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El último dato oficial de actividad económica trajo alivio para el gobierno de Javier Milei, cuando el EMAE mostró una suba interanual del 5,5% y consolidó el rebote respecto de los peores meses de la recesión que se registraron al inicio de su gestión y antes de las elecciones de 2025.
Aunque recuperación permitió al oficialismo volver a mostrar crecimiento económico, exportaciones en alza y cierta estabilización macroeconómica después del ajuste inicial, detrás de esos números empieza a aparecer otro fenómeno que varias consultoras privadas ya comenzaron a detectar.
La economía continúa creciendo -y puede seguir haciéndolo- pero cada vez son menos los sectores que efectivamente sostienen esa mejora.
Ese diagnóstico aparece en el último Índice Líder de la Universidad Di Tella, un indicador que busca anticipar cambios de tendencia en el ciclo económico y que en abril registró una caída mensual del 1,77%.
Más allá del retroceso puntual, el dato que más llamó la atención entre economistas fue el deterioro del llamado “Índice de Difusión”, una variable que mide cuántos componentes efectivamente acompañan el crecimiento.
Allí se produjo un cambio muy marcado en apenas dos meses: en febrero el indicador marcaba 80%; en marzo bajó a 60%; y en abril cayó hasta apenas 20%.
Traducido a términos más simples: la recuperación económica empezó a perder “ancho”.
Soja, exportaciones y algunos sectores puntuales
El propio informe de Di Tella muestra hasta qué punto el crecimiento comienza a concentrarse.
De las diez variables que integran el índice, sólo dos presentaron mejoras significativas en abril: el precio FOB de la soja; y la recaudación del IVA en términos reales.
El resto de los componentes mostró señales de desaceleración o retroceso.
El índice incorpora variables vinculadas al consumo, la industria, el despacho de cemento, la producción siderúrgica, el mercado financiero y la confianza del consumidor.
La foto que empieza a construirse es la de una economía donde el crecimiento sigue existiendo, pero apoyado sobre pilares cada vez más específicos: agro, energía, exportaciones, intermediación financiera, y algunos servicios puntuales.
Mientras tanto, otros sectores ligados al mercado interno muestran una recuperación mucho más irregular. El fenómeno aparece también en otros informes recientes.
Varias consultoras comenzaron a señalar que buena parte de la mejora de la actividad está viniendo desde áreas con fuerte perfil exportador o vinculadas a la generación de divisas, como Vaca Muerta, minería y agroindustria.
Eso permite sostener el superávit comercial, la acumulación de dólares, y parte de la estabilidad cambiaria, pero no necesariamente implica una recuperación homogénea sobre el conjunto de la economía.
La diferencia entre crecer y desarrollar
El trabajo de Di Tella no afirma que la Argentina haya vuelto a entrar en recesión. De hecho, el EMAE oficial mostró mejoras importantes en los últimos meses y ayudó a moderar algunos de los temores que aparecían hacia comienzos de año.
Aun así, el índice mantiene elevada la probabilidad de abandonar la fase expansiva en los próximos meses, que todavía se ubica en torno al 88%.
La diferencia que empiezan a marcar los analistas es otra: no alcanza solamente con que la economía crezca en términos agregados. También importa cuántos sectores participan efectivamente de esa recuperación.
Una economía sostenida por pocos motores puede mostrar buenos indicadores macroeconómicos mientras convive, al mismo tiempo, con: consumo débil, empleo privado más lento, caída en algunos rubros industriales, y dificultades persistentes para buena parte de las actividades orientadas al mercado interno.
Algunas consultoras ya empezaron a describir esa dinámica como una recuperación “concentrada”.
En uno de sus últimos informes, Suramericana —la consultora vinculada al exministro Martín Guzmán— sostuvo que la economía argentina atraviesa una situación “peculiar”, donde conviven actividad en recuperación, crecimiento exportador y estabilidad cambiaria junto con una caída de los ingresos fiscales en términos reales.
Según ese trabajo, buena parte del crecimiento actual está sostenido por sectores con fuerte perfil exportador y alta generación de divisas, como energía, minería y agroindustria, mientras otras actividades más vinculadas al empleo urbano y al consumo interno continúan mostrando un desempeño más débil.
El informe incluso señala que el complejo energético ya aporta casi la mitad del superávit comercial argentino y que Vaca Muerta empieza a ocupar un lugar estructural dentro de la macroeconomía nacional.
La lectura que comienza a extenderse entre economistas es que la recuperación existe, pero con una composición distinta a la de otros ciclos expansivos: menos apoyada en el mercado interno y más dependiente de sectores exportadores, financieros y de generación de dólares.




