El dilema de Mauricio que ahora aqueja a Alberto

La metáfora de la "bomba a punto de estallar" que el expresidente usaba para hablar de la economía heredada, se reconfiguró ahora con Fernández en una visión sanitaria. Explica la imagen del Presidente solitario en el anuncio de las nuevas restricciones.

Mauricio Macri se cansó de repetir a cuanto interlocutor del círculo rojo (empresarios del establishment, periodistas y hasta su hija, según reveló en su libro) por qué no insistió más con la "pesada herencia". Es el reproche por excelencia para analizar su derrota en 2019. En las páginas de "Primer Tiempo", el ex Presidente insiste que, apenas asumido, necesitaba dar una inyección de optimismo, en búsqueda de inversiones, para introducir en una economía que le dejó el cristinismo, metaforiza, al igual que una "bomba de tiempo a punto de estallar". 

El dilema del mandatario de Cambiemos pasó a ser el siguiente: como la bomba (economía) no estalló (por las medidas que tomó, es su argumento), la sociedad no llegó a comprender de lo cerca que estuvo del colapso, para perdonarle luego en las urnas la crisis que empezó en 2018. 

Ese es uno de los razonamientos de Macri en su libro. Y es justo el mismo dilema, ahora sanitario con tintes económicos, que enfrenta su sucesor Alberto Fernández desde 2020. 

Hace poco más de un año, la TV mostraba escenas dantestas en Italia de lo que  podía causar el hasta entonces desconocido coronavirus. Sin el desgaste de una cuarentena extendida, fresco, a meses de asumir, el presidente todista se rodeó de todos los gobernadores para anunciar un inédito confinamiento en el país.  Con casos contados con los dedos de las manos, la excusa era la puesta a punto de un sistema de salud desmantelado para afrontar la primera ola (se suponía la única). 

Después de meses, el razonamiento contrafáctico se valió de estadísticas cuando se llegó al límite de ocupación hospitalaria: de haber tenido menos camas disponibles (como en marzo), habría habido un colapso. Es matemática pura. Pero no deja de ser abstracta, en los papeles, no quedó grabada en imágenes. Es la misma metáfora de la bomba que estaba a punto de estallar pero que al final no estalló. 

Macri, en su libro, reprocha que gobernadores (del PJ) y bloques legislativos  ajenos (apunta sobre todo a Sergio Massa) en privado compartían su diagnóstico. Pero al final lo dejaron solo en público con su argumento para justificar medidas "antipáticas". La soledad del poder en su máxima expresión. Basta hoy comparar la foto del anuncio de marzo de 2020, rodeado de mandatarios en la Quinta de Olivos, con el video de ayer de un aislado Fernández por Covid-19 en el jardín de la residencia presidencial. Ni siquiera lo acompañaba alguien en pantalla por Zoom. 

Más cercana en kilómetros pero con la mirada argentina que suele mirar más al viejo continente, hace semanas que las noticias de vecinos como Brasil, Chile y Uruguay no causan el mismo impacto. La oposición sin obligaciones ejecutivas puede darse el lujo de insistir que lo que ocurre del otro lado de las fronteras, por mera responsabilidad social, no va a ocurrir en el país. No obstante, con más o menos nivel correspondencia al DNU, sus gobernadores acompañan la intransigencia con palabras pero no con los hechos. No pueden permitir un desborde sanitario propio pero evitan acompañar a un Presidente que se decidió a poner su rostro a las restricciones "antipáticas". Si sale mal, la culpa será suya. Si sale bien, y la segunda ola impacta menos de lo temido, todos querrán parte de la tajada. Es como dijo John F. Kennedy: "El éxito tiene muchos padres pero el fracaso es huérfano". 









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