El peronismo en la Provincia de Buenos Aires es hoy una cinchada permanente. La imagen la regala un referente del partido en el distrito, hablando por lo bajo, porque vive la interna desde adentro. O la padece. Tal es el clima que atraviesa al espacio que los guiños de unidad de los últimos días en torno a la muerte del “Indio” Solari terminaron siendo apenas eso: rayos de sol intermitentes en medio de una tormenta que no cede.
La despedida a una de las figuras legendarias del rock argentino, que había consolidado lazos con el kirchnerismo durante los últimos años, consiguió lo que no lograron los reiterados esfuerzos de dirigentes de uno y otro lado del Rubicón bonaerense: aplacar, por una fracción de segundo, los rencores que no se disimulan entre los principales actores del espacio. Todos coinciden en que la tregua se parece más a un espejismo que a un punto de partida.
Las vueltas del destino quisieron que el fallecimiento del “Indio” ocurriera a días de una fecha emblemática para Cristina Kirchner. El 10 de junio de 2025, la Corte Suprema dejó firme la condena contra la expresidenta. La prisión domiciliaria se hizo efectiva ocho días más tarde, cuando miles de personas marcharon a Plaza de Mayo y se escuchó la voz de la exmandataria con un mensaje remoto desde San José 1111.
Desde hace días, La Cámpora lleva adelante una serie de movidas frente al departamento de Barracas de cara a las fechas del 10 y el 18 de junio. La clave, dicen, es la acumulación más que la masividad. Pero el 20 de junio, dentro de dos sábados, habrá una convocatoria a Parque Lezama, uno de los escenarios de aquellas jornadas de 2025 en las que el kirchnerismo convergió cuando se amenazaba con mudar a CFK al sur si continuaban politizando el balcón desde el cual se asomaba.
El kicillofismo no participó de los actos previos al aniversario, aunque no descarta plegarse en los próximos días. “Faltan diez días todavía”, se atajan en el Movimiento Derecho al Futuro. Todavía tienen presente que en 2025 un grupo se movilizó desde el Conurbano en solidaridad con Cristina y nadie les abrió la puerta al llegar.
A lo largo del último año, las diferencias ya expuestas entre el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y el diputado nacional Máximo Kirchner no hicieron más que crecer. Sin embargo, la necesidad de ordenar la despedida final del “Indio” puso en pausa las broncas compartidas para encontrar un lugar común que no es territorio neutral en esa interna: Avellaneda.
Así fue como, desde el viernes, Kicillof y Kirchner cruzaron llamadas entre sí y con el intendente en uso de licencia, Jorge Ferraresi, cuando primero se barajaba la cancha de Racing como escenario para la despedida. Luego, el jefe comunal propuso el Polideportivo Gatica, en el Parque de Villa Domínico, como alternativa. En ese marco, hablan de un encuentro en persona entre Kicillof y Kirchner durante el funeral, sin calidez, pero tampoco con tensiones visibles.
Despedimos al Indio con una enorme tristeza. Fue mucho más que un artista, fue un héroe argentino. Nos dio voz, ideas y poesía a muchas generaciones.
— Axel Kicillof (@Kicillofok) June 5, 2026
Nos quedan su obra y sus banderas: la búsqueda de la verdadera libertad, la alegría y la convicción de que siempre hay un futuro… pic.twitter.com/UMlCxAGWSA
El orden en el que transcurrió el funeral entusiasmó a una parte del peronismo que entiende la necesidad de cerrar la grieta interna de una buena vez para construir una alternativa competitiva en 2027. No obstante, predomina el escepticismo en las filas de ambos sectores sobre cuánto puede extenderse la tregua.
“Ojalá sea mucho más que eso. Al menos que reinstale las condiciones mínimas para un diálogo”, comentó un testigo de las negociaciones. En el fondo, admite cierto exceso de optimismo.
“Es una cinchada permanente -lo retruca una voz desde el interior de La Cámpora, con mayor crudeza en el análisis- Hay una oleada de acercamientos y alejamientos permanentes, que a veces concluyen en puntos de encuentro. Pero conociendo el paño, es efímero. Enseguida se vuelve a disipar. Y, en general, más pronto que tarde”.
De la vereda de enfrente comparten el diagnóstico. Concuerdan en que cualquier aproximación en el contexto del adiós al “Indio” Solari es apenas “circunstancial” y que, más temprano que tarde, volverá la dinámica habitual de reproches públicos y resentimientos por cuestiones irresueltas.
“No veo que esto sea un puente de acercamiento porque las tribus y las bandas siguen atomizadas. Siempre hay una factura a reclamar, que termina siendo muy dolorosa: que vos me cagaste acá, vos me traicionaste allá, vos no te manifestaste acá, vos no le pediste perdón a Cristina y así sucesivamente”, remarca una tercera voz.
Donde ninguno duda es en ponderar la prueba que superó el peronismo al organizar un evento de esa magnitud en contraposición a los resquemores de Nación y CABA. “Fuimos un público respetable”, posteó Máximo Kirchner ayer en su cuenta en Instagram, junto a un video que sobrevuela los kilómetros de procesión en calma. Todo marchó acorde al plan. Aunque el plan no parece tener, de momento, una vuelta más. Al contrario.
“Esta situación viene a refutar los prejuicios que criminalizan toda manifestación en grupo”, planteó Kicillof el domingo, mientras transcurría el velatorio público, en declaraciones televisivas. “Este es un fenómeno que, incluso, supera a los fanáticos. No sólo por su talento, sino también por su posicionamiento, por sus actitudes que también fueron tremendamente disruptivas y simbólicas en momentos duros”, añadió el mandatario.
Al ser consultado por el programa de Alejandro Bercovich en Radio Con Vos, el biógrafo del “Indio”, Marcelo Figueras, planteó que tanto Kicillof como Kirchner “entendieron que vehiculizar la despedida estaba por encima de todo”. El escritor también terció con el diputado nacional y la familia del artista en los momentos de dolor. “Cualquier otro tipo de disputa no correspondía en esta instancia”, remarcó.
De momento, allí terminan las coincidencias entre La Cámpora y Kicillof.





