Energía, Oil & Gas

Este especialista cree que la energía podría ser parte de la solución al problema económico argentino

El exsecretario de Energía Daniel Montamat señala que el país se encuentra con un problema en un sector que debería ser uno de los más dinámicos. Agrega que políticas fallidas llevaron a una situación complicada que hace difícil la atracción de las inversiones necesarias

"La energía hoy es parte del problema económico de la Argentina cuando, en realidad, tiene el potencial para ser una parte importante de la solución", dice Daniel Montamat.

Economista y secretario de Energía durante el gobierno de Fernando de la Rúa, Montamat hace un repaso sobre la política energética actual. Segmentación de tarifas, Vaca Muerta, renovables, exploración offshore y el desarrollo de hidrógeno verde son algunos de los temas de los que habló con El Cronista.

¿Qué evaluación hace de la política energética actual?

La política energética hoy es parte del problema económico que tiene la Argentina. Es un sector que ha tenido políticas fallidas de congelamientos de precios con inflación crónica, reglas contingentes que se cambian y falta de rumbo. Y eso ha determinado que la balanza balanza comercial en materia energética casi equilibrada de 2019 se haya pasado un déficit de casi u$s 5500 millones este año. Eso pega fuertemente en las cuentas externas del país, en su problema de escasez de dólares. Por otra parte, como no estamos pagando los costos económicos de la energía, el sector residencial sobre todo, los subsidios energéticos han crecido exponencialmente. El año pasado fueron u$s 11.000 millones y este año aún con los ajustes que hubo estamos estimando que serán de entre u$s 15.000 y u$s 16.000 millones. Y esto sin saber cómo va a evolucionar la segmentación tarifaria, que es un engendro. Es decir que la energía está pegando también en las cuentas públicas porque estamos hablando de 2,5% del PBI. Recordemos que el compromiso con el Fondo Monetario Internacional era de un déficit primario justamente de 2,5%.

¿Qué podemos esperar de la segmentación de tarifas y cuánto se pueden reducir los subsidios?

Yo dije cuando largaron esta idea de la segmentación tarifaria que la Argentina quería inventar de nuevo la rueda. Lo que funciona en los países normales es que las tarifas de energía tienen que recuperar los costos económicos. Si no, no puede haber inversiones de largo plazo, no se pueden sumar nuevos usuarios ni lograr que el sistema levante sus índices de calidad, con menos cortes, menor duración de los cortes y disponibilidad de gas para todos. Bueno, esas son las cosas que uno espera, pero para obtener eso las tarifas energéticas tienen que recuperar los costos económicos. Y sí, tenemos que tener una tarifa social focalizada en aquellos sectores cuyos indicadores socioeconómicos no pueden hacer frente a los costos. Ahí deberíamos habernos concentrado.

Como estamos hace años ya, con congelamiento de tarifas e inflación en alza, obviamente los costos económicos quedan muy arriba de lo que paga la tarifa media. Estamos pagando en promedio entre el 25 y el 30% del costo del gas natural y el costo de los electrones generados. ¿Cómo recuperar eso? Bueno, esta gente sabe que tiene que seguir aumentando e inventa esto de la segmentación como un eufemismo para que nos concentremos en esta palabra y no la palabra las tarifas tiene que seguir aumentando para recuperar los costos económicos. Entonces crean tres categorías y dicen que para establecer distintos precios de la energía en función de los ingresos: tarifa social, ingresos medios e ingresos altos. Ya existían en gas natural diez subcategorías residenciales en función del consumo. Porque antes también el populismo dijo: ‘No, vamos a segmentar en función del consumo. Que el que consume más pague más', y se dieron cuenta de que hay una serie de errores de inclusión y de exclusión. Esto no funcionó, entonces ahora hay esas diez categorías suma tres por ingreso y vamos a tener 30 subcategorías de consumidores residenciales. Todo esto genera una burocratización, un problema muy serio para que las distribuidoras, que en el 2003 tenían una sola categoría de ingresos residenciales, readapten sus sistemas de liquidación de facturas.

Con lo cual la implementación va a llegar recién a partir de septiembre y ya vamos a estar a fin de año. En el fondo los aumentos de este año son los que ya fueron y no sé hasta dónde llegará lo que no se escribió. Me imagino que cuando terminen de armar la base de datos general del país, se van a dar cuenta de que hay que volver a las bases y dirán que no pueden meter todo de golpe porque las tarifas están muy retrasadas, pero hay que recuperar costos en la base general de usuarios que no tienen tarifa social.

¿Y en materia de generación de energía qué está pasando?

Te hago un recorrido por los distintos subproductos de la energía. En petróleo estamos prácticamente autoabastecidos y tenemos saldos exportables. Pero tenemos el problema de que estas políticas fallidas han divorciado los precios internos de los internacionales. Entonces tenemos que importar derivados del petróleo. ¿Y a qué precio? Al de referencia internacional. Cuando hay picos de demanda en el mercado interno nadie quiere ir a pérdida. Entonces se producen estos colapsos y crisis de falta de gasoil justo cuando el sector agropecuario más lo necesita, en la siembra y la cosecha. Mirá las distorsiones que generan estas políticas. Y los que pudieron acceder al gasoil lo terminaron pagando a precios incluso superiores al internacional. Por ignorar reglas de la microeconomía petrolera.

¿Y en electricidad?

Lo que vemos es que en verano viene disminuyendo la calidad del servicio eléctrico. Es en esa época porque ahí llegan los picos de consumo, con el calor, y todos quieren encender el aire acondicionado. Se da un pico de demanda que hay que atender urgentemente con picos de oferta, de potencia, y ahí empezó a disminuir la calidad del servicio y se notan más cortes por usuario por año y más duración de los cortes. Este es el impacto de toda esta crisis que tiene que ver con tarifas congeladas, recuperación de costos y reglas contingentes.

¿Qué pasa con el gas?

Es un recurso abundantísimo en Vaca Muerta, pero somos importadores de gas. Ese es el principal rubro de importación de la canasta energética. El año pasado cortamos 59 barcos de gas, con un precio promedio de u$s 8,35 el millón de BTU. También importamos gas de Bolivia, con aportes decrecientes porque el país vecino prioriza a Brasil.

Este año la cosa ya venía complicada antes del conflicto de Ucrania. Ya venía subiendo desde antes el precio del GNL. Teníamos pensado importar alrededor de 70 barcos para que la oferta pudiera corresponderse con la demanda. Pero los precios se dispararon y entramos a pagar u$s 30 el millón de BTU y hasta u$s 39, según los cargamentos. Hoy estamos importando lo menos que podemos porque no tenemos dólares. Bolivia nos da más o menos lo mismo que el año pasado, vinieron los días de frío y entonces empiezan a racionar a la industria y en el GNC.

Pudiendo exportar gas, estamos importando. Y estos u$s 5500 millones de déficit que proyectamos para este año tiene que ver con las compras de gas a estos precios, que son más caros, tanto en los barcos como en Bolivia.

¿Qué hace falta que el gas de Vaca Muerta se pueda explotar, que pueda sacarse del pozo y ponerlo en el gasoducto?

No es una cuestión de tecnología. Ya hemos recorrido las curvas de aprendizaje y se está usando tecnología que refleja the state of the art. La Argentina sigue a Estados Unidos en el desarrollo de esta tecnología de fracking, de perforaciones horizontales. Tiene rendimientos de esta formaciones comparables y superiores a las formaciones de shale gas de Estados Unidos. El talón de Aquiles del problema energético argentino son las inversiones, en las que hay que hundir capital.

¿Y por qué no llegan esas inversiones?

Tenés problemas macro y tenés problemas micro. En la cuestión macroeconómica, este es un país con 3000 puntos de riesgo país. ¿A qué tasa descuento estos proyectos? Cuando encontrás tasas más altas hay menos proyectos. Estas inflaciones crónicas pegan en la relación cambiaria dólar-peso. Yo estoy enterrando dólares, ¿me vas a dejar sacar los dólares una vez que produzca? No, hay que convertirlos a pesos y al tipo de cambio oficial. Todo esto hace que haya protocolo de las inversiones que se esté violentando completamente.

Y vamos a lo microeconómico. Hace falta desarrollar infraestructura para evacuar el gas. Y viste lo que está pasando con el gasoducto troncal, que ya se había licitado al fin de la administración anterior. Se frenó, se paró, se demoró. Ahora lo largaron, pero no van a llegar al invierno próximo. Y de nuevo tendremos el problema de cuánto hay que importar.

Por razones macro, por razones micro y por contexto político, estas inversiones no van a venir. Están reciclando fondos en pesos, que no se pueden convertir en dólares. Algo está creciendo, pero los únicos que están invirtiendo más son los que pueden exportar petróleo. Hoy tenés problemas con los permisos de explotación.

Se exporta petróleo porque el gas aún no se puede evacuar por falta de gasoductos y de una planta de licuefacción. Y ahí se necesita toda una infraestructura y contratos de largo plazo que hoy ya se podrían estar negociando con la Unión Europea si otras fueran las condiciones.

Se estaba pensando en la exploración offshore en el mar argentino, ¿qué posibilidades ciertas hay de encontrar un recurso rentable?

Es bueno que se esté explorando. Porque no sabemos si va a haber mientras no se haga y es bueno que sea una política del gobierno anterior se haya continuado porque hay mucho capital en exploración comprometido con empresas muy serias. Está Equinor, Petrobras, empresas que tienen mucha experiencia en exploración offshore. Siempre existió una especulación sobre esa zona en la que la plataforma continental entra a bajar en la profundidad del mar. Sería una zona interesante donde podría haber desarrollos petroleros interesantes. De cualquier manera, mejor explorarlo cuanto antes sea posible. Porque si no, ese petróleo y ese gas van a ser muy caros de explotar en un mundo en transición que va tratando de descarbonizarse. Cuanto antes lo hagamos, mejor.

Es el momento de explorar y descubrir, y ver si hay un proyecto rentable. Ahí estamos hablando de nuevo de petróleo y gas convencional.

La Argentina suele ser mencionada como un país con gran potencial para el desarrollo de energías renovables, ¿qué falta para que el sector siga creciendo?

Primero, para cumplir con la ley deberíamos llegar al 20% de potencia instalada de energías renovables en 2025. Todavía estamos lejos, con un 13 o 14%. Creo que tenemos un gran potencial, pero deberíamos tener una estrategia de largo plazo. Tendríamos que ir asociando el tema de renovables no solo a la matriz energética y ver cómo conciliamos el desarrollo de estas energías intermitentes con la potencia firme que tiene para ofrecer el gas natural.

Hace poco me reuní con el embajador alemán, con el que hablé del posible reimpulso al acuerdo UE-Mercosur en este contexto de crisis energética. Y me dijo que estaban más interesados en el hidrógeno que en el gas. Es un vector energético que tiene muchísimas posibilidades y la vedette es el hidrógeno verde.

Pero el hidrógeno azul le vendría muy bien a la Argentina...

Nosotros podríamos producir azul y verde, los dos. El proceso de electrólisis se puede hacer con energías renovables. Pero mientras tanto tenemos gas y eso generaría una nueva demanda para la generación de hidrógeno azul. Pero para todo esto es necesario que este país deje de estar entrampado. El potencial está. Tenemos para generar no renovables, hidrocarburos no convencionales, podemos generar energía nuclear, pero no para que nos vengan a encajar otra central, un paquete financiero. Ya somos productores y vendedores de los reactores productores y vendedores de los reactores de investigación. Tenemos que ver si podemos ser productores y vendedores al mundo de los reactores modulares pequeños que se pueden instalar en distintas regiones del mundo. Y ver cómo la Argentina se entra a perfilar en el desarrollo de hidrógeno azul y verde. Pero para eso necesitás 30 años.

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