los votantes? busçó resolver el economista. En este punto, Ades no propuso caminos de asistencia tradicional o marcha atrás con la apertura, sino tres condiciones de política económica que funcionan como válvulas de escape operativas para consolidar la transición de manera sostenible:
1. Acumulación agresiva de reservas en el Banco Central
La apreciación cambiaria actual convive con una delgada línea de defensa en el BCRA. Para Ades, la primera salida requiere estabilizar este frente acumulando reservas de manera constante.
Un stock sólido de divisas le quita volatilidad al tipo de cambio real, aporta previsibilidad al círculo rojo y reduce a cero el fantasma de un salto cambiario traumático que pulverice el salario real y profundice el malestar en los sectores más rezagados.
2. Recuperación del acceso al crédito internacionales
En una economía en pleno proceso de reconversión, el financiamiento externo funciona como el “oxígeno” indispensable, planteó y señaló que recuperar el acceso al crédito global permitirá al Estado y al sector privado financiar proyectos de infraestructura de largo plazo y amortiguar el impacto del ajuste sobre el mercado interno, suavizando la transición social sin necesidad de recurrir a la emisión monetaria.

3. Reformas institucionales y económicas de fondo para bajar el “costo argentino”
Por último, apuntó a una salida estructural: la economía local hoy está cara en dólares, pero sigue cargando con ineficiencias impositivas, laborales y burocráticas del viejo régimen. Para que las pymes y el entramado productivo local dejen de ser “perdedores” en una economía abierta y puedan competir con un dólar bajo, el Congreso y el Ejecutivo deben acelerar las reformas de fondo que incrementen la productividad sistémica.

Si bien para el analista el rumbo elegido es el correcto para el largo plazo, la viabilidad del modelo dependerá de la velocidad con la que estas tres llaves económicas, logren transformar el derrame de los sectores ganadores en un bienestar para la mayoría electoral, antes de que los plazos políticos exijan rendición de cuentas.





