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La patria es la culpa del otro

El clima en el Gobierno es de vestuario de equipo que perdió feo. Todos quieren ser plateistas en la derrota ajena. Peronismo en modo "90 minutos de fútbol". Faltan Ruggeri y el Pollo Vignolo. Un show del yo te avisé y vos no me escuchaste que se potencia por lo diverso de la coalición.

La mezcla, ese lujo de la gobernabilidad a lo Borgen, devino hasta ahora en trabas infinitas para la toma de decisiones y hoy es el escenario ideal para echarse la culpa.

Casi como una paradoja del destino, el Gobierno que se abrazó al lema papal del "nadie se salva solo" tiene a muchos de sus integrantes luchando por hacer exactamente eso: quedar más o menos a salvo de la debacle electoral que desnudó un modelo de gestión trunco y pone interrogantes sobre la segunda mitad del mandato.

Da la impresión de que ya no va más eso de ya la patria es el otro. Ahora la patria es la culpa del otro. ¿Cómo no vamos a perder con esos ministros? Hay que rajarlos ya, te lo vengo diciendo, son unos pecho frío. Pero ¿ustedes me quieren intervenir el Gobierno? Si perdieron hasta en Santa Cruz.

Te dije que esa candidata no iba para la provincia. Andá, si la gente no nos votó, también fue porque allá hicieron bandera con el cierre de las escuelas. Todavía ni repusieron la presencialidad plena. Dejate hinchar.

¿Y adónde nos llevó tu diálogo? Basta de esos blandengues con los formadores de precios. Ah bueno, hablan los que se las sabían todas pero perdieron en Quilmes con un cocinero del Pro.

Pero ¿cómo querés que ganemos en el Conurbano si te pusiste a ajustar el gasto social con la pobreza arriba del 40%? ¿Hasta cuándo vas a insistir con ese ministro de Economía sin calle? Ah, ¿la culpa es de Martín Guzmán? Si cuando quiso aplicar su plan se lo trabaron por todos lados, no pudo ni echar un subsecretario.

¿Los genios que subsidiaron el gas por red en Pergamino pensando que por eso te iban a votar ahora quieren relanzar la gestión? Haceme reír. No te rías, que nos terminaste de hundir con tus festejos en plena cuarentena. Por favor.

INTÉRPRETES DE URNAS

Son los diálogos de los días que le siguen a la peor performance del peronismo unido en una elección. Se dan mientras el Frente de Todos trata de ponerse de acuerdo en lo básico: ¿cuál fue el mensaje de las urnas que dice haber escuchado el Presidente?

¿Pidieron una mejor situación económica luego de que la pandemia bajó otro escalón la crisis que ya traíamos? ¿Reclaman entonces más audacia, más gasto público, más intervención del Estado para ir más rápido a "la vida que queremos"?

Hay un grupo de convencidos en el Instituto Patria que creen que sí, que es obvio, y por ende tienen claro qué hacer y hacia dónde ir. Helicóptero con guita y chau.

Aumentos de salarios por decreto, nuevas versiones del IFE, bonos para jubilados. Más cantado que un pifie periodístico anticipando un triunfo histórico del oficialismo sin que hubiera un dato seguro.

Pero también es cierto que ese diagnóstico es el más autoindulgente con el funcionamiento de la administración. ¿Qué pasa si el cachetazo fue por cómo le cascotean el rancho todo el tiempo al presidente Alberto Fernández, incluso en público?

¿Y si fue por que alguien advirtió que de golpe pasó de tender puentes con otres en la pandemia a pudrirla como si se lo hubieran impuesto? ¿Y si lo que le facturaron fueron las vacunas de privilegio o la joda en Olivos o la liviandad para cortar las clases?

En el fondo sería un voto contra la falta de liderazgo o de rumbo claro. Ese gris donde te pegan los propios por tibio-ortodoxo-ajustador y los ajenos por radicalizado-populista-venezolano.

Ese diagnóstico te lo regalo. Paraliza. ¿Cómo lo resolvés? Demasiado cualitativo, che consultor. ¿Cómo lo doy vuelta en dos meses?

NO HAY MAGIA

Tengas el panorama que tengas, si quisieras hacer un shock de ingresos fuerte en estos 60 días, ¿te da la economía para hacerlo? Ahí radica el debate de fondo que ya tiene un año entre la mirada de Guzmán y el pensamiento del hoy gobernador Axel Kicillof, el otro polo de influencia en la gestión nacional.

Para el primero, volcar pesos a la calle es pan para hoy y hambre para mañana. Jugar con fuego. A la larga, más aumento de los dólares paralelos, más impacto en los precios, cosquillas en los testículos del león de la inestabilidad.

"Entonces no hagamos política económica", le han rezongado desde La Plata. "Controlá el mercado de cambios, lo mueven los mismos de siempre", desafían.

Pero si se moviera más el consumo, ¿habría dólares para comprar las importaciones atadas a la demanda popular? Spoiler: no.

De hecho desde el viernes se cerraron más los pagos al exterior para pasar la tormenta. Hasta le piden a las automotrices que levanten su propia fábrica de pinturas acá porque se va a cortar eso de traer los colores desde Brasil.

Lo loco es que antes Axalta y Basf tenían sus plantas acá pero las cerraron en 2020. Todo es una "mamuschka de crisis", como escribió en el último informe de Consultatio el estratega José Echagüe, a propósito de cómo cada problema de la economía se conecta con otro anterior.

La mesa es grande, con un mantel cada vez más corto. La novedad de esta larga crisis que arrancó en 2018 es que parece que ya no hay botones mágicos que hagan arrancar la actividad productiva ni tampoco el consumo.

No hay lluvia de inversiones ni abren Apple Stores porque llegue uno de ojos claros. No fluye el asado con solo poner la marcha peronista.

Con los salarios en dólares en la mitad de lo que eran hace tres años, todo parece caro. Una heladera, el bife que va adentro. Hasta los bancos la piensan dos veces antes de habilitarte más cupo para el Ahora 12. Así de triste.

El sueño de crecer a tasas chinas a lo Néstor languidece. Ahora también se vuelve improbable la motivación del oficialismo de creer en una remontada como la que se dio entre la derrota de 2009 y el triunfo con el 54% en 2011.

Porque además de todo tenés al Fondo Monetario Internacional esperando cobrar a la vuelta de la esquina y tampoco Cristina puede enviudar dos veces.

Ése es el escenario en el que esta semana festejaron un ratito los mercados financieros, ahí donde toda lectura es lineal y un resultado electoral se consume como norma ISO 9001 de giros sin matices. En agosto de 2019 se derrumbaron porque íbamos rumbo a Venezuela.

Ahora resulta que hay certezas de que no. Papers falopa que cotizan alto. Inversores entusiastas, que lo que sí preguntan es quién podría ser el eventual sucesor de Guzmán.

Desde esa ansiedad escucharon de otra manera este lunes a Martín Redrado, que andaba de gira por Nueva York y Los Ángeles y habló ante el fondo Pimco.

El ex presidente del Banco Central -que suena entre los ministeriables junto a Cecilia Todesca o Augusto Costa- se mantiene ausente de todas las versiones. Tras las PASO, recibió en su celular un mensaje de un inversor que supo estar muy activo en las colocaciones de deuda de Cambiemos. "There is life again in Argentina", le escribió. No se sabe qué le respondió. 

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