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En el marco de la apertura comercial, el Gobierno nacional dio un paso decisivo para redefinir cómo se controla la mercadería que se comercializa en el país.

A través de la publicación de la Resolución 56/2026 de la Secretaría de Industria y Comercio, se aprobó un nuevo Protocolo de Vigilancia de Mercado que, según los analistas, no es un trámite más ya que vuelve a habilitar el “canal rojo” en la Aduana.

Yanina Lojo, especialista en comercio internacional, explicó que se trata de una actualización sistémica que busca garantizar la seguridad del consumidor y la lealtad comercial mediante métodos modernos de fiscalización.

La vigilancia de mercado basado en análisis de riesgo implica que los controles se concentrarán principalmente en:

  • productos que puedan afectar la salud o seguridad de los consumidores
  • bienes con antecedentes de incumplimientos normativos
  • productos sobre los que existan denuncias o alertas internacionales
  • mercaderías identificadas mediante información del comercio exterior

Este último punto es clave, destacó Lojo y explicó que el protocolo permite utilizar datos vinculados a volúmenes de importación, actividad del importador o características del sector para definir prioridades de fiscalización.

Cambio de paradigma

Para el analista en comercio exterior Gustavo Fadda, este protocolo es la pieza que faltaba en el rompecabezas de la desregulación. Fadda define este movimiento como un cambio de paradigma: el paso de un modelo de “portero” basado en trabas burocráticas previas y discrecionalidad en las licencias a uno de “inspector” centrado en la fiscalización inteligente posterior (ex-post).

Imagen ilustrativa

“Cierra el ciclo que comenzó al quitar al importador la obligación de tener certificaciones de seguridad eléctrica o etiquetado al momento del despacho, pasando a controlarse directamente en la comercialización”, opinó Gustavo Scarpetta, especialista en comercio exterior.

Para el experto, esto alinea a la Argentina con las buenas prácticas internacionales de la OMC y la OCDE, basándose en la confianza: “Si no cumpliste, quedás afuera del sistema para importar”.

Los tres ejes del control técnico

De acuerdo con un informe de Yanina Lojo, el nuevo sistema de vigilancia ya no será masivo ni aleatorio, sino que se apoyará en un análisis de riesgo. Los controles se concentrarán en productos que afecten la salud, bienes con antecedentes de fraude o aquellos identificados mediante alertas internacionales.

El protocolo se ejecutará a través de tres herramientas principales:

  1. Verificación Documental: Las empresas deberán presentar vía TAD certificaciones e informes técnicos que demuestren que el producto cumple con la ley.
  2. Verificación Técnica y Ensayos: Se habilita la extracción de muestras del mercado para ensayos de laboratorio. Aquí rige el sistema de toma de muestras por triplicado (original para análisis, duplicado para contraverificación y triplicado para la empresa), con prioridad en laboratorios acreditados por el Organismo Argentino de Acreditación (OAA).
  3. Controles Fronterizos: Aunque el foco es el mercado interno, el protocolo permite intervenciones coordinadas con la Aduana antes del despacho a plaza cuando el riesgo detectado sea elevado.

El impacto en las empresas

El nuevo esquema impone obligaciones estrictas. Las empresas tienen solo 10 días hábiles para responder requerimientos de información a través de la plataforma Trámites a Distancia (TAD).

Según advierte Lojo, el incumplimiento puede derivar en multas severas, el retiro de productos del mercado, suspensión de la comercialización o la inhabilitación comercial.

Mientras Scarpetta resalta que el sistema “facilita el despacho aduanero y lo hace menos costoso”, Fadda pone el foco en la equidad: es vital una “ventanilla de asistencia” para que el costo de cumplir con las normas técnicas no termine asfixiando a las PyMEs frente a los grandes importadores.

A pesar del optimismo por la agilización de las importaciones, Fadda advierte sobre los riesgos de implementación.

“No sirve un protocolo si no hay suficientes inspectores en la calle o laboratorios con la velocidad que el comercio exige”, afirmó.