Es hora de que el comportamiento social deje de responder al pasado

La pandemia que disparó el coronavirus hizo aterrizar a la Argentina en un territorio desconocido. Nunca un gobierno había tenido que enfrentar decisiones tan drásticas causadas por una crisis sanitaria de características inéditas. La sociedad tampoco.

Para un pueblo que se jacta de tener una resistencia a prueba de hiperinflaciones y saqueos, la cuarentena obligatoria que dispuso Alberto Fernández activó reflejos impensados. Por un lado, los que se resisten a someter su libertad individual a lo que dicta el Estado, no tuvieron empacho en subirse a su auto (o avión particular) para aislarse donde mejor les pareciese. Para ese grupo, el concepto preventivo de no trasladar el virus de un lugar para fue algo plenamente irrelevante, como si la precaución o el riesgo fuese algo ajeno, para habitantes de otro país. Del otro lado, también hubo posiciones extremas. Personas que desean años de cárcel o incluso la muerte para los infractores, exhibiendo una combinación de furia y temor poco constructiva para un momento tan delicado.

La Argentina está llamada a ejercer un acto de responsabilidad colectiva. No es una misión fácil para una sociedad que creció bajo el lema del sálvese quien pueda. Es que el secreto de haber resistido sus crisis recurrentes no fue el comportamiento prudente, sino la capacidad de generar reservas hasta que pase el temblor. O en este caso, la pandemia.

Por eso lo primero que se vio ante el atisbo de la cuarentena fue una muestra masiva de ese "ser argentino": colas en el supermercado, desabastecimiento de productos esenciales, remarcación de precios de productos críticos como el alcohol en gel, los barbijos o la lavandina, filas de automóviles para ponerse a salvo de lo que sea, viajes de vacaciones a países que ya tenían nivel alto de contagio.

Lo que debe asomar ahora es una autolimitación al individualismo endémico. El llamado del Presidente y de todos aquellos que comprenden que la situación es grave y que puede volverse peor, es a la responsabilidad voluntaria. Las fuerzas de seguridad están actuando con firmeza, y con esa actitud debería ser suficiente. Porque si el Gobierno –con el necesario apoyo de la oposición- se vuelca por la idea de declarar el estado de sitio o de excepción, estará marcando una vez más que la sociedad podrá compartir un territorio, pero sin atenerse a las normas comunes de convivencia que debe respetar cualquier pueblo.

Las razones que motivan estas decisiones han sido justificadas por la Organización Mundial de la Salud y por la experiencia de países como China, que lograron dejar atrás los peores días de esta pesadilla. Somos latinos y desconfiamos de la autoridad. Pero es hora de que nos deje de definir el pasado, y que empecemos a reflejarnos en el futuro. La historia tiene que cambiar, pero no por la fuerza. 

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