El expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti respaldó el rumbo económico del gobierno de Javier Milei, aunque cuestionó la ejecución de las medidas y criticó su política exterior, a la que definió como “arbitraria”, “demasiado personal” e “ideológica”.
Sanguinetti, expresidente de Uruguay participó este jueves del Foro de Presidentes organizado por Universidad Austral. Allí participó del panel “Cómo sostener la estabilidad democrática”, donde analizó el nuevo escenario geopolítico mundial, el debilitamiento de Europa, la disputa entre Estados Unidos y China y la fragmentación de América Latina.
En ese contexto, también dejó varias definiciones sobre la situación argentina y el lugar que debería ocupar la región frente a las tensiones globales.
El político, abogado y periodista fue titular del Poder Ejecutivo uruguayo en dos mandatos no consecutivos desde 1985 a 1990 y de 1995 a 2000.
En un mano a mano con El Cronista durante un receso de la actividad, el exmandatario uruguayo sostuvo que el oficialismo argentino “tiene un buen rumbo” en materia económica, aunque advirtió sobre problemas en la forma en que se implementa el programa.
“De la política de gobierno creo que es una política con buen rumbo. Muchas veces la ejecución es demasiado agresiva y genera conflictos inútiles. En términos económicos, el rumbo está bien”, señaló.
Sanguinetti diferenció así entre los objetivos económicos de la administración libertaria y el perfil político de Milei.
Según explicó, comparte la necesidad de bajar la inflación, ordenar el gasto público y racionalizar el Estado, aunque consideró que el Presidente argentino lleva esas ideas a una dimensión “utópica”.
“Tiene una retórica utópica, un liberalismo inexistente, imposible, una suerte de anarquismo capitalista que es un absurdo. ¿Lo está haciendo bien? No siempre”, expresó el expresidente.

Durante su exposición en el panel, Sanguinetti había planteado precisamente la necesidad de reconstruir espacios de “centralidad” política en América Latina y cuestionó la creciente fragmentación regional. “No hay una centralidad ni un espacio de diálogo”, sostuvo, al tiempo que describió una América Latina “invertebrada” y atravesada por particularismos ideológicos.
En ese marco, también cuestionó la política exterior de la Casa Rosada y el alineamiento casi excluyente con Washington. Al ser consultado por El Cronista sobre el vínculo con China, insistió en que América Latina necesita sostener una posición de equilibrio entre las grandes potencias.
“Creo que hay que buscar un equilibrio con China y Estados Unidos. Milei tiene una visión muy arbitraria e ideológica”, afirmó.
La idea había aparecido también en su exposición ante el foro. Allí sostuvo que la región debe actuar desde sus “valores y principios” occidentales, pero sin romper los vínculos económicos con Beijing. “Con China no compartimos principios, pero sí intereses”, resumió.
Sanguinetti dedicó buena parte de su intervención a describir el nuevo tablero internacional y señaló que el centro de gravedad económico ya se desplazó del Atlántico al Pacífico.
En este sentido, el exlíder uruguayo advirtió que Europa enfrenta dificultades para sostener su modelo de bienestar frente al ascenso asiático.
Para Sanguinetti, el rol de Donald Trump empujó a Europa a una creciente militarización.
“Nadie puede golpear la mesa si no tiene un soldado detrás”, afirmó.

Sobre el futuro del Mercosur, el exmandatario llamó a evitar disputas menores y a aprovechar el acuerdo con la Unión Europea.
“Tenemos que saber aprovechar el acuerdo con los europeos y no quedarnos en pequeñeces y peleas entre nosotros”, señaló en diálogo con El Cronista.
Como ejemplo, recordó el conflicto reciente en Uruguay por los cupos de intercambio hortícola con Argentina. “Los horticultores uruguayos se enojaron porque los argentinos completaron la cuota máxima de intercambio. Esas cosas hay que evitarlas”, planteó.
En su intervención ante el foro, Sanguinetti había advertido que el Mercosur perdió dinamismo tras los primeros años posteriores a la recuperación democrática y señaló que uno de los problemas históricos del bloque fue la asimetría entre las economías que lo integran.
Aun así, sostuvo que el acuerdo con Europa sigue siendo “una perspectiva interesante” para la región.





