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En medio de la guerra en Oriente Medio que impacta en precios y flujos de comercio, el Fondo Monetario Internacional (FMI) puso el foco en ordenar las cuentas públicas a nivel global y con menciones particulares para Argentina.

Los países deben avanzar en un “fiscal tidying”, un ordenamiento fiscal estructural que combine disciplina, reglas creíbles y planes de mediano plazo.

Según el último Fiscal Monitor, la situación de las finanzas públicas se deterioró en los últimos años y dejó a los gobiernos con menos margen de maniobra frente a shocks. La deuda global alcanzó casi el 94% del PBI en 2025 y podría trepar al 100% antes de fin de la década, un nivel que no se veía desde la posguerra.

En ese escenario, el Fondo advierte que “la ventana para un ajuste fiscal ordenado se está reduciendo” y que los países deberán pasar de metas generales a planes concretos de consolidación.

Kristalina Georgieva en la reunión del Foro Económico Mundial en Davos
Kristalina Georgieva en la reunión del Foro Económico Mundial en Davos

El G24 que integra Argentina planteó el martes ante la prensa en Washington DC que para mantener la solidez de las cuentas públicas, se necesita focalizar medidas y los organismos internacionales deben aportar más financiamiento, con tasas más bajas.

“El desafío fiscal ya no es principalmente cíclico, sino estructural”, señala el FMI, que marca que el aumento del gasto permanente y la debilidad de los ingresos achicaron el margen para estabilizar la deuda.

El mensaje para la Argentina

Aunque el informe no se centra en un país en particular, hay menciones para el caso argentino.

“Los anclajes fiscales de mediano plazo deberán reforzarse para contener las presiones procíclicas. Las reglas fiscales existentes deberían consagrarse legalmente para fortalecer la credibilidad”, detalla el organismo.

Carlos Guberman, en diálogo con el Atlantic Council
Carlos Guberman, en diálogo con el Atlantic Council

El FMI plantea que los mercados hoy son más sensibles a la trayectoria fiscal y que los países con menor credibilidad necesitan señales más fuertes. En ese marco, plantea “avanzar en reglas fiscales claras, anclas de mediano plazo y marcos legales robustos” para estabilizar expectativas.

El Presupuesto que se aprobó este año plantea una regla fiscal que marca que cualquier aumento del gasto tiene que tener una contrapartida de asignación de fondos. En ese contexto, el FMI plantea un “ancla fiscal” que perdure y una ley que “blinde” el superávit ante un eventual cambio de Gobierno ante las elecciones presidenciales del próximo año.

Ante el Atlantic Council, el secretario de Hacienda Carlos Guberman destacó que la Argentina “ya hizo el ajuste” y señaló que el Gobierno está “cómodo con el nivel de gasto” actual.

La deuda argentina

El Fondo señala que en algunos emergentes —como la Argentina— la deuda podría mostrar una trayectoria descendente en los próximos años, apoyada en el crecimiento nominal y la consolidación fiscal. Ese sendero, sin embargo, no está garantizado: depende de sostener superávits primarios y evitar desvíos en el gasto.

“Se proyecta que los ratios de deuda disminuyan o se estabilicen en Argentina e India, por ejemplo, respaldados por una sólida dinámica de crecimiento nominal y por la consolidación fiscal en curso”, indica el Monitor Fiscal del FMI.

El Gobierno busca volver a los mercados internacionales de deuda, aunque plantean que no hay necesidad este año con los vencimientos cubiertos. El ministro de Economía Luis Caputo sostiene que esperan la baja del riesgo país y condiciones que “reflejen realmente” la macroeconomía argentina, aunque el crecimiento entró en una etapa de estancamiento, mientras que lo mismo pasó con la baja de la inflación, que aceleró a 3,4% en marzo.

Qué es el “fiscal tidying”

En este contexto, el concepto de fiscal tidying implica:

  • ordenar el gasto y priorizar partidas
  • mejorar la eficiencia del Estado
  • ampliar la base tributaria
  • y, sobre todo, construir marcos fiscales creíbles

La lógica es evitar respuestas procíclicas —es decir, gastar más en momentos de bonanza y ajustar en crisis— que terminan amplificando la volatilidad.

El FMI plantea que las políticas fiscales deben volverse “más orientadas al futuro y estructuralmente ancladas”, en un contexto de shocks recurrentes y deuda elevada. Esto implica que las reglas fiscales —como límites al déficit o a la deuda— no solo existan, sino que tengan respaldo legal y credibilidad política.

Para la Argentina implica reforzar esos anclajes y consagrarlos institucionalmente para evitar presiones procíclicas. La advertencia es que, sin marcos creíbles, los mercados reaccionan más rápido a los desvíos fiscales, elevando el costo de financiamiento y reduciendo el margen de política.

Ajuste focalizado

El Fondo propone focalizar el gasto, como repite en los programas con la Argentina. E insiste en que cualquier apoyo fiscal frente a shocks —como subas de los precios de la energía o alimentos— debe ser cuidadosamente calibrado, focalizado en los sectores vulnerables y consistente con la estabilidad macroeconómica.

En la misma línea, el organismo advierte que subsidiar de forma generalizada “es costoso, difícil de revertir y distorsiona los precios”, por lo que recomienda reemplazar esas políticas por transferencias más específicas.