

Finalmente después de 26 años, bajo el calor de Asunción, los cancilleres del Mercosur y representantes de la Unión Europea firmaron el documento que consolida una alianza que engloba al 25% del PIB mundial y crea un mercado común de 700 millones de personas. La algarabía general por un entendimiento que demoró 26 años se vio opacada, no obstante, por una ausencia que no pasó desapercibida: la de Luiz Inácio Lula da Silva.
El mandatario brasilero justificó su inasistencia argumentando que no estaba previsto originalmente que los presidentes participaran de la firma, ya que los firmantes formales son los ministros. Sin embargo, esta explicación no convenció a todos. El mandatario brasileño optó por celebrar el acuerdo en un acto paralelo en Río de Janeiro, donde recibió a las autoridades europeas Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo.
La decisión del líder brasileño de no viajar a Asunción tiene un trasfondo que excede lo protocolar. Las relaciones entre Lula y Javier Milei se han deteriorado significativamente en los últimos meses, con intercambios de declaraciones, en algunos casos, abiertamente hostiles. Al organizar su propio evento en Brasil, Lula logró capitalizar políticamente los esfuerzos que realizó durante meses para que este tratado se concretara, sin tener que compartir escenario con el mandatario libertario.
Esta estrategia le permitió reivindicar su rol protagónico en las negociaciones sin exponerse a un encuentro que podría haber resultado incómodo. Vale recordar que Brasil es la economía más grande del Mercosur y su impulso fue fundamental para destrabar las conversaciones con Bruselas. Sin embargo, su ausencia física en el momento culminante de la ceremonia envió un mensaje político claro sobre el estado de las relaciones intrarregionales.
La incómoda reacción de Milei ante las menciones a Lula
Uno de los momentos más reveladores de la jornada se produjo durante el discurso de Santiago Peña, anfitrión del encuentro. El presidente paraguayo, quien mantiene una estrecha relación con Milei y es considerado su principal aliado regional, hizo un evidente esfuerzo por mantener el equilibrio político al mencionar en varias ocasiones el rol de Lula en la concreción del acuerdo.
En cada mención a Lula, Milei permaneció inmóvil en su asiento, sin sumarse a los aplausos que sí prodigaron otros asistentes. Estas escenas, captadas por las cámaras presentes en el acto, configuraron uno de los momentos más comentados de la ceremonia y evidenciaron la fricción existente entre ambos líderes.
La expresión pétrea del libertario, mirando al frente sin modificar su postura, habló más que cualquier declaración oficial y puso de manifiesto que, más allá de los protocolos diplomáticos, las diferencias personales e ideológicas siguen pesando en la política regional.
Un acuerdo histórico ensombrecido por las tensiones políticas
Más allá de las tensiones diplomáticas, el acuerdo representa una oportunidad sin precedentes para ambos bloques ya que propone la eliminación progresiva de más del 90% de los aranceles bilaterales y contempla la reducción de barreras no arancelarias, además de la unificación de regulaciones en áreas estratégicas como inversiones, propiedad intelectual y estándares sanitarios.
Durante su intervención, Milei calificó el entendimiento como el logro más importante de la historia del Mercosur y anunció que lo enviará al Congreso durante las sesiones extraordinarias de febrero para su rápida aprobación. También adelantó que, independientemente de las consideraciones de otros países del bloque, su gobierno continuará negociando acuerdos bilaterales con naciones como Estados Unidos, Japón y Emiratos Árabes Unidos.

Además, criticó a sus pares europeos por intentar incorporar salvaguardas que, según su visión, desnaturalizan el espíritu del acuerdo. Esta postura marca una diferencia con la aproximación más diplomática de otros líderes regionales, que prefirieron concentrarse en los aspectos positivos del tratado.
Por su parte, Ursula von der Leyen destacó el carácter geopolítico de la asociación y subrayó que Europa consolidará su posición como principal inversor extranjero en la región. La líder europea enfatizó que el acuerdo no solo abre oportunidades comerciales sino que también crea una plataforma para trabajar conjuntamente en temas globales, desde la protección ambiental hasta la reforma de las instituciones internacionales.
Los desafíos por delante
La ausencia de Lula y la fría reacción de Milei ante las menciones al presidente brasileño plantean interrogantes sobre la capacidad del Mercosur para funcionar cohesionadamente en la implementación del acuerdo. Aunque el tratado ya está firmado, su ratificación requiere la aprobación individual de cada Estado miembro, un proceso que podría verse afectado por las tensiones políticas actuales.

Argentina estima que sus exportaciones a la Unión Europea podrían crecer un 76% en los primeros cinco años de vigencia del acuerdo, llegando a duplicarse en una década. Sin embargo, estos beneficios dependen no solo de la ratificación parlamentaria sino también de la coordinación entre los países del Mercosur para implementar las regulaciones acordadas.
El episodio de Asunción deja en claro que, aunque los intereses comerciales pueden unir a países con visiones políticas divergentes, las diferencias personales e ideológicas entre sus líderes siguen siendo un factor que puede complicar la gestión cotidiana del bloque.
La pregunta que queda flotando es si el Mercosur podrá superar estas tensiones para aprovechar plenamente la oportunidad histórica que representa este acuerdo con Europa. Por lo pronto, lo sucedido demuestra que, en la política sudamericana actual, incluso en los momentos de celebración, las fracturas internas pueden robar protagonismo a los logros colectivos.



