María Eugenia Vidal fue gobernadora bonaerense, vicejefa de Gobierno porteña y diputada nacional, pero desde hace un año se define como una mujer emprendedora, aunque eso no le impide seguir haciendo política desde las filas del PRO, el partido que la vio crecer y que, según afirma, espera que presente candidatos en 2027.
Nacida a la política de la mano de Mauricio Macri, rescata la estabilización conseguida por Javier Milei, pero sostiene que el partido amarillo tiene las herramientas para pensar “el futuro”.
Vidal visitó las oficinas de El Cronista y reflexionó sobre el pasado reciente y el futuro político argentino: las cuentas pendientes, el rol del Estado y los desafíos que vienen.
—Usted sostiene que el PRO tiene que presentar sus propios candidatos para 2027. Pero durante estos años, legislativamente hablando, es muy complejo diferenciar a esas fuerzas. ¿Cómo se presenta a la sociedad una oferta que se entienda como algo distinto?
—El Gobierno primero tenía una fuerza parlamentaria muy chica y lo que estaba en discusión no solamente era el éxito del programa económico, sino también su gobernabilidad, este fantasma que siempre acecha a los gobiernos no peronistas: el helicóptero, la idea de que no van a terminar, sobre todo en un proceso de ajuste muy doloroso para la sociedad. Yo creo que el PRO fue garante de la gobernabilidad y no tengo dudas de que, sin el PRO, el Gobierno no hubiera logrado llevar adelante con éxito el programa económico. De hecho, la mayor parte del gabinete actual de Javier Milei viene del PRO. Pero ahora siento que empieza una nueva etapa, ¿no? Una etapa igual de desafiante que la anterior. Si antes el desafío era eliminar el déficit fiscal, bajar la inflación y desregular, creo que hoy el desafío es lograr inversión, lograr que el mundo confíe en la Argentina y genere trabajo para que la gente pueda llegar a fin de mes, para que la deuda con la tarjeta no sea enorme y para que el supermercado no sea una aventura.
—Se destacan las cosas hechas, pero el PRO puede hacer lo que viene. ¿Ese es el mensaje?
—Para pensar más allá de Milei, que vino a hacer la tarea pendiente de la Argentina durante años, creo que el PRO es el espacio político que hoy tiene que trabajar sobre el futuro. Las discusiones que hoy no se están dando son: ¿cuál es la infraestructura que Argentina necesita para conseguir inversión? Este va a ser el tercer año sin obra pública. Esa infraestructura no siempre tiene que generarse desde el Estado; también puede impulsarse desde el sector privado.
Nadie está discutiendo el día después de la estabilidad. Y yo creo que el PRO es el partido que puede hacerlo.
—¿Pero también desde el Estado?
—Yo creo que en muchos casos también desde el Estado. Hay cosas que el privado no va a hacer. ¿Cómo seguimos mejorando el gasto público para generar espacios de inversión en obra pública que después se traduzcan en inversión y en una mejor calidad de vida? La segunda cuestión es la intolerancia. Nosotros somos un partido de convivencia democrática, un partido que ha sido muy cuidadoso en respetar al que piensa distinto. El otro día se sorprendían de que Mauricio Macri hubiera saludado a Axel Kicillof. Está muy bien, es lo que corresponde. Es una cuestión de educación, de buenos modales. La forma no es una cosa menor. La forma también es el fondo. Tenemos diferencias sobre el rol de la SIDE, los fondos que recibe, cuán transparentes tienen que ser y cómo deben debatirse en el Congreso, y no mediante un DNU. También sobre el acceso a la información pública y que no sea restringido. El valor y la necesidad de una revolución educativa todavía están pendientes. En la Argentina, la mitad de los chicos no entiende lo que lee y ocho de cada diez no pueden hacer un cálculo matemático básico. Y eso no lo va a resolver el dilema público-privado.
—¿Qué lo resolvería?
—Lo va a resolver que tengamos inversión en tecnología, mejora en la capacitación docente y que invirtamos mucho más en la escuela primaria y en el jardín de infantes para garantizar calidad y aprendizaje. América Latina está envejeciendo aceleradamente, más rápido que Europa. Nadie está dando ese debate. Vamos a vivir hasta los 100 años. Nuestros hijos probablemente también. ¿Cómo están preparados el sector privado y el Estado para eso? Nadie está discutiendo el día después de la estabilidad. Y yo creo que el PRO es el partido que puede hacerlo.
—Usted hablaba de cómo el PRO sostuvo a un gobierno que en sus primeros años estaba en minoría. Milei afirma que la oposición quiso tumbarlo antes de las elecciones. ¿Cree que eso también lo impidió el PRO?
—Yo no tengo ningún elemento para decir que hubo un intento de golpe de Estado o desestabilización. El cuidado de las palabras en la Argentina es fundamental. Una acusación así es muy grave y, si alguien cree que ocurrió, debe denunciarlo judicialmente. Creo que este era un gobierno débil en sus primeros años: había ganado la elección con una estructura legislativa muy pequeña, sin experiencia de gestión y con una tarea durísima por delante, en un contexto de crisis económica. El PRO decidió hacer lo correcto antes que lo conveniente. No especulamos con cuántos votos podíamos perder. Tampoco especulo hoy cuando digo que el PRO tiene que tener un candidato propio, porque creo que es lo mejor para el país. Cuando quienes tienen que invertir vean que primero o segundo puede ser Milei o el PRO, van a decir: “Esta es una Argentina en la que se puede confiar.”
—Desde ese lugar de hacer lo correcto, ahora hay un debate sobre la no aplicación de la Ley de Emergencia de Financiamiento Universitario. ¿Cree que eso está bien?
—Es una cuestión legal. Cumplir la ley no es un debate moral ni una opción: hay que cumplirla. Yo no estoy de acuerdo con esa ley, pero me ha tocado como gobernadora cumplir leyes con las que no estaba de acuerdo. Yo no estoy de acuerdo con el aborto, por ejemplo. Soy celeste. Pero si el Congreso vota una ley, tengo que aceptarla. Porque si no hay división de poderes. Si no aceptás las normas del sistema, entonces no sos democrático.
—En pocos días se reúne el PRO en un encuentro de carácter federal. ¿Qué se puede esperar?
—Me parece muy importante que el PRO de todo el país se reúna. El PRO es un partido federal y además está formando jóvenes menores de 40 años, muchos universitarios, para ocupar cargos públicos. No queremos improvisación en el poder; queremos políticos sólidos. Muchos vienen del sector privado. Creo que en la convención vamos a ver muchas caras nuevas que formarán parte de una cultura propia del PRO: la cultura del equipo. Mauricio, desde el primer día, formó gente, le dio visibilidad y permitió ocupar espacios. No era el partido de una sola persona: había muchísima gente —yo entre ellas— que creció formándose y asumiendo responsabilidades desde muy joven.



