Exclusivo: a 30 años

Melconian y Santángelo hablan juntos de todo: el lado B de las crisis, las internas políticas y las reuniones con los presidentes

En octubre de 1991 arrancaron con su consultora M&S, en la cocina de la casa de Melconian. Con los años, se transformaron en uno de los estudios de referencia de la City. Una charla distendida sobre los mejores y peores momentos vividos, el desafío a la hora de asesorar, las claves para sostener una sociedad en el tiempo y, por supuesto, la economía: de ayer, de hoy y de mañana.

No recuerdan entrevistas en las que hayan hablado juntos en los últimos tiempos. Solo aparece la referencia a una nota temprana en un programa de TV por cable, allá lejos a principios de los 90. En octubre de 1991 -el día 7, precisarán-, Carlos Melconian y Rodolfo Santángelo fundaron M&S Consultores en la cocina de la casa de Melconian y sin clientes, como se preocupan por remarcar. Con 33 y 34 años, ya eran economistas de peso en el Estudio Broda, referente de la City, "donde estábamos muy bien". Pero la idea de tener su propio proyecto pudo más y dieron el salto hacia la independencia.

"Nos conocimos en 1979, mientras cursábamos Matemática para economistas a las 7 de la mañana en la UBA. Después coincidimos en el Banco Central entre 1983 y 1988 pero trabajábamos muy lejos uno del otro. La primera vez que hicimos algo juntos -un trabajo sobre la deuda externa- fue en 1987, durante un seminario sobre economía latinoamericana en Bariloche", inicia la charla con APERTURA Santángelo. Es viernes al mediodía. Mesa al aire libre en Belgrano, forzada por el contexto del Covid. Cortado en jarrito para Santángelo, descafeinado mitad y mitad para Melconian.

"En 1989, yo estaba en el Estudio Broda y Miguel Ángel (Broda) me dice: ‘Conseguí un economista'. Yo lo fui a buscar a él, es mi orgullo que no me lo saca nadie", se ríe Santángelo. Melconian trabajaba en el Central aún, "enamorado de mi tarea vinculada con el sector externo". En ese momento, el BCRA era, por lejos, el mejor lugar de formación para un economista profesional, coinciden los dos: "Fue la gran escuela de formación práctica, después de la universidad y el posgrado".

Melconian dejó el banco y se incorporó a lo de Broda, "otra escuela fenomenal", resaltan. Trabajaron juntos dos años hasta que en octubre de 1991, cuando la Argentina atravesaba los primeros meses del Plan de Convertibilidad, renunciaron y "nos fuimos a la cocina de la casa de Carlos". "En lo de Broda estábamos bárbaro pero los dos, por personalidad, teníamos vocación de independencia", dice Santángelo.

Rodolfo Santángelo. Foto: Pato Pérez.

¿El primer cliente? Hubo algunos simultáneos, como Corporación Metropolitana y Banco Galicia. Pero el día que arrancaron, aclaran, no tenían ninguno. "El primer mes cobramos cero, de verdad. Y el segundo y el tercero también. Inicialmente vivía del sueldo de mi mujer", subraya Melconian. Sin haber firmado ningún papel, y por el espíritu de confianza que habían construido, durante el primer año no tuvieron contacto con ninguno de los clientes del Estudio Broda, resalta.

La primera oficina fue prestada, en Paraguay al 600. "Un sucucho no más grande que esto", grafican y trazan en el aire un rectángulo sobre la mesa. No tenían claro aún si se iban a dedicar 100 por ciento a la macroeconomía como querían, pero la Argentina empezaba a crecer con los primeros efectos de la estabilización de la Convertibilidad y las privatizaciones, y la demanda de asesoramiento estaba presente. "Si mirás la macro te podés ir hasta los modelos econométricos y la matemática. El quid de la cuestión es la interpretación de la tarea de un empresario y su interdependencia y relación con la macro. Tiene una conexión muy práctica. Hemos creado un slogan que dice ‘macro mata micro' y es verdad: es muy relevante la forma en cómo afecta la macroeconomía en sus decisiones cotidianas. Es el arte de todo esto", define Melconian. "Hay una gran confusión instalada: creer que es así por la inestabilidad argentina. En otros países es lo mismo: la macro de Estados Unidos o Alemania tienen que ver con la suerte micro de las compañías. Una decisión macroeconómica en el buen o en el mal sentido termina afectando el escritorio, la familia, el empleo", completa.

El triángulo está

El comentario da el pie para la pregunta: ¿cuáles son las claves más valoradas en el asesoramiento al final del día? ¿Advertir sobre los riesgos más que acertar con el pronóstico? ¿Ayudar a interpretar?

"A mí me gusta plantearlo como un triángulo. Un vértice es un marco de referencia para analizar la economía, no ideologizado ni casado con ninguna escuelita. No somos veletas intelectuales pero tenemos nuestro esquema conceptual alrededor del cual gira nuestra manera de pensar. Eso es un tercio de la tarea. Segundo: un respeto sacrosanto por los datos. Somos maníacos de los datos. En el debate conceptual no entramos, necesitamos datos. Y vale aclararlo ya: somos nosotros dos pero detrás hay un equipo de más de 20 personas. Pablo Goldín, Claudio Mauro y Facundo Martínez como economistas principales y dos históricas como Cecilia Bastarrica (nadie debe conocer las cuentas fiscales en el sector privado como ella) y María Sahores (que sigue las cuentas monetarias y del sector externo). Camino acá venía hablando sobre el balance del Banco Central y sabe 10 veces más que yo del balance", responde Santángelo.

"El tercer vértice del triángulo es mucho respeto por la realidad que nos muestran nuestros clientes. En eso somos inflexibles. Si nosotros tenemos un mensaje y nuestros clientes nos dicen lo contrario, la razón la tiene el cliente, pero no en el sentido veleta. Si creemos que viene la reactivación pero el cliente siente que hay recesión, no nos podemos emperrar: hay recesión. Es una combinación de las tres cosas: el modelito, los datos y la realidad", agrega.

"Siempre decimos que somos economistas que no proyectamos el primer decimal. No es acierto en ese sentido lo que hacemos. Es ayudar en la toma de decisiones prácticas, acorde a un entorno. El aspecto comunicacional es muy relevante. El proceso de traducción al cliente es clave: en una hora por mes te tiene que entender todo y saber qué hacer. Sin los tres puntos que mencionó Rodolfo, la buena comunicación te puede servir una sola vez. Y con los tres puntos pero sin comunicación, si no te hacés entender por el cliente ni escuchás lo que te está preguntando, tampoco funciona. De la escuela aprendí que el que iba a la bandera tenía en promedio ocho, ocho, ocho. No iba el que tenía dos 10 y dos aplazados", aporta y compara Melconian.

Carlos Melconian. Foto: Pato Pérez.

¿Cómo unifican los puntos de vista, si es que lo hacen? ¿Qué pasa cuando tienen visiones diferentes sobre lo que está pasando o puede pasar? ¿Debaten, uno convence al otro...?

SANTÁNGELO: No tenemos la menor idea. Somos 50 y 50, más el equipo. No pensamos igual. Peloteamos. En el fútbol es el vestuario, donde los jugadores se dicen las cosas. Unificar es una palabra que queda grande. Coordinamos, vamos y venimos. El equipo juega un rol central e influye un montón. De los economistas jefes a los semiseniors.

MELCONIAN: Es imposible sin ese peloteo. Lo único que importa es el objetivo y los resultados. Violín en bolsa hemos hecho los dos 200 veces y sin dolor. Lo subrayo. Y ojo que no somos fáciles.

S: Lo que menos interesa en la sociedad es si acertó él o yo.

M: Creo que ninguno de los dos nunca se puso a pensar en la fórmula de la armonía. En mi caso personal creo que los eventos que mejor salen son los que se dan naturalmente. Y los que menor costo tienen. La naturalidad tiene la magia de generar poco costo. Nunca nos preguntaron eso de manera tan directa en 30 años. Cómo hacen para llevarse bien siendo uno de Independiente (Santángelo) y el otro de Racing sí nos preguntaron 500 veces...

S: Esa es fácil de contestar, les ganamos toda la vida... (risas)

M: Estos no hablaron ni cuando nos ganaban, ahora que hace 20 años que no nos ganan menos. Pero lo dejo hablar de a ratos.

50/50

Se acabó el primer café. Piden una segunda ronda de cortado y descafeinado mitad y mitad. Llovizna en Belgrano en un día destemplado, muy poco propicio para andar por la calle. El repaso por la historia fluye hacia la exposición mediática que cada uno supo -y quiso- construir, como continuidad de la pregunta anterior. "Esto es 50 y 50 y no tiene ninguna chance de ser de otra manera, a menos que el protagonista no lo quiera. Yo salí mucho más en los medios que Rodolfo y nunca tuvimos un conflicto. En el terreno económico tampoco se concibe algo que no sea 50/50. No está escrito pero es así. Y es la única manera", sigue Melconian.

"No son muy habituales las sociedades exitosas entre pares -reconoce Santángelo-. No quiero hablar bien de nosotros porque no me gusta. ¿Cuál es la clave, me preguntás? Supongo que tiene que ver con la educación de cada uno, la hombría de bien, el respeto al otro, la amistad. Los resultados ayudaron, sin ninguna duda. No sé cómo habría sido de otra forma".

"Insisto con el 50/50. A mi modo de ver, es como en los matrimonios. Cuando entre el hombre y la mujer se sacan mucha diferencia, eso va camino a un cortocircuito. ¿Si lo planificamos así? ¡No! De ninguna manera. Es el elemento central. Salió de casualidad. El título de esta nota sería ese, si fuera periodista. Nada fue premeditado ni calculado", se pliega Melconian.

En 30 años pasó de todo. Arrancaron con la Convertibilidad, vino el efecto Tequila en 1995, la crisis asiática (1997/98), la devaluación de Brasil (1999), el 2001/2, los años del kirchnerismo, Macri, la crisis actual. ¿Cuáles fueron los momentos más difíciles para el análisis económico?

S: La caída de la Convertibilidad fue bravísima.

M: Transitoriamente, porque después se recompuso, el Tequila (1995) y la salida de (el exministro Domingo) Cavallo (1996) fueron muy duras también, una piña a lo Monzón.

S: El 2008/2009 con la crisis mundial y la estatización de las AFJP fueron otro momento duro.

M: Lo estamos pensando en voz alta, está claro. Pero todos los ejemplos que estamos dando fueron quiebres. Hay que distinguirlo de otras crisis, 2011, 2015, en el sentido de que venían en cámara lenta. Y cuando algo se anticipa tanto deja de ser sorpresivo, no es un crash.

S: Los procesos de cámara lenta son también bravos porque los timings son difíciles y uno tiene un diagnóstico.

Amigos y socios, en pleno café. Foto: Pato Pérez.

M: La conducción política es relevante en los procesos de crisis. De estos momentos que mencionamos, el 2001/2 tuvo una transición con cinco presidentes. Macri tuvo muy mala economía y muchos momentos conflictivos. Terminó yendo al Fondo (FMI). Pero siempre dio señal de conducción política, no hubo vacío de poder. Menem era igual. Kirchner era igual y tuvo un período sin conflicto económico entre 2003 y 2007.

S: Sin tener la bola de cristal, hay cosas que las vas viendo. La misma crisis de la Convertibilidad fue un proceso de 12 meses. Después están los hechos sorpresivos. Subas de tasa de interés en Estados Unidos, o la propia devaluación de Brasil del 13 de enero de 1999. Fue una de las veces que tuvimos que interrumpir vacaciones.

M: La salida de Cavallo -agosto de 1996- fue otra. Me agarró con la familia arriba de las valijas, literalmente, a punto de salir para tomar un avión. Llegué a casa y les dije: no nos vamos.

¿Cómo se vive una crisis del lado de los clientes? ¿Explota el teléfono en la dimensión que uno podría imaginar?

M: El valor agregado de uno es ese. Salvando las distancias, y con lo grotesco de la comparación, es como llamar al médico y que no esté. Ahí entra el concepto de la integralidad (frente a los clientes). Tenés que estar.

Como profesionales y como ciudadanos, desde ese doble lugar, ¿qué sienten al tener que asesorar sobre los mismos problemas a lo largo del tiempo mientras se profundiza el deterioro?

S: La frustración de un país que va para atrás es muy grande, la misma que siente todo el mundo. Cuando nuestros hijos nos expresan esa misma preocupación, les digo -no como hecho de resignación, sino para mantener la cabeza fría- que las que nos tocó vivir a nosotros fueron iguales o peores que estas. Por ejemplo, en 1975 (NdR: el Rodrigazo). Pero hay una frustración, por supuesto. Equivocadamente se cree que el economista profesional lucra con la inestabilidad. Todo lo contrario. Nuestros mejores momentos fueron los de progreso económico. Hay otro momento de angustia, que es cuando vemos que a los clientes les empieza a ir mal por la crisis. Acertar el diagnóstico pero ver que al cliente le va mal es un momento espantoso.

M: La respuesta es muy amplia. En lo personal, en 30 años fui la cara visible, pero siempre digo que para donde arranqué en algún momento tuve la anuencia de dos personas: una era mi mujer y la otra, Rodolfo. Los dos siempre acompañaron, o más que acompañaron en el caso de Rodolfo. Lo de la frustración que decís viene de la mano de nuestra vocación de hacer un aporte para el país. Vivimos acá, somos de acá y vamos a seguir estando acá. Y tenemos la vocación de hacer el aporte. Algún día se da, otro día no. Las balas siempre han pasado cerca. Pero nuestra preocupación por el destino de Argentina viene desde ahí.

A mí me tocó más embarrarme en la política. Pero en algo coincidimos los dos: el economista profesional tiene que convencer a la política de que la decisión, el mando, es de la política, pero la macro, la estabilidad, la moneda, juegan también un rol. Habremos fracasado si no podemos permeabilizar eso a la política. No es querer mandar, sacarle los votos ni la voluntad popular a la política, no. El economista de laboratorio, el marciano, no puede trabajar con la política. Pero el economista no puede tampoco "prostituirse", entre comillas, en el sentido de que todas las decisiones sean solo políticas. Uno más uno es dos, no es 48, 24 o lo que necesite la política, más allá de que el economista trabaje de cerca con el líder que lo convocó y comparta la agenda.

Nos preguntás por los 30 años y qué pensamos. Podríamos haber arrancado por decir que no tenemos moneda, que el modelo soviético o prehistórico atrasa, que la emisión genera inflación. Hay que saber que un modelo consistente, moderno y progresista tenés que tener.

Ida y vuelta

La pregunta de qué ocurrió con la sociedad cuando Melconian se sumó al gobierno de Cambiemos (fue presidente del Banco Nación) durante la gestión de Macri estaba en la lista. El economista va más allá, con un balance general. "Cuando estás de este lado del umbral, el del sector privado, ganás plata y sos exitoso; pasaste del otro lado (por la política) y pasás a ser un hdp el primer minuto. De este lado, el equipo va para el mismo lado, todos juntos, y está claro lo que hay que hacer. En el mundo de la política no es así. En otros países, Estados Unidos por ejemplo, los tipos que del sector privado pasan al sector público y luego retornan a su actividad vuelven con más prestigio todavía. Acá, cuando estás por aceptar un cargo, primero tenés que hablar con tu mujer y tu socio porque te cambia la vida, los ingresos, todo. Y te vas a comer denuncias penales de cualquier inescrupuloso. Vas a ver al juez y te dicen ‘no, esto es para que no moleste, no va a pasar nada... Pero lo van a tener con esa carpeta cuatro años'. Ese es el escenario en el que se toman decisiones. Hay que blanquearlo. El 80 por ciento de las cosas que pasan en la política son estas".

M&S cambió su nombre a Macroview cuando Melconian asumió la presidencia del Nación a fines de diciembre de 2015, y Santángelo quedó como titular del estudio. Dicen que levantaron una "muralla china" durante el año en que el economista estuvo en la función pública, para que no exista ningún problema formal. Al día siguiente (le pidieron la renuncia en enero de 2017), retornó a la torre Chacofi de 25 de mayo al 500, donde funciona la consultora. "En el desembarco que teníamos en mente, veníamos todos. Yo soy la cara visible nada más. Tengo de socio al mejor economista del país y un equipo detrás. Fue un año maravilloso el Nación. Pero no daba para desarmar todo el estudio", admite Melconian. La aspiración era otra, está claro.

Frente a frente. Foto: Pato Pérez.

Al igual que otros economistas, tuvieron a lo largo de estos años muchas reuniones privadas con ministros y hasta presidentes que quieren conocer su visión. ¿Cómo son esas reuniones?

S: Desde Cavallo en 1991, con casi todos los ministros y presidentes del Banco Central nos reunimos. Siempre bajo la misma idea: franqueza en el lenguaje, ir a escuchar y a opinar.

M: Nunca trasciende lo que uno habla. Es una tarea que los ministros tienen que hacer. Mano a mano tuvimos un montón. Con los presidentes me reuní con todos, salvo con Cristina Kirchner.

¿Y escuchan del otro lado?

S: Algunos escuchan, otros oyen. Hay que distinguir las cuestiones formales, que son importantes. Nosotros también vamos a aprender, a tantear. Sacando los casos en que hubo mala fe cuando nos llevaron a la justicia (N. de R.: las causas que inició el kirchnerismo en 2013 contra las consultoras que medían la inflación, en los años de intervención del Indec) y nos costaron juicios administrativos y penales.

M: Hay que distinguir las reuniones con los ministros y con un presidente. Lo que para un economista es 24x7, cuando tenés un presidente enfrente y te escucha, deben ser cinco minutos de su mes. No sé si estamos frente a un problema, dado que tenemos una enfermedad económica. Lo que más aprendí de mis reuniones con los presidentes es que están en otro mundo. Entra y sale gente... Son personalidades que toman decisiones en su mundo y no sabés si te escucharon o no.

Para cerrar, ¿sigue berretalandia y la crisis en cámara lenta, para usar conceptos de ustedes? ¿Qué hay que esperar?

S: Hay que distinguir los momentos de emergencia sanitaria, como en marzo de 2020, cuando la prioridad es cuidar la salud. Pero hay que prepararse en materia económica para cuando pase la emergencia sanitaria y no repetir el error del año pasado, cuando se creyó que a la salida de la cuarentena y con la renegociación de la deuda las cosas se arreglaban solas. Nosotros decíamos que no, que las cosas van a empeorar. Llegó la santa soja. Hoy estamos de nuevo en lo mismo. No volvamos a cometer el mismo error creyendo que con vacunas y pateando la deuda con el Fondo lo arreglamos.

M: Berretalandia es un estado de situación general aunque no haya una crisis financiera. Crisis es la corrida bancaria, la híper. Berretalandia está por arriba de eso.

Pasó más de una hora y se terminó el segundo café. Antes de irse cada uno a su casa, el comentario final se convierte en definición: "Extrañamos mucho el contacto en la oficina todo el día con el equipo. El zoom es un sustituto muy imperfecto. Desde 1991 hasta el 19 de marzo de 2020 estuvimos más tiempo juntos que con la familia". 

La versión original de esta nota se publicó en el número 330 de revista Apertura.

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