En esta noticia
El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente ya empieza a sentirse con fuerza en la economía global y suma un nuevo dato de presión: el precio del Brent volvió a ubicarse por encima de los u$s 110 por barril, reflejando la magnitud del shock energético en curso. En ese contexto, el Banco Mundial advirtió que los precios de la energía subirán 24% en 2026 y alcanzarán su nivel más alto desde la invasión de Rusia a Ucrania, impulsando más inflación y menor crecimiento.
Según el último informe Commodity Markets Outlook del organismo, los precios de las materias primas aumentarán en promedio un 16% este año, traccionados por el encarecimiento de la energía, los fertilizantes y varios metales clave. El impacto tendrá consecuencias directas sobre la actividad, el empleo y el desarrollo, especialmente en economías emergentes.
El principal detonante es el shock en el mercado petrolero. Los ataques a infraestructura energética y las disrupciones en el estrecho de Ormuz —por donde pasa cerca del 35% del comercio mundial de crudo transportado por mar— provocaron la mayor caída de oferta registrada, con una reducción inicial de unos 10 millones de barriles diarios.
Bajo el escenario base del Banco Mundial, el Brent promediaría los u$s 86 por barril en 2026, muy por encima de los u$s 69 de 2025, aunque la reciente escalada de precios muestra un escenario más tensionado en el corto plazo.

“El conflicto está golpeando a la economía global en olas sucesivas: primero con energía más cara, luego alimentos más caros y finalmente más inflación”, advirtió Indermit Gill, economista jefe del Banco Mundial, quien subrayó que “los más pobres serán los más afectados, porque destinan una mayor parte de sus ingresos a alimentos y combustibles”.
El informe también alerta sobre un fuerte impacto en la seguridad alimentaria. Los precios de los fertilizantes subirían 31% este año —con un salto del 60% en la urea—, lo que deteriorará la rentabilidad de los productores y podría afectar las cosechas futuras. En un escenario de conflicto prolongado, hasta 45 millones de personas adicionales podrían caer en inseguridad alimentaria aguda.
En paralelo, los metales industriales como aluminio, cobre y estaño alcanzarían niveles récord, impulsados por la demanda de sectores como vehículos eléctricos, energías renovables y centros de datos. Los metales preciosos, en tanto, subirían 42% en promedio, en un contexto de mayor incertidumbre geopolítica que refuerza su rol como activos refugio.
El traslado a precios ya empieza a reflejarse en las proyecciones macroeconómicas. La inflación en países en desarrollo se ubicaría en 5,1% en 2026, un punto porcentual más que lo previsto antes del conflicto, mientras que el crecimiento se desaceleraría a 3,6%. Más del 70% de los países importadores de commodities y el 60% de los exportadores crecerían menos de lo esperado.
El escenario podría empeorar si la guerra se intensifica. En ese caso, el petróleo podría escalar hasta un promedio de u$s 115 por barril, llevando la inflación en economías emergentes hasta el 5,8%, uno de los niveles más altos de la última década.
“El espacio fiscal para responder a esta crisis es mucho más limitado tras años de shocks sucesivos”, advirtió Ayhan Kose, subdirector de Economía del Banco Mundial, quien recomendó evitar subsidios generalizados y priorizar ayudas focalizadas a los sectores más vulnerables.
¿Cuál es el impacto para Argentina?
En este contexto, Argentina aparece con un matiz diferencial. Tanto el Banco Mundial como el FMI vienen señalando que el país dejó de ser un importador neto de energía para consolidarse como productor de petróleo, lo que le otorga un mayor margen de resiliencia frente a shocks externos como el actual. Sin embargo, esto no implica inmunidad: la suba internacional de los precios igual se traslada —con distintos mecanismos— a la economía local, especialmente vía combustibles e inflación.
Por otra parte, los productores acusan ya la suba de los precios en los fertilizantes.
En términos de espacio fiscal, el FMI también remarcó que Argentina es menos vulnerable porque tiene superávit además de exportar petróleo, algo que destacó Kristalina Georgieva en la última reunión en Washington DC y que repiten los funcionarios de Economía.
El informe concluye a nivel global con una advertencia estructural: la volatilidad del petróleo en contextos de tensión geopolítica se duplica respecto de períodos normales, y sus efectos se transmiten rápidamente a otros mercados, con impacto directo en el costo de la energía, los alimentos y, en última instancia, en la pobreza.


