El sinuoso sendero del empleo y la política

Sabemos que el empleo tiene una fuerte dependencia del comportamiento de la economía. También entendemos la importancia de los acontecimientos en la región que enmarcan el desempeño económico y laboral. Ambas cosas son corroboradas por el reciente Panorama Laboral de OIT sobre América Latina.

Hay paralelismos que son concluyentes. Por ejemplo, el "boom" de creación de empleo caracterizó a la primera década del siglo XXI tanto en el país como en AL. Así como la disminución relativa del componente asalariado en la fuerza laboral no pasó sólo en Argentina o sólo en el gobierno de Macri.

En materia de crecimiento económico, la región tuvo peor desempeño que la media mundial tanto en los noventa como después del decenio apuntalado por la fuerte demanda internacional de productos exportables de la región. La estrepitosa caída de AL luego de 2013 es similar a lo acontecido localmente. Aquí desde 2012, en los años pares la "torta" se achicó con la particularidad de que en 2019 siguió el descenso.

En materia salarial también el desempeño resultó bastante similar: muy buena perfomance en la primera década seguida de estancamiento y declinación de la capacidad de compra del salario tanto en la región como en Argentina.

Naturalmente esta información no puede tranquilizar nuestras inquietudes (por aquello de que el mal compartido minimiza el propio) pero una vez más sirve para procurar una interpretación realista y abarcadora de las dificultades que aquejan a nuestra sociedad.

Qué sencillo sería todo si sólo se tratara de la mala gestión de un gobierno. En primer término, si hasta 2015 hubiésemos tenido una estructura productiva equilibrada, con superávit fiscal y externo, sin inflación, con fuerte demanda de empleo, . la gestión de Cambiemos por más errónea o perversa que haya sido no pudo haber producido un cataclismo.

En segundo lugar, si nos ubicamos en el escenario inmediatamente previo a la pandemia el deterioro sociolaboral observable corresponde sustancialmente al último bienio pues hasta comienzos de 2018, aunque algo enfermizo, hubo crecimiento del empleo y una vuelta a los niveles de fines de 2015 en materia de salario real. La falta de dinamismo del empleo asalariado privado no se detuvo, agravando el cuadro general. Y el mercado de trabajo creció en volumen apoyado más en el empleo no asalariado o en base al empleo precario.

El fuerte crecimiento tanto del total como de los asalariados registrados se extendió hasta 2013 pero con la particularidad de que en su etapa inicial fue mucho más intensa, seguramente en relación con la circunstancia de corresponder con la etapa inmediata a la salida de la convertibilidad con los cambios de precios relativos, incluyendo la casi dilución del déficit fiscal y con el impulso al sector externo proveniente de la recreación de la demanda externa dirigida a nuestros productos.

En promedios anuales, la creación de puestos hasta 2008 promedió más de 600.000 pero de allí a 2013 bajó a menos de la mitad (299.000). El trienio siguiente volvió a bajar a la mitad el total y también disminuyó el peso de los asalariados registrados. El promedio anual de 2016 a 2019 fue levemente superior en el total pero sostenido principalmente en el componente no asalariado y en parte en los dependientes no registrados Los asalariados registrados apenas expresaron el 10% del total.

Esto corrobora varios elementos que merecen resaltarse:

1. Los puestos totales crecieron cada vez más lentamente, con un leve repunte en el último trienio.

2. Los puestos asalariados registrados declinaron más aún su ritmo de crecimiento aunque manteniendo el signo positivo.

3. Hasta 2013 había declinación de los puestos precarios. Desde allí aumentó este componente de forma pareja en torno de los 60.000 anuales.

4. El gran peso de los no asalariados en el último trienio no sería malo en si mismo sólo que frente a la caída del Producto se agotó la demanda de empleo asalariado.

5. Todos estos cambios en la cuantía y composición de la fuerza laboral han incidido notablemente en la dinámica de los ingresos medios del sector del trabajo. La participación salarial en el producto tuvo su mejor lapso entre 2013 y 2017 perdiendo varios puntos en el bienio último.

La industria manufacturera quizás refleja con mucha intensidad todo este espasmódico proceso. Entre 2004 y 2008 aumentó su dotación total en algo más de 300.000 pero de allí hasta 2013 solo creció un 10%. Luego se estancó y cayó en 100.000 puestos entre 2016-2019. El componente de asalariados registrados fue el que soportó con mayor crudeza la continua declinación.

Sobre este marco se plantea en 2020, con toda su intensidad y dramatismo, la pandemia que se sigue cobrando vidas en casi todo el mundo y que ha implicado un inédito shock de oferta a escala planetaria. Aquí las medidas sanitarias no evitaron un desplome intenso de la actividad con cierre de empresas, pérdida de puestos y abrupta caída de ingresos, sin que se haya detenido el proceso inflacionario.

La apropiada adopción de una política económica que interprete el proceso por el cual llegamos hasta aquí es condición indispensable para atisbar un horizonte prometedor. No hay dudas que la opción salud y economía es parcial e incompleta. Estamos a tiempo de enderezar el rumbo, tirar por la borda los planteos mezquinos o sectoriales y proponer a la sociedad un horizonte y las medios para alcanzarlos. En eso la responsabilidad central está en las autoridades. Ojalá estén a la altura de tamaño desafío.

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