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Las vacunas llegan a Ezeiza y las dudas, a Escobar y Bahía Blanca

En paralelo a la llegada masiva de vacunas, se está disparando el arribo de barcos de gas importado durante el último mes y medio. Subsidios y tarifas, el debate de fondo.

Por suerte, cada vez aterrizan más seguido en Ezeiza aviones con vacunas que llenan de esperanza a la población que está harta de la pandemia y sueña con volver a tener algo así como una vida normal y dejar atrás el miedo.

Pero atención: no son los únicos envíos que están llegando sin cesar a la Argentina en estas horas. De manera silenciosa pero sostenida, se está disparando el arribo de barcos de gas importado durante el último mes y medio. Así, se le llenan los esfínteres de preguntas a los que imaginaban una versión del kirchnerismo que había generado, por decirlo en la jerga actual, los anticuerpos para no repetir los pifies de la política energética de 2003 a 2015.

Las escenas se repiten a unos 80 kilómetros del aeropuerto, en la terminal de Escobar. Allí atracan cada vez más cargamentos de combustibles de las empresas British Petroleum, Gunvor o Trafigura. El 21 de abril llegó el primer embarque en el buque British Listener, desde Estados Unidos. No hubo relatos épicos. El 3 de mayo ingresó el British Sapphire. El 11 de mayo llegó el Flex Volunteer. Nadie transmitió en vivo. 

El 16 de mayo fue el turno del Gaslog Shanghai, desde Qatar, desde donde también había partido el Exemplar que atracó el 21 de mayo. El 24, hizo lo propio el Arctic Lady. Nadie en Twitter festejó con la acidez propia de las redes sociales. 

Dos días después descargó el BW Pavilion Aranthera, otro salido de la terminal Ras Laffan de ese país. No hubo fotos de nadie recibiéndolo con los dedos en "v". El último envío de mayo llegó el 29 en el Methane Heatheer Sally, mientras que ya el 1 de junio entró el Methane Lydon Volney. Hay previstos al menos otros diez arribos para el resto del mes.

Sin que Víctor Hugo Morales lo cuente emocionado, la misma situación se va sucediendo a unos 600 kilómetros del lugar donde vemos bajar los vuelos que vienen de Moscú o México con las dosis de la Sputnik V o la AstraZeneca, en este caso en la terminal de Bahía Blanca. El buque Palu inauguró la temporada de arribos el 29 de mayo, procedente de Estados Unidos. Se esperan como mínimo otros 5 embarques a lo largo del mes, aunque los pronósticos en el mercado hablan de cerca 12 para las próximas semanas.

En total, ya han comprado un 50% más de barcos con gas que el año pasado, en una dinámica que si bien tiene matices porque compara contra un año de pandemia y además coincide con una sequía fuerte que afecta la generación hidroeléctrica, empieza a completar un panorama conocido: aumentos de tarifas nulos o muy por debajo de la inflación; ricos que despilfarran un recurso que les llega regalado a fuerza de subsidios; cortes de gas a industrias que tienen contratos interrumpibles y eso que no empezó el frío fuerte; dólares que fluyen para pagar las compras al exterior y empiezan a pesar en la balanza comercial.

Las razones de este eterno resplandor de una mente sin recuerdos pueden ser múltiples. ¿Prima una mirada ideológica sobre que tiene que haber energía barata como "vector de competitividad"? ¿Es necesario anclar con el precio de los servicios públicos el costo de vida este año para tratar de ganar las elecciones? 

¿Influirá el hecho de que la mayoría de los técnicos que trabajaron con Axel Kicillof cuando era ministro de Economía y quería recortar los subsidios como ahora los plantea Martín Guzmán ni siquiera integran el Gobierno y por eso pusieron consultoras o se fueron a empresas privadas, como ocurre con Nicolás Arceo, Juan Donini o Paulo Farina, entre otros? ¿Las decisiones en la materia están en manos de gente que piensa más en una candidatura a gobernador de alguna provincia que en ver si la cosa funciona? ¿Tal vez todo junto?

CURARSE EN SALUD

Como sea, esta rueda del hámster de las decisiones excede a la energía. Se impone la sensación de estar ante los campeones mundiales de tropezar dos veces con la misma piedra del mal manejo de los precios regulados en una economía con alta inflación. Basta ver, nada más y nada menos, la carta que el miércoles pasado le presentaron clínicas, sanatorios y prepagas al Ministerio de Trabajo, donde piden derecho viejo la postergación de las paritarias de este año con el gremio de Sanidad.

El mensaje tiene el mismo eje: sin aumento en las prestaciones que pagan las obras sociales o en las cuotas de los usuarios de la medicina privada no tienen chance de incrementar los salarios de enfermeros, médicos y terapistas, los que están dejando la piel frente al Covid.

Es muy fuerte cómo explican entre otras cosas cómo les ha impactado el incremento de insumos en su estructura de costos a lo largo de la gestión de la emergencia sanitaria. Antes, escribieron, sus costos se repartían 74% en salarios y 26% en el componente no laboral. Ahora, esa situación se emparejó mucho más, tanto por la licuación de los sueldos como sobre todo por la disparada de los precios de las drogas críticas o el oxígeno por ejemplo. Hoy el 48% va a sueldos y el resto es no laboral.

Uno de los incrementos más sensibles es el de los medicamentos. Los fármacos para terapias intensivas saltaron hasta el 1300% el año pasado. Algunos, como el atracurio, el vecuronio y el midazolam los fabrica el laboratorio Richmond, que hará la Sputnik V en el país. 

También, entre los saltos de las drogas más tradicionales se destaca el 53% que aumentó en lo que va del año del hiperetensivo Aldactone, de Pfizer, que si bien aún no vendió vacunas al país, tiene vía libre para ajustar precios en el mercado interno.

Ya aparecen preguntas para la próxima convocatoria en el Parlamento.

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Comentarios

  • MG

    Mariano García

    Hace 5 días

    No era que el barco regasificador de Escobar estaba clausurado por un juez por inseguro? Desaparece Escobar si explota el barquito ese...

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