El ex ministro de Producción Matías Kulfas analizó los contrastes de la actividad, la inversión, las fallas del RIGI. Hoy participa en el Congreso de Misión Productiva en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA que busca debatir la política industrial. El ex funcionario abordó con El Cronista cómo está el armado de la oposición.
¿Cómo está la actividad y esta idea de las “dos Argentinas”?
Cuestiono mucho la idea de esta economía de dos velocidades. Hay un sector de la economía que está funcionando bien, que está creciendo, que tiene que ver fundamentalmente con agro, energía y la promesa de la inversión minera, más las finanzas. Ese núcleo está teniendo un crecimiento alto, mientras que el resto de la economía, más que ir a otra velocidad, está estancado o en declive, sobre todo en algunas ramas manufactureras.
Esto más que dos velocidades es una Argentina pujante y otra que está estancada. El crecimiento de empleo que tiene la Argentina pujante es muy lento y no compensa la caída de empleo que se ve en el núcleo urbano donde vive la mayor cantidad de argentinos, que tiene que ver con la construcción, la industria y el comercio.
Si bien la industria y la construcción están mejor que en 2024, cuando la comparación se hace con 2022 o 2023 vemos una industria que está 10% abajo y una construcción que está más o menos 15% abajo. Esto no muestra muchas señales de recuperación. Más bien lo que se ve es que el sector se estabilizó en un nivel de actividad más bajo con mucho menos empleo.
¿Qué está pasando con las importaciones y el consumo?
Hay dos elementos. Una parte de las importaciones está cayendo porque son las que tienen que ver con insumos y bienes de capital asociados a los sistemas productivos industriales. Hay mucha industria argentina que se abastece con insumos importados y también compra maquinaria importada. La caída del sector industrial implica menor demanda. Lo que vemos es más demanda de bienes finales de importación y menos demanda de bienes intermedios y bienes de capital.

En cuanto al consumo, hay un efecto contrapuesto. Por un lado, una baja de la inflación podría implicar mejoras del salario real en la medida que entren las paritarias. Pero en paralelo se van generando nuevos incrementos de costos de los hogares: servicios públicos, electricidad, gas, medicina prepaga. El efecto final termina siendo neutro para muchos hogares de ingresos medios o medio-bajos. Los sectores de recursos más limitados siguen muy afectados porque hay un piso de inflación en su propia canasta de consumo que no se logra perforar.
¿Qué falta para una recuperación?
Creo que hay un problema en la manera en que está estructurado el programa económico. Se volvió a repetir la misma receta de dólar barato que se implementó en muchas ocasiones, sólo que esta vez se lo hizo en un contexto internacional realmente muy adverso por el factor China.
Hoy Argentina es cara en casi todo. Es caro construir, es caro invertir. Y creo que hay pocas variables donde hay tanta brecha entre el discurso oficial y la realidad que la dinámica de la inversión. El Gobierno hace mucho hincapié en los anuncios, pero el dato de inversión está cayendo hace más de un año.
La inversión hoy está por debajo del año 2022. La construcción está 20% abajo respecto de 2022-2023. Además hay una distancia enorme entre los anuncios del RIGI y la realidad del RIGI. Tiene menos de mil millones de dólares efectivamente invertidos.
¿La apertura puede ayudar a los sectores industriales?
Me parece muy difícil que eso ocurra con este dólar tan barato que aparte el Gobierno no tiene ninguna intención en modificar. Y también por la ausencia de política industrial. El Gobierno tiene una fantasía de que con rebajas de impuestos como el RIGI o el súper RIGI va a traer inversiones. El problema principal es que tiene un sesgo ideológico. En lugar de estudiar la realidad o los casos exitosos de otros países dice que hay que desregular todo lo posible y liberar el mercado todo lo posible, en un mundo que va para otro lado.
El desempleo aumentó un poco, ¿qué puede pasar si no hay recuperación general?
El año pasado fue el primer año desde que hay estadística en Argentina en que creció el PBI y aumentó el desempleo. Esto nunca había pasado en la historia.
Incluso sectores como energía y minería, que son los grandes ganadores, también destruyeron empleo. Yo creo que energía y minería van a crear empleo en lo sucesivo porque efectivamente Vaca Muerta sigue creciendo y se viene una ola de inversiones importante en minería metalífera. Ahora, el impacto va a ser muy fuerte en Neuquén, San Juan, Catamarca, Salta y Jujuy, pero difícilmente sea importante en los centros urbanos donde vive la mayor cantidad de gente.
Ahí hay otro problema de diseño del RIGI. Estuvo muy bien darle a los inversores seguridad jurídica y acceso a divisas. Donde no estoy de acuerdo es en no haber exigido el desarrollo de la cadena de proveedores nacionales. El que importa insumos o bienes de capital a través del RIGI tiene 0% de arancel de importación. Y si una pyme industrial quiere importar un insumo para proveerle a Vaca Muerta o a una empresa de litio, tiene que pagar aranceles. No sólo no beneficiás a la industria nacional sino que le estás generando una desventaja competitiva.
¿Hay oportunidades en la negociación comercial con Estados Unidos?
Yo veo oportunidades, pero me parece que ahí también la ceguera ideológica del Gobierno impide aprovecharlas. Cuando veo al Gobierno anunciando un alineamiento con Estados Unidos y un acuerdo de comercio e inversiones, digo que ahí habría una oportunidad para Argentina.
Estados Unidos está obsesionado con tener cadenas de producción que puedan sustituir la producción china. Eso sería una oportunidad para un plan de desarrollo industrial que vincule la industria argentina de medicamentos, autopartes, maquinaria agrícola y otros sectores con las cadenas que ya existen en América del Norte. Pero no hay nada de esto en el acuerdo que firmó el Gobierno argentino.
¿Cómo estamos hoy frente a Brasil y China?
Estamos mal. En el caso de China porque este Gobierno les ha abierto el mercado de una manera abrupta. China es el gran ganador de la política de Milei. El país que más aumentó sus exportaciones hacia Argentina no ha sido Estados Unidos, ha sido China. Es el que más se está beneficiando a cambio de nada, porque no es que este Gobierno se sentó y dijo: “Ustedes van a tener más mercado para sus exportaciones industriales pero queremos inversiones”, como sí hizo Lula.
Con Brasil pasa algo parecido. Las inversiones van a Brasil. En el caso del acuerdo automotriz, en 2029 iríamos al libre comercio. Por este camino creo que muchas plantas industriales van a cerrar porque no tiene sentido fabricar acá y se van a abastecer desde Brasil. Vamos a perder capacidades manufactureras y empleos.
¿Cómo ves la relación del Gobierno con los industriales?
Nunca hubo tan poco diálogo y tan poca construcción entre Gobierno e industria. El gobierno de Macri tuvo una política de apertura pero buscó tender puentes y una reconversión. Lo de Milei es una visión ideológica muy negativa hacia la industria. La ve como empresarios prebendarios, “empresaurios”, como él les decía, y no ve la riqueza y diversidad que hay en el sector industrial.

Pensar que Argentina puede ser un país sin industria me parece una total utopía. Es inviable una Argentina sin industria. El principal problema es que el Gobierno no ve un problema con el achicamiento de la industria. Cierra una fábrica y festeja. Cerraron 2.500 fábricas desde que está Milei, según los datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. Se perdieron 80.000 puestos de trabajo y la tendencia continúa.
¿Qué debería hacer la Argentina para fortalecer su industria?
Hay que trabajar todo lo nuevo que se viene. Yo quiero una industria de maquinaria y equipos que se fortalezca y que pueda apalancarse en el desarrollo energético, minero y agroindustrial para ser un proveedor global. Eso implica inversión en ciencia y tecnología, financiamiento blando, financiamiento de exportación y reintegros a la exportación que se paguen en tiempo y forma. Algo parecido con la electromovilidad que impulsamos en su momento pero que el Congreso no aprobó.
¿Cómo ves a la oposición en este contexto?
Creo que se está rearmando, probablemente no a la velocidad que me gustaría o que fuera necesaria. Pero yo creo que la sociedad argentina le va a pedir a gritos a la oposición que arme una alternativa creíble, que genere confianza y que refuerce el camino de una estabilización macroeconómica, que siga bajando la inflación. Necesitamos una inflación por debajo del 10% anual. Hubo avances, pero todavía falta mucho y la oposición tiene que dar garantías de que va a avanzar en ese camino, de que se va a ir a un escenario macroeconómico razonable donde, si no hay financiamiento, no puede haber déficit fiscal.
Pero sobre todas las cosas me parece que la sociedad va a pedir, además de estabilidad macro, un gobierno que conecte con esta realidad de la gente a la que no le alcanza la plata, que ve caer el empleo y no encuentra ninguna reacción. Creo que la oposición podría plantear esas alternativas superadoras.

