LA REPRESIÓN AFUERA DEL CONGRESO INCLUYÓ A DIPUTADOS Y REPERCUTIÓ EN EL RECINTO

En una tensa sesión, Cambiemos no sostuvo el quórum y naufragó la ley

Llegó a tener 129 legisladores en sus bancas durante algunos segundos. Cantado el quórum, la sesión se desmadró e incluyó insultos y forcejeos, hasta que se levantó

En una jornada de una violencia inédita en la Cámara de Diputados, Cambiemos intentó ayer convertir en ley la reforma previsional y, aunque consiguió el quórum con lo justo, no pudo sostener el debate y debió levantar la sesión. La desmesurada represión de la Gendarmería afuera del Congreso, que alcanzó a legisladores nacionales de la oposición, repercutió en el recinto, adonde los diputados llegaron a amenazarse con golpes de puño.

A Cambiemos le costó mucho alcanzar el quórum. Lo consiguió 35 minutos después del horario previsto, con el número exacto de 129 y después de que el jefe del bloque PRO, Nicolás Massot, hiciera innumerables llamados para conseguir que los gobernadores, que habían comprometido apoyo a través del interbloque de Pablo Kosiner, lo concretaran.

Pero los mandatarios provinciales especularon hasta último minuto, acrecentando la tensión. Vencida la media hora de espera reglamentaria (que usualmente se flexibiliza), el jefe del bloque del PJ-FpV, Agustín Rossi, pidió que se levante la sesión.

Mientras el presidente de la Cámara, Emilio Monzó, demoraba una respuesta y Elisa Carrió hablaba para responderle a Rossi, aparecieron los chaqueños Elda Pertile y Juan Mosqueda, que amagaron con salir del recinto pero volvieron y se sentaron. A ellos se les sumó el sanjuanino Walberto Allende y con él el tablero marcó 129. Ese número duró en pantalla 5 segundos. Los suficientes para que Monzó diera por iniciada la sesión. Eran las 14:35.

Además de los 105 diputados de Cambiemos, según informó la Secretaría Parlamentaria de la Cámara, estaban sentados el salteño Alfredo Olmedo; tres legisladores de Martín Lousteau (él mismo, Carla Carrizo y Teresita Villavicencio); tres de Santiago del Estero (Hugo Infante, Graciela Navarro y Mirta Pastoriza); el sanjuanino Walberto Allende y dos de sus comprovincianos; dos de Chaco (Elda Pertile y Juan Mosqueda); cuatro de Córdoba (Alejandra Vigo, Martín Llaryora, Juan Brugge y Paulo Cassinerio); cuatro de Misiones (Jorge Franco, Flavia Morales, Ricardo Wellbach y Daniel Di Stefano); uno de Tucumán (Pablo Yedlin); dos de Catamarca (Silvana Ginocchio y Gustavo Saadi), y Alberto Roberti, del Bloque Justicialista.

Casi en simultáneo, la oposición entró como tromba y a los gritos. Horacio Pietragalla, gaseado ayer y anteayer por Gendarmería, le reclamó a Monzó que levante la sesión porque había a esa hora diputados y diputadas siendo atendidos en la enfermería tras la represión afuera del Congreso. Entre ellos, Mayra Mendoza y Matías Rodríguez. Lo siguió Victoria Donda, con muletas tras los politraumatismos que sufrió en la pierna izquierda por los golpes de la Gendarmería en la marcha del miércoles.

En el momento de máxima tensión, se agolpaban frente al estrado de Monzó: Donda, Nicolás Del Caño y los kirchneristas Rossi, Pietragalla, Leopoldo Moreau, Adrián Grana, y Luana Volnovich. Los dos últimos dejaron sobre el escritorio del presidente los cartuchos de las balas de goma disparadas afuera. Moreau, además, le gritaba a voz en cuello ¡pelotudo! ¡pelotudo!. El grito repetido terminó con un manotazo de Monzó, que intentó pegarle, aunque intercedieron algunos de los legisladores electos que estaban esperando en la Presidencia para jurar, como Jorge Enríquez, y los separaron.

En un clima imposible, el presidente del interbloque Cambiemos, Mario Negri, insistió para intentar sesionar. En ese momento, Donda y Leonardo Grosso (Movimiento Evita) comenzaron a denunciar a los gritos que Cambiemos había sentado a diputados que aún no habían jurado en el cargo, algo que no fue posible comprobar luego en las imágenes del momento.

Graciela Camaño (Frente Renovador) se sumó al reclamo de que se levante la sesión, con la picardía de hablar sin sentarse en la banca para no sumar al número de presentes.Finalmente, ante la imposibilidad de encauzar la sesión, Carrió terminó pidiendo abortar el debate. Cambiemos intentará reconstruir desde hoy las mayorías para sesionar la semana que viene.

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