#CASHTAG

It's peronist time

Hay que decirlo: nuestro sistema democrático es maravilloso.

Tendremos la inflación por las nubes, irresuelta por décadas. Nos quedamos sin dólares todo el tiempo. Los que invierten quieren tasas de retorno exorbitantes para cubrirse de todo. Desde mi suegra hasta Marcos Galperin saben que la plata hay que acumularla en moneda dura y lo menos al alcance del fisco posible, ya sea en el colchón o en un trust en Nueva Zelanda.

La moneda nacional está hecha torta. Nadie quiere pesos. Nos estacionamos paulatinamente en niveles de pobreza e indigencia más altos. Incluso cada vez hay más chicos con las necesidades calóricas insatisfechas, sin mencionar que la educación venía en decadencia y quedó peor después de la pandemia.

Encima, a veces parece que estamos saliendo pero nos dura apenas unos años. Nos pasamos de rosca con la emisión fácil o la deuda loca y está cantado que nos la pegamos y vuelta a empezar.

Pero a la hora de elegir a nuestros representantes, todo funciona. Sí, así. Con estas boletas, con este sistema, con nuestros problemas, pero funciona.

Se vota, se cuentan los sufragios, unos sacan más, otros menos, unos se van a su casa, otros llegan, luego esos pierden y se retiran, quizás regresan los anteriores, que otra vez pueden perder. Sí, los que están en el Estado usan mil artilugios, guita pública con intereses partidarios particulares, incluso hay sistemas border feudales. Pero nadie rompe el juguete que nos costó tanto recuperar hace 38 años. Hasta hay espacio para que irrumpan extravagantes economistas de derecha en la principal ciudad del país, como también para un recolector de residuos que la rompe desde la izquierda en una provincia del Norte.

Hay tantos países de la región donde se truchan las votaciones, se voltean a los presidentes o se mete en cana a opositores para que no participen que -como al menos ese problema no lo tenemos- acá nos la pasamos debatiendo sobre dónde hay dictaduras o democracias posta, una discusión que delata unas doble varas tamaño estadio según si los tipos en el poder son de mi palo o del otro.

Pero esa misma gente que se enreda en justificaciones y queda pagando ante repreguntas obvias, acá acepta los resultados electorales gobierne quien gobierne. Porque no hay dudas de que la cosa funciona.

Toquemos madera: no sólo los resultados son transparentes e incuestionables esté quien esté en el Ministerio del Interior, sino que ahora además se conocen cada vez más rápido y de manera más simple a través de la tecnología. O sea, hay pueblos donde se gana por un puñado de votos, y nadie objeta nada.

La mayor provincia del país, de hecho, queda a un puntito y algo de diferencia para la oposición y todo marcha. Ya había pasado en el 2009. También había existido una diferencia exigua en el balotaje de 2015, por ejemplo.

Y ni un problema. Chapeau.

EL PERONISMO CONOCIDO

Tal vez porque hay tan poca duda sobre los números concretos, nuestra última novedad es -atención- ahondar en las interpretaciones de los estados de ánimo que supuestamente quedan después de los triunfos o las derrotas y con eso transformar los mensajes de las duras matemáticas.

Algo así como cuando un equipo pierde de visitante en un ida y vuelta pero le queda la impresión de que está bien parado para la revancha de local.

Se trata de un fenómeno que se potencia además porque con las primarias obligatorias que operan de encuestas reales sin validez, se anticipan resultados que juegan de expectativa previa y contra la que el que perdió busca levantarse.

La tendencia la inauguró Cambiemos en 2019, que tras una paliza en las PASO salió en modo "Sí se puede" y achicó la distancia en las generales, por lo que terminó perdiendo por menos y entregando el poder en primera vuelta, aunque con la mueca de "mirá como me llevo el 40% a pesar del desastre que hicimos".

Y la moda la ratificó ahora el Frente de Todos, que se había pegado tal fiasco en las primarias, cuando habían llegado esperando ganar por cinco y se fueron cuatro abajo en la provincia de Buenos Aires, que ahora como acortaron la diferencia tiran el "perdimos ganando". Una frase que pasará a la historia junto a la convocatoria presidencial a movilizarse a la plaza "a festejar el triunfo" luego de perder por ocho a nivel nacional y ser derrotados en 15 distritos de los cuales en 9 salieron terceros o quedaron a más de 15 puntos.

Sea como sea que se presente el resultado, el modo elecciones se terminó el mismísimo domingo. El presidente Alberto Fernández arriesgó con una jugada: antes de ir al búnker a hablarles a los militantes, les habló a los mercados financieros con un mensaje claro.

No habrá radicalización. Todo lo que dije era humo de campaña. Habrá arreglo con el Fondo Monetario Internacional. Y será rápido.

Algo así como si estuviera dispuesto a poner en marcha los lineamientos que les había esbozado a multinacionales en Olivos hace una semana: ordenamiento macroeconómico, renegociación sin default y crecimiento de la mano de la inversión privada.

Como si estuviera en definitiva empezando a gobernar sin guiños en zig zag que te hacen dudar todo el tiempo sobre hacia dónde va a doblar. Como si les hubiera dicho a los actores económicos: muchachos, llegó el peronismo que conocen.

EMPRESARIOS A LA MARCHA

Por eso, hasta el accionista de una empresa importante tuvo ganas de ir a la movilización del Día de la Militancia. "Si es para empoderar a Alberto frente a Cristina, voy", dice, risueño. Es de los que siempre le reclamaron al Presidente que "use la lapicera" y ejerza el poder, en vez de intercalar un pasito para acá, un pasito para allá para tratar de hacer equilibrio en una coalición gelatinosa de poca dinámica y acumulación de problemas.

Desde el domingo, es de los que creen que "llegó el momento". Es el predicador del "ahora sí" albertista. Es uno de los que repasa las organizaciones sociales, los gobernadores, los intendentes y la lista de los gremios que acompañaron al Presidente en la Plaza de Mayo.

En su primera Plaza de Mayo que lo tuvo como orador central sin marginales del espacio que le corroan la autoridad. Es de los que incluso creen que La Cámpora no sólo tuvo que ir al pie de una movilización con aires emancipatorios, sino que incluso vaticina que se viene un giro de la organización ex juvenil que ahora nuclea a burócratas del Estado que ya no cantan que a la deuda no la vamos a pagar con el hambre del pueblo.

"It´s peronist time", resume un financista de un inglés fluido con un master en cafés en Pony Line. Preanuncia ese momento tan conocido por el establishment local e internacional en el que -envueltos en las banderas de la justicia social- un grupo de políticos argentinos tradicionales que saben la marcha se aggiorna a las restricciones presupuestarias y financieras y hacen el delivery de la agenda impopular de la que se habla en los seminarios sobre "cómo será el 2022".

"Obvio que no ganamos, pero lo que sentimos es que podemos ser competitivos para 2023", dice un ministro. En el equipo económico consideran que las diferencias con el FMI, a esta altura, ya están sobredimensionadas para la tribuna y que cada día de silencio de la vicepresidenta y su gente sobre el tema es un respaldo mudo a terminar con el tema.

La lectura es que si pasaron la elección con los números fiscales que mostró el Ministerio de Economía, ¿cómo no se van a poner de acuerdo en una ruta al déficit cero de acá a unos años, con todo lo que podés licuar las partidas gracias a la inflación?

Los pronósticos mejor guardados en la Casa Rosada marcan que si la economía termina creciendo al 10% este año, y deja un arrastre del 2% para el año que viene, pensar un crecimiento del 4% no será una utopía. Y así, con el gasto público aumentando menos que los ingresos, al modo Martín Guzmán, el rojo fiscal se achica. "Si tras el acuerdo, metemos dos años de crecimiento aún con elevada inflación, pero con estabilidad y sin espiralización del dólar y los precios, estamos vivos", dice otro funcionario.

"Siempre y cuando no la arruinemos nosotros", reflexiona cuando escucha que el Instituto Patria trabaja en ideas audaces para mejorar la distribución del ingreso o dar un shock salarial. O siempre y cuando no haya nuevas sorpresas con la pandemia, que de golpe todos dimos por terminada.

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Comentarios

  • GG

    Gerardo G.

    18/11/21

    No le den lugar a los periodistas kukas acá por favor. Para eso ya tenemos todos los demás medios. La única economía que crece es la barrani y crece porque ya nadie cree que se pueda seguir con estas leyes arcaicas y perdieron el miedo de hacer *todo* negro.

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