El Gobierno se mete en la negociación del Brexit con un planteo que golpea la economía kelper en Malvinas

La Argentina solicitó formalmente a la UE que las islas no sean contempladas como un territorio británico de ultramar en un futuro acuerdo que regule el comercio entre el viejo continente y el Reino Unido. 

A pocos días de concretarse la salida del Reino Unido de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE), los habitantes de las Islas Malvinas mastican bronca por saberse entrometidos en la disputa de soberanía que la Argentina mantiene con Londres y podría repecutir en muy corto plazo en la economía local y en la calidad de vida que llevan en el archipiélago emplazado en el extremo sur de la plataforma continental.

A comienzos de diciembre, funcionarios de la Cancillería mantuvieron una reunión bilateral con representantes europeos en la que el Gobierno manifestó "el interés en mantener un diálogo político renovado con la UE en relación con la cuestión de las Islas Malvinas". La fórmula sintetiza el trabajo de meses y el entendimiento mutuo al que Bruselas se habría comprometido en el marco de las negociaciones del Brexit.

De acuerdo a fuentes oficiales y diplomáticas, el Gobierno insistió en que las Islas Malvinas no sean contempladas como un territorio británico de ultramar en el futuro acuerdo que el viejo continente podría negociar con el Reino Unido para regular sus relaciones comerciales, basándose en la resolución de las Naciones Unidas que admite la existencia de una disputa de soberanía, y las constantes recomendaciones del Comité de Descolonización de la ONU, constantemente desoído por Londres.

De respetarse la posición argentina, los malvinenes perderían las cuotas de acceso y la rebaja arancelaria por la que venían beneficiándose desde hace años, además de la asistencia financiera para desarrollar una economía que es extremadamente dependiente de la pesca, que equivale al 60% del PBI local.

En el Gobierno mantenían por estos días la cautela, a sabiendas que la pelota está ahora en manos de los europeos, que negocian un acuerdo a contrarreloj antes de que el 1° de enero deje de regir la legislación continental en territorio británico.

El presidente visitó Tierra del Fuego esta semana y volvió a reiterar el reclamo de soberanía.

Ante este escenario, los isleños dejaron entrever su molestia. Pese a que el gobierno probritánico ventiló las gestiones realizadas en las últimas semanas, allí admiten que su posición no fue manifiesta en Bruselas.

El primer ministro británico, Boris Johnson, envió este miércoles un mensaje a los isleños con motivo de la Navidad en la que aseguró que su gobierno ayudará a "administrar el cambio que se avecina" tras abandonar la comunidad europea, y admitió que la UE "fue absolutamente intransigente a la hora de excluir a la mayoría de los territorios de ultramar de las negociaciones comerciales de este año". No obstante, les dijo que "no han sido olvidados ni dejados atrás".

La posición oficial respecto a las dificultades económicas que esto provocará en las islas, antes que reconocer una presión para forzar a los británicos a discutir la soberanía, se sustenta en que el gobierno allí emplazado ejerce la explotación ilegal de los recursos naturales.

En reiteradas ocasiones durante las últimas semanas, el Gobierno ha manifestado que podría emprender "acciones legales contra “las actividades no autorizadas de “explotación de recursos naturales en la zona del archipiélago.

Esta semana, Fernández visitó la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur y en la ciudad de Río Grande homenajeó a los caídos en la Guerra de Malvinas. Allí dijo que "la tierra usurpada me duele tanto como a cada uno de ustedes, y valoro y quiero entrañablemente a cada uno de los que lucharon por recuperar esa tierra .

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