Las claves de la nueva fórmula de movilidad jubilatoria

La Cámara de Diputados tuvo ayer la última sesión del año y el centro del debate giró en torno a la nueva fórmula de movilidad jubilatoria. El cálculo que se utilizará a partir de 2021 es similar al empleado entre 2008 y 2017 y, la principal modificación respecto a la usado bajo la gestión de Cambiemos es que la fórmula del oficialismo no incluye a la tasa de inflación.

A las semanas de que asumió Alberto Fernández, el Congreso suspendió dicha fórmula y autorizó al Poder Ejecutivo a dar aumentos discrecionales hasta sancionar una nueva forma de cálculo. Los aumentos que ofreció el Gobierno implicaron un ajuste respecto a las condiciones de movilidad previa, principalmente en los haberes superiores a la mínima.

En promedio, el haber mínimo no mínimo se incrementó durante 2020 un 28%, un 6% por debajo de la inflación. "Haber reemplazado durante el 2020 los ajustes por movilidad por aumentos discrecionales, representó un ahorro fiscal de $ 137.000 millones, equivalente al 0,51% del PBI", explicaron desde la consultora LCG.

El ajuste de los haberes previsionales de cara a 2021 tendrá un doble componente: la mitad de la fórmula dependerá de la variación de los salarios de los trabajadores, que se medirá con el índice RIPTE y la variación de los salarios INDEC y, la otra mitad, de la recaudación tributaria total de la ANSES. 

La crítica más relevante según los especialistas consultados por El Cronista es que la fórmula es procíclica: "En los años malos vamos a tener ajustes y en los buenos desajustes, esta fórmula le da mucha más inestabilidad al sistema", resume Matias Surt, economista y docente de la UBA.

Los haberes previsionales tienen dos grandes conceptos para mantener el poder de compra:  tomar como referencia el índice de precios para que las jubilaciones en términos reales sean constantes, o tomar como referencia los salarios de trabajadores activos para que las jubilaciones mantengan la proporción en relación al salario real. Habitualmente los países combinan estos dos criterios, de modo que las jubilaciones no pierdan valor respecto de sí mismas, ni tampoco pierdan la relación que por el contrato previsional guardan con el salario del trabajador en actividad. 

Sin embargo, con esta nueva fórmula en los períodos en los que Argentina experimente crecimiento económico, con baja inflación y aumento del salario real, habrá un aumento de la recaudación y, por ende, generará un ajuste virtuoso del sistema previsional a favor de los jubilados. 

"Este aumento del gasto previsional, va a licuar la posibilidad de darle sustentabilidad al sistema previsional", explica Daniel Nieto, economista y magíster en Políticas Sociales de la London School of Economics. 

En contraposición, cuando la situación económica sea mala, con alta inflación, perderán de poder de compra y, bajará el gasto previsional real. 

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