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¿Guzmán, sos vos? Y otras preguntas sobre el Gobierno

"¿Para qué vino a Nueva York?". La pregunta llegó por WhatsApp al celular de uno de los armadores del encuentro de hace dos viernes del ministro de Economía, Martín Guzmán, con representantes de los principales fondos de inversión de Wall Street

Y resume de alguna manera el interrogante sobre el increíble cambio de piel del titular del Palacio de Hacienda que pasó de ser un expositor firme de tono académico y amable a pegarle a la oposición con expresiones tal vez poco genuinas o no muy meditadas.

De golpe acusó a gente de "posturas antiargentinas" o dijo que hay veces en las que "la derecha saca sus perros a ladrar". ¿What? ¿Guzmán, sos vos?

El desconcierto habilita todo tipo de interpretaciones. Que está preparando su salida, y por eso el domingo "fue a hacerse el Varoufakis", dijo uno en referencia al seminario de Revista Crisis que compartió en el CCK con el ex ministro griego que salió de la gestión antes de firmar un acuerdo con la troika en 2015.

"Entre chocar con el FMI y chocar con la sociedad, yo elijo chocar con el FMI", dijo -según el traductor- el economista que integró el gobierno de Syriza.

Otros creen que al estilo del hombre gato que maúlla en un juicio por homicidio en Mendoza, el ministro también está aplicando una estrategia de fingir agresividad hacia afuera. Como si dijera que se autopercibe Rodolfo Tailhade o Martín Soria o Fernanda Vallejos, ponele, con el fin de sostenerse adentro y seguir en el cargo ya sea por ego, por ambición política o incluso para no abandonar su intento de orden fiscal.

Una especie de sobreactuación para el elogio de C5N como paraguas para una gestión que resalte la agencia Bloomberg.

De hecho, en septiembre, con los fondos del aporte solidario de las grandes fortunas y la plata extra del FMI mostró una foto de casi déficit cero. "¿Vos te imaginás lo que sería esto sin mí?", le escucharon decir al joven de la Universidad de la Plata.

A propósito, si alguien del Instituto Patria recibiera los informes de la Fundación Mediterránea que parió a Domingo Cavallo, agarrate.

El último reporte marca que en estos nueve meses las cuentas están tan austeras que para alcanzar el déficit total del año como le reclamaba la vicepresidenta, el gasto público debería aumentar un 70% nominal en el tercer trimestre.

Como sea, con mensajes tan distintos para públicos con objetivos tan diferentes, todo es un misterio. Ya nadie sabe qué peso tiene cada mensaje que se emite desde el oficialismo, porque básicamente no queda claro quién decide ni hacia dónde se dirige ni hasta cuándo.

Un día hay promesas de giro a la Menem de los 90 de la mano del jefe de Gabinete, Juan Manzur, en una "mexicaneada" de la administración que respaldarían otros gobernadores peronistas, como entendieron algunos de los que escucharon al tucumano también en Estados Unidos.

Pero en simultáneo, también hay elogios al pacto social del Perón de los 70 como dijo el secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, al lanzar el congelamiento de precios con amenazas de aplicación de la ley de abastecimiento.

Una vuelta el Presidente recibe a los empresarios para tender puentes hacia un acuerdo post elecciones y les habla de mantener encuentros periódicos con agenda abierta. Una semana después, el Gobierno acusa a algunos de esos mismos hombres de negocios de márgenes de ganancia extraordinarios y conspiradores.

Exprimidos y licuados

En este punto no queda claro qué es una estrategia de campaña y qué es una política que llegó para quedarse más allá del 14 de noviembre.

El gabinete funciona con lógica de director técnico en la cuerda floja. Todo es fugaz. A veces el Poder Ejecutivo se parece a una multiprocesadora. Exprime la energía de todos; tritura la credibilidad de los que habían llegado a renovar la cosa luego de las PASO y en última instancia licúa el poder del jefe de Estado y a toda la coalición.

Manzur, que la primera semana de gestión era un todoterreno que arrasaba con la modorra previa, ya queda recontra en off side con cualquier promesa al establishment cuando dice A pero aparece Máximo Kirchner, como jefe del bloque de Diputados y sobre todo en carácter de heredero y asegura que toda la militancia está lista para entrar a la gestión si hay gente con miedo o caras tristes.

Todas son señales con múltiples lecturas. Hay dueños de empresas que habían comido con Máximo que quedan boquiabiertos cuando con la música de La Delio Valdez, La Cámpora canta "esa deuda no la vamos a pagar" o cuando con una intro de Imagine Dragons se agita a los "pibes para la liberación" mientras habla la jefa.

Pero otros marcan matices. "Fijate que dice que la deuda no se va a pagar con el hambre del pueblo, no que no se va a pagar", apunta un capitalista con mucho conocimiento del trayecto del discurso a los hechos.

El propio Aníbal Fernández parece que está hace dos años. En un mes ya chocó con Nik y se peleó con su amigo Sergio Berni que lo acusó de soberbio por redes sociales, un terreno en el que parecen más presentes que en la calle.

La pelea de los encargados de la seguridad en la Nación y en la Provincia es hasta cómica, si no fuera que del otro lado se rascan la panza de risa los narcos que van copando barrios, despachos y cuarteles.

Mientras tanto, se debate en público sobre si un atentado en el sur es terrorismo o no y la gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras, pide ayuda federal. Un guardadísimo Alberto Fernández le responde -atención- por escrito que se arregle sola pero que igual le va a mandar gendarmes.

Encima, la carta de Icardi a Wanda tiene mejor estilo que la prosa presidencial. Al final, unos días después hablan por teléfono.

No duran, Durán

A la velocidad de la luz encalla en 15 días el propio Feletti, que llegó para intentar el milagro si no de contener la inflación de poder echarle la culpa a alguien antes de los comicios.

Mandó una lista de 1400 productos a precios fijos de los que más de 200 estaban discontinuados. Les puso precio de góndola pero no de salida de fábrica y en muchos casos era más alto el costo que el valor que va al público.

Así, aparecieron militantes e intendentes para inspeccionar, incluso en los supermercados chinos. Su representante Yolanda Durán, denunció patoteadas en el Gran Buenos Aires y le pidió explicaciones a la subsecretaria Débora Giorgi, que se disculpó porque -le aclaró- los comercios de cercanía no forman parte del programa.

Chan: la resolución 1050, sin embargo, habla de que están incluidos "todos" los comercializadores y distribuidores.

Para colmo, el intento de congelamiento por tres meses coincide con las materias primas por las nubes. Entre enero y agosto el trigo subió 99%, el maíz 139%, el cacao 100%, el cobre 125%, el aluminio 120%, el mineral de hierro 136% y el petróleo un 84%.

Y, claro, con la brecha entre los dólares oficiales y los paralelos llegando al 100%. Abarajame la heladera, nena.

La desesperación alcanza a los propios, que si bien celebran la recuperación atada a la mayor movilidad pos pandemia y a las actualizaciones de las paritarias, también anticipan un límite claro si no se ordena la política y sin un acuerdo externo que revierta la falta de dólares.

"Incluso no sé si alcanza cerrar una refinanciación con el FMI, tal vez haga falta que giren dinero, y para eso te van a pedir un plan económico más duro", aseguran en el mercado financiero.

El diagnóstico del acuerdo rápido antes de fin de año hace rato que perdió adeptos. Hay técnicos del organismo que dicen que "no hay nada avanzado", hablan de "atraso seguro" en el primer trimestre y de que no confían en los interlocutores argentinos.

"Hay que ir sentarse todo un día al departamento de Juncal con Cristina Kirchner y convencerla de que compre un plan económico completo, no queda otra", reniega un oficialista de diálogo con la jefa de Estado que está ingresando en la misma incredulidad del resto del mundo.

A todo esto, el dirigente social Juan Grabois está encabezando performances en los barrios populares donde militantes se ponen máscaras de Alberto y de Larreta a ver qué dice la gente.

Al Presidente lo quieren, cuenta, pero -según él- al jefe de Gobierno le valoran que mantuvo abiertas las escuelas, uno de los tantos motivos de la derrota electoral que da la impresión que ningún kirchnerista registra del todo.

"A veces nos escucho hablar en nuestro espacio y me da la impresión de que hubiéramos ganado", se lamenta un albertista que se siente a la deriva.

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