Dos salarios mínimos

Por qué la ropa en la Argentina sale tan cara: un tapado cuesta igual que un alquiler en CABA

La distorsión de precios en la Argentina hace que sea posible comparar el precio de alquiler en la Ciudad de Buenos Aires con algunos artículos de indumentaria en liquidación. Aun así, el segmento crece a dos cifras después de la crisis que se vivió el año pasado.

Aunque los días fríos están lejos de irse, las marcas de ropa ya están presentando la preventa de sus colecciones para la temporada de primavera-verano que, luego de varios meses en caída de ventas por la pandemia, esperan resurgir con nuevas ocasiones de uso y consumidores vacunados.

Pero si se pasea por los principales shoppings del país y al entrar a las tiendas online, los precios asustan. No es raro ver, entre primeras marcas, vestidos por $ 15.000, jeans por $ 10.000 o shorts por $ 8000. Hasta una remera básica de algodón se exhibe por $ 3000.

Y la temporada de invierno tampoco se quedó atrás. En centros comerciales, las principales marcas mostraron tapados por $ 25.000 o sweaters por $ 12.000. En abrigos de géneros como el cuero, por ejemplo, los precios superaron los $ 40.000 incluso, casi dos salarios mínimos. 

Según el último Índice de precios al consumidor que publica el Indec, la categoría de prendas de vestir y calzado en junio vio un aumento interanual del 65 %, muy por encima del nivel general de 50,2%. Fue de las categorías que más aumentaron, junto con alimentos y bebidas no alcohólicas y bebidas alcohólicas y tabaco.

Y en este rubro, el tira y afloje constante está en cómo se componen los precios de cada prenda que, históricamente, tuvieron un gran componente impositivo. Pero en el último tiempo, también sufrieron el efecto de la pandemia.

Según el Semáforo de la Industria Argentina de la Indumentaria de julio que publica la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), después de casi un año y medio de pandemia, la industria de confección de ropa nacional está comenzando a normalizar su nivel de actividad, aunque sigue parcialmente restringida por los protocolos sanitarios.

La superación de los peores momentos de la pandemia habilita la normalización de la producción en el sector, que, según el organismo, quedó muy afectado por la escasez de materia prima, los cierres y los protocolos sanitarios.

Sin embargo, la fuerte contracción de las ventas explica que esta industria aún está fabricando 20% menos unidades que en el mismo período de 2019, previo a la pandemia. "En adelante, el aumento del poder de consumo de la población argentina se torna una condición necesaria para la recuperación de nuestro sector. Mientras tanto, la política pública debe continuar asistiendo a nuestro sector, uno de los más castigados en los últimos años, para garantizar la supervivencia de la mayor cantidad de empresas y puestos de trabajo formales", explica el comunicado.

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Presión tributaria

La situación, que se nota especialmente con prendas de ticket alto, se da principalmente por dos variables, según explicaron a El Cronista referentes del sector: la fuerte carga impositiva que soporta la producción de las prendas y la suba de precios para importar la materia prima con la que se los fabrica.

Al explicar por qué se dan estas distorsiones los empresarios son muy claros. La presión tributaria tiene una presión muy grande en la formación de precios. Mientras que el público solo ve el 21% del IVA discriminado en su ticket fiscal, hay otros impuestos detrás, como el 1,2% del Impuesto al cheque, el 2% del arancel de la tarjeta y el 5% de Ingresos Brutos.

La financiación justa tiene también un rol importante. Las cuotas nunca son sin interés porque el precio final ya tiene sumada una proyección inflacionaria para la recompra y reposición de stock. El costo financiero de un programa como el Ahora 12 alcanzó casi el 10% del valor. Y en un shopping, el alquiler puede redundar también en un 23% de aumento de costos.

Pero, por supuesto, el reclamo de los precios no es nuevo. Para explicar más en detalle por qué los precios son elevados la fundación Pro Tejer hace una descomposición del precio de la ropa:

"Supongamos que un local de cualquier marca, con local en un shopping, vende una remera a $ 600. El 50,3% de ese valor se destina a impuestos. Ellos corresponden a las distintas etapas de producción y comercialización de la prenda. Se contempla el IVA, Ingresos Brutos, Impuesto a las ganancias, a los débitos y créditos bancarios entre tantos otros", asegura la organización.

Además, puntualiza que el 12,7% se destina al pago del alquiler del local comercial, a lo que se le suman expensas, fondo de publicidad inicial y mensual del shopping, llave de contrato, y otros gastos. El 12,2 es la incidencia del sistema financiero por operar con tarjetas de crédito o débito. El 9% se utiliza para el pago de los gastos asociados a la logística y comercialización.

Según Pro Tejer, apenas el 4,8% del valor de la remera es rentabilidad de la marca comercial. El 2,8 es la participación de las actividades de diseño y publicidad que son herramientas indispensables en la comercialización de este tipo de prendas de marcas reconocidas.

Finalmente, la industria que hizo la remera se lleva sólo el 8,5% que corresponde al costo de fabricación de la prenda de vestir preparada para su venta final. 

UN TAPADO VALE LO MISMO QUE UN ALQUILER 

En un país donde ya no se sabe qué es caro y qué es barato, la comparación es inevitable. Si se ve el precio de los alquileres según los datos publicados en el sitio Zonaprop, el promedio para los departamentos de dos ambientes es de $39.211, un precio similar al que se encuentra publicado un tapado de primera marca. 

 Un abrigo de la marca Cher, actualmente en liquidación en su sitio con un cupón de descuento, vale en promedio lo mismo que un alquiler de un monoambiente. No es el material: si se busca el precio de un saco Montgomery en Mercado Libre, se encuentra con que en algunos casos llega a valer por encima de los $41.000, mientras que abrigos más simples -cómo las camperas acolchadas- pueden tener precios de más de $20.000. 

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Comentarios

  • CA

    Claudia Analía

    31/07/21

    EL PROBLEMA ES QUE LOS ARGENTINOS GANAMOS LA TERCERA PARTE DE LO QUE CORRESPONDE. NO PUEDE SER UN SALARIO MÍNIMO VITAL Y MÓVIL DE $28.000. Solo losmalditos políticos viven bien. Y LA CH0RRA NI TE KUENTO....

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