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Manual de supervivencia de un ministro de Economía

La conferencia que dio el ministro de Economía, Martín Guzmán, el jueves pasado en la Universidad Nacional de San Juan podría ser una síntesis de cómo un funcionario viene dejando la piel para sobrevivir en un gobierno tras quedar en la cuerda floja por cosas de la vida y la política que revelaron que manejaba menos botonera de la que creía controlar.

¿Estrategia límite para resistir en el Frente de Todos luego de intentar sin éxito hace tres meses cargarse a Federico Basualdo, el subsecretario de Energía Eléctrica, que reportaba a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner? ¿O plan maestro para aguantar, camuflarse y luego ver si puede imponerse en modo never surrender? ¿O será en el fondo el ego de un joven economista que tiene toda libido puesta en el cargo y hasta se anima a patear el Conurbano y comer guiso en barrios populares mientras la carne se dispara, a pura aspiración política?

La jugada es delicada. Con la inflación en 50% anual, se festejan desaceleraciones de cero coma mientras los movimientos sociales advierten el riesgo de que más gente coma cero. Hay alivio cuando el dólar paralelo frena en $180 y la brecha con los oficiales estaciona en el 75 u 80%, aunque sea una de las principales trabas para que la reactivación se transforme en crecimiento posta.

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Y en ese contexto, Guzmán no sólo está viendo si puede "tranquilizar la economía", como repite en todos lados, sino que mientras lo intenta, está escribiendo algo así como el manual de supervivencia en una fuerza política que lo mira de reojo, o lo considera muy heterodoxo para la política estadounidense pero demasiado ortodoxo para la Argentina y encima lo acusa de haber querido cortarse solo y echar funcionarios militantes por los medios.

Algunas ideas que se pueden percibir en esta especie de guía al límite para sostenerse en el cargo y recuperar el apoyo de los propios en el intento de mantener un rumbo económico que aún tiene más debates que certezas:

  • Reinterpretarse a sí mismo y sumar palabras de otros integrantes de la coalición. Un caso testigo quedó en evidencia cuando el ministro se refirió al aumento de los precios. Si en marzo había dicho en C5N aquello de que "la inflación se trata de un problema principalmente macroeconómico", ahora amplió la mirada. Se refirió a que una parte de "la comunicación" había hecho llegar "un mensaje de que es un problema de políticas económicas de un gobierno cuando es una responsabilidad colectiva".

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Le metió garra a su nueva explicación al punto que hasta hizo un ejercicio con los presentes jugando a que todos producían bienes que se vendían unos a otros y les preguntó, en pocas palabras: si creemos que la inflación va a ser 10%, ¿cuánto vamos a remarcar? Pero si creemos que va a ser 20%, ¿cuánto vamos a aumentar los precios? ¿Y si pensamos que va a ser 10, pero aumentamos un 20% para cubrirnos? En ese punto sumó una palabra poco habitual en él, casi pidiendo permiso: "Nosotros los economistas hablamos de equilibrios múltiples o también se puede hablar de especulación, son dos caras de la misma moneda". Ahí, apuntó también a los empresarios al decir que los trabajadores habían alineado bien sus expectativas en paritarias, mientras que "del otro lado había faltado coordinación". Responsabilidad colectiva, medios y especulación como foco del tema precios. The new Guzmán en la pelea.

  • Esquivar los quilombos al hablar de los números fiscales. En la disertación, el ministro hizo hincapié en que haber reducido fuerte las partidas que se destinan a intereses de la deuda, le permite al Estado gastar más en educación, salud y obra pública en proporción al Producto Bruto Interno, mientras al mismo tiempo se procura reducir el déficit fiscal. Por ahora no hay mensajes del tipo "la sostenibilidad fiscal no es de derecha" como la había militado tiempo atrás. No aparecía en el gráfico que mostraba en pantalla la cuenta de subsidios a la energía que lo obsesionaba hasta hace poco y que marcaba que había que reducir para destinar esos fondos a hacer viviendas porque tiene más impacto en la actividad económica que regalar gas para climatizar piletas. Según el propio Ministerio, los subsidios a la energía están creciendo al 100% respecto de un año atrás.

Un consultor habituado a leer comunicados sobre resultados de las cuentas públicas marcó una particularidad en los que llegan cada mes desde el Palacio de Hacienda. Se titula con el nivel de déficit primario, en el segundo párrafo se apunta que si se sumase el ingreso por el aporte solidario de las grandes fortunas habría superávit, y en el tercero se detallan las partidas de gasto que más crecieron y que explican aquél déficit. "No vaya a ser cosa que en plena salida de la pandemia se vea que la Argentina es de los pocos países que recaudan más de lo que vuelcan a la calle", dice, suspicaz.

* Nombrar a todes. Ya es un clásico que Guzmán resalte en las exposiciones la "sinergia" con la que trabajan "el Poder Ejecutivo y el Congreso". Se trata de la formulación con la que se intenta mostrar coordinación ahí donde muchas veces han aparecido proyectos de ley que parecen poner en cuestión su liderazgo, desde la contribución de los ricos en la pandemia, el alivio en el Impuesto a las Ganancias para los asalariados o la reciente ampliación de los beneficios a los consumidores de gas de zonas de temperaturas frías.

El hit en este punto es la enumeración que empezó a hacer en los últimos tiempos de los padres y madres del oficialismo como responsables últimos de la política económica, que los exceden a él. Los cita siempre en el mismo orden y con prolijidad: "El presidente Alberto Fernández, la vicepresidenta Cristina Kirchner, el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa y el titular del bloque de diputados oficialista, Máximo Kirchner".

El susto, de aliado

Esté buscando hacer pie después de la tormenta, esté aguantando para recuperar poder en cuanto cierre un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional ahora que el Gobierno se acerca a los Estados Unidos y la líder del espacio da el OK para repagar vencimientos con la plata extra que mande el organismo por la pandemia, la experiencia muestra que el ministro apuesta también a un aliado silencioso: el susto que tiene lo más alto de la dirigencia política propia y ajena cada vez que se sacude el dólar o se dispara la brecha. Una especie de recordatorio de "no se puede boludear tanto" que el ministro sueña siempre capitalizar como un "vengan al pie, entonces".

Es una batalla aún con final abierto y donde Guzmán tiene otros desafíos en agenda más allá de dar la pelea interna. Por un lado, ya dijo que quiere bajar en coordinación con el Banco Central la "la bola de Leliqs", una deuda que crece y deteriora el balance del ente monetario. Por otro, apuesta a conseguir mejores refinanciaciones de los bonos que vencen en pesos para no tener que volcar plata a la calle que pueda terminar en el dólar, una tarea en la que cree que podrá mejorar las últimas flojas performances el responsable a cargo, Ramiro Tosi. Le tienen tanta fe que en su entorno le pusieron "The Master of Pesos".

"No está sólo sobreviviendo, no es Víctor Heredia", bromea un hombre que lo conoce de años. Cerca del ministro piden prestar atención a la cita del final de su exposición en San Juan, que colgó en su Instagram como todas sus apariciones y dura unos 85 minutos. Fue cuando recordó a un profesor suyo que le decía el refrán de que "lo cortés no quita lo valiente", frase que dijo que lo marcó de por vida. "Es muy importante poder comunicarnos sin tener miedo, sin tener temores y poder disipar las diferencias de una forma constructiva". De cómo le vaya en esa lo menos importante es si resistirá en el cargo. Lo relevante será si, con el ministro que sea, funcionará alguna idea como para conseguir crecer con estabilidad un tiempo largo y así cambiar de problemas.

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