El Gobierno enviará mañana el proyecto de Presupuesto 2027 al Congreso. En él, plasmará la hoja de ruta para los ingresos y gastos esperados para un año que estará marcado por la presión electoral.
Hay una cosa que el oficialismo dejó clara: no negociará el ancla fiscal. El ministro de Economía, Luis Caputo, dijo recientemente ante la pregunta de si estaban dispuestos a aumentar el gasto en medio punto del PBI para el año electoral. “Tendrían que cambiar de ministro”, dijo, contundente, Caputo.
En paralelo, se espera que el Gobierno envíe el proyecto de “shutdown”, que suspende la administración pública en caso de que se agote el presupuesto. El FMI acordó una meta fiscal que la ubica en el rango de 1,4% a 1,8% del PBI para el superávit primario.
Recaudación
El desafío estará en mantener el superávit ante una caída de la recaudación que parece no encontrar un piso. En agosto, la recaudación se mantuvo sin variaciones en la comparación interanual real, según estimaron desde el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), mientras que en lo que va del año suma una caída del 3,8%.
La baja de los tributos vinculados al comercio exterior explica gran parte de la contracción, aunque no todo. De excluirse la recaudación por retenciones, que registra un desplome en el año del 28,3% -en gran parte explicado por la baja de las alícuotas- y la de derechos a la importación, la baja del total acumulado habría sido de 2,6%.

El grado del recorte de la baja se explica en parte porque persiste la caída de impuestos como IVA, que cae 6,6% en el año, pero explica más del 30% de la recaudación.
Por el esquema progresivo de baja de las retenciones, la modificación en ganancias y la vigencia plena del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), el desempeño de la recaudación estará centrado en la actividad. En conjunto, estos con otros cambios tributarios, implicarán una baja de la recaudación de al menos 1,7% del PBI.
Solo por retenciones, para 2027 se estima un costo fiscal de 0,06% del PBI, ya que actuará de forma plena la rebaja progresiva para los distintos granos.
Por la baja de Ganancias que se aprobó dentro de la Reforma Laboral, supondrán una pérdida de recaudación de 0,22% del PBI.
Por su parte, la vigencia plena del FAL, que desvía entre 1% y 2,5% de los aportes patronales hacía el mercado de capitales, implicará un costo fiscal equivalente al 0,3% del PBI. Desde el mercado, sin embargo, consideran que la forma en la que se reglamentó la constitución de los fondos, permitiría traer un alivio a la pérdida de recaudación vía las colocaciones del Tesoro. Es que la Comisión Nacional de Valores (CNV) estipuló que los fondos podrán integrarse por una cantidad por ahora acotada de obligaciones negociables y títulos provinciales, pero podrá componerse en un 100% por títulos del Tesoro nacional.
En paralelo, se espera que se incluya también un apartado sobre el costo fiscal que tendrá la vigencia del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) por los 23 proyectos aprobados. El RIGI incluye reducciones en las alícuotas de Ganancias, eliminación progresiva de retenciones y exención de derechos de importación, entre otros beneficios fiscales. Sin embargo, persiste el debate sobre si implica efectivamente un costo fiscal dado que el argumento oficial sostiene que son inversiones que sin el régimen no hubieran existido.
Gasto
La desaceleración de la inflación también se traduce en una mayor presión del gasto para el Gobierno, particularmente en las partidas como jubilaciones, una de las mayores divisiones del gasto y que tiene cláusula de ajuste por inflación de dos meses atrás. El congelamiento del bono en $70.000 comprime esa expansión.
En paralelo, el año próximo llega con un escenario en el cual el ajuste del gasto dejó de ser un aporte sustancial al superávit fiscal y se priorizó la recomposición de partidas, explicó Christian Naud, de ACM.
“Medido en precios constantes, el acumulado del gasto a julio de este año está 0,8% por encima del de 2024, lo que implica que después del ajuste de aquel año, el gasto total se estabilizó en ese nivel”, sostuvo Naud, quien agregó que en la misma comparación, los ingresos cayeron un 5,5% en términos reales, lo que se tradujo en que el superávit primario se contraiga en un 37,9% respecto de julio de 2024.
Dado que gran parte del ajuste que se dio en el primer año de gestión recayó sobre las prestaciones sociales y, en particular, sobre jubilaciones y pensiones (que representan casi la mitad del gasto primario), el cambio de la fórmula de ajuste limita que pueda seguir recortándose en ese frente. “Con el cambio de fórmula de movilidad, ese bloque comenzó a recomponerse y hoy las prestaciones están 8% en términos reales por encima del nivel de julio de 2024”, agregó Naud.

La recuperación de esa división del gasto, ante la contracción de los ingresos, hizo que se dieran recortes en otras partidas, que tienen menor peso sobre el gasto total. Es el caso de los subsidios económicos, que están 32,9% abajo respecto de 2024, el gasto en capital (-17,6%) y los gastos en funcionamiento (-7,1%).
Si bien el Gobierno asegura que seguirá con la baja de subsidios económicos, en particular energía y transporte, el resto de las partidas tienen menos margen de ajuste. El gasto en capital, ilustraron desde ACM, se encuentra en un 0,15% del PBI, nivel históricamente bajo, mientras que las transferencias corrientes a provincias están en un 0,10% del PBI, contra el 0,25% que representaban en 2023, lo que también, entienden, les deja poco margen de recorte.
“El único rubro con recorrido son los subsidios económicos, que este año fueron a contramano con una suba del 17,1% real, aunque se trata de un rebote sobre una base muy comprimida, porque siguen 59% por debajo del nivel de 2023”, agregó Naud.
Sobre el margen restante, el gasto que no tiene cláusulas de actualización es el 47% del gasto primario, 14 puntos menos de lo que representaba en 2023. Este achicamiento también plantea un desafío.
“Como este número es cada vez más chico, cualquier desvío en la recaudación se amplifica y hoy, cada punto de ingresos que se pierde implica un recorte del 2,34% del gasto no indexado para sostener el resultado, cuando en 2023 alcanzaba con un 1,44%. A esto nos referimos cuando hablamos de poco margen, ya que no es que no se pueda recortar, sino que el esfuerzo requerido por cada peso de recaudación que falta creció”, concluyó Naud.
“Para 2027, el Fondo no fija una meta anual única. El objetivo también luce exigente, dado que el gasto seguirá mostrando una elevada rigidez a la baja y seguirá con poco margen para profundizar el ajuste. La principal oportunidad pasa por una mejora de la actividad que impulse los ingresos. Sin embargo, para el próximo año proyectamos un crecimiento modesto, cercano a 2%, por lo que el cumplimiento de la meta también será ajustado”, explicó María Minatta, directora de MAP.
La mira para sostener el resultado fiscal estará centrado en el desempeño de los tributos vinculados a la actividad, principalmente IVA o Ganancias, y los del sector exportador que, a pesar de tener una alícuota reducida, se espera que compensen con mayores cantidades.




