Entrevista

Del Plan Austral al "uno a uno" y las AFJP: las lecciones al presentar medidas y consejos al próximo Presidente

Los autores del libro "Puede Fallar", el consultor de comunicación Gabriel Llorens y el economista Andrés Borenstein analizan los errores al presentar las medidas económicas en los 40 años de democracia y la cocina de las decisiones. Los consejos para el próximo presidente

En medio de la contienda electoral y de cara a un próximo Gobierno que "tendrá que hacer reformas" donde el panorama para la Argentina en el 2024 sigue siendo duro, el economista Andrés Borenstein y el experto en comunicación Gabriel Llorens presentaron el libro "Puede fallar", donde analizan los errores y aciertos de la comunicación política y económica desde el regreso de la democracia.

-Una de las primeras máximas que aparecen en el libro es: "el que dice la verdad, pierde?". ¿Cómo ven en este contexto de campaña esta frase?

-AB: El prólogo que empieza con la famosa frase de Menem "si yo hubiese dicho la verdad de lo que iba a hacer, nadie me votaba". Me parece que es cierto pensando en el ‘89 pero dudo de que sea cierto hoy. Hoy hay redes sociales, una comunicación distinta, donde no se necesita que un carpetazo te lo haga la SIDE, lo hace cualquiera que te siguió en Twitter. Es muy difícil decir que vas al norte y después arrancas y te vas al sur.

La sociedad quiere historias fáciles. Cuando yo te digo el camino por delante muy bravo porque tengo que devaluar, tengo que ajustar tarifas, eso me saca de la cancha. El que miente mucho ya no va, pero me parece que la sociedad quiere una verdad un poco edulcorada. Cuando Milei dice "la dolarización" y la gente se copa sin entender mucho qué es ni que implica ni nada por el estilo, él no dice todo lo que implica dolarizar. No es lo mismo mentir que no decir toda la verdad. Mintiendo descaradamente no llegas porque después no podés gobernar.

El salud entre Milei y Massa tras el debate

-GL: Arrancamos con eso como pregunta, diciendo "entonces es negocio engañarse". Pero también va ganando la transparencia, sobre todo en la conversación alrededor de la economía para que sea más justa. Hoy no se puede dar lo que contamos de (el ex ministro de Economía de Raúl Alfonsín, Juan Vital) Sourrouille que estuvo tres meses armando un plan alternativo para el FMI mientras negociaba con el gobierno de EE.UU. y ajustaba el Plan Austral verdadero. En tiempo de celulares no es posible un ministro armando durante meses un plan en secreto.

-En estas últimas semanas, ¿detectaron alguna falla fuerte de comunicación en las propuestas?

-AB: Las propuestas económicas en campaña son distintas. Nosotros analizamos los gobiernos gestionando y no en campaña. Hoy creo que la economía no te agrega ni te quita votos. En el círculo rojo y el periodismo, vas a encontrar quien quiera conocer el detalle, pero el problema es que hoy el receptor del mensaje no está porque los medios los consume el círculo rojo y la votación no se gana ahí. El éxito de Javier Milei es que no explicó nada, fue TikTok. Antes una nota en el prime time podía cambiar la campaña. Hoy no creo.

GL: En esta elección tenés por primera vez un ministro de Economía como candidato y un economista enfrente. Si bien la ejecución del plan económico no cambia un voto, la preocupación casi excluyente es la economía. Cuando arrancamos la democracia decíamos que fue la única elección en la que la economía no fue lo importante. Está claro que estamos discutiendo soluciones a la crisis, nada más.

-Se cumplen 40 años de democracia y quizás se esperaba que hubiese más referencias al aniversario. ¿La crisis económica le robó protagonismo?

-GL: No estamos ni recordando demasiado a Alfonsín ni discutiendo la democracia porque creo que no está en discusión. Y no va a estarlo. Estamos muy lejos de que la Constitución esté en riesgo. Sin duda el boletín de calificación de la democracia en materia económica es muy negativo porque son muchos los pendientes. Me parece más urgente que encontremos una solución y que la democracia encuentre un camino de desarrollo y una serie de bases de consenso para un proyecto económico razonable que va a ser complejo. Pero también están el Congreso y la Corte.

Sourrouille y Alfonsín en los '80

-¿Es difícil para los políticos bajar el mensaje económico? Hubo otro momento donde también fue tan prominente la figura de los economistas o de los ministros?

GL: Cuando presidente y ministro funcionaron en tándem, la comunicación fue mejor. Un presidente con liderazgo político y un ministro de Economía que explicara lo técnico. Puede haber sido el arranque de Alfonsín, incluso Eduardo Duhalde o Kirchner-Lavagna.

AB: Kirchner, que entendía probablemente más de Economía que el promedio de sus antecesores, quería ser su propio ministro. Pero se dio cuenta de que la gente lo quería a Lavagna. En campaña la relación de Carlos Menem con Domingo Cavallo generó cierto affectio societatis y cuando Alfonsín decidió sumar a Sourrouille también tuvieron una relación muy simbiótica pasó a ser una relación muy cercana. Es el caso interesante de (Amado) Boudou que pasó de ministro a vicepresidente y que se anotó el poroto de haber estatizado las AFJP que en el mundo kirchnerista vendió bien, sumó porotos. Cuando Axel (Kicillof) estatizó YPF aunque hoy tenemos un juicio por u$s 16.000 millones, eso eso le dio millaje Axel que después se transformó.

GL: Los economistas, incluso cuando se van exitosos, nunca logran perforar el 15% de intención de voto, como Cavallo que se enojó con el resultado. Lavagna intentó varias veces y no llegó. El único que juntó votos es Kicillof, es uno de los casos que logró transformar el saber técnico en votos. En el caso de Boudou, los votos eran de Cristina.

-En el libro van dejando lecciones, ¿cuáles son tres que tienen que tener en cuenta quien gane?

-AB: La comunicación es parte de la historia. Si tenés una política inconsistente, por buena que sea la comunicación, no hay milagro. Uno no espera que el ministro se dedique todo el día a atender periodistas pero es parte de la historia y hay que tener una estrategia adecuada, contar con un buen vocero, pero también tiene que el ministro o su equipo senior estar encima de los temas y pensar en el impacto, qué van a decir los medios internacionales, los locales, las redes. Eso es sumamente importante porque eso impacta en las expectativas. 

-GL: Eso mismo se tiene que dar para el público interno. Nos encontramos muchos ejemplos de que se pudría primero por la interna y después se pudría todo. Primero comunicá y convencé al interno. Después lo que planteaba Andrés. 

Y una tercera, en los momentos de crisis, hay poco para elegir. Cuando la casa está bien, es cuando elegís realmente y ahí la empiojamos. Por lo general son los años terminados en 6. En el 86, cuando al Austral le iba bien, la pudrimos. En el 96 después del Tequila hubo un intento de retocar la convertibilidad y había margen para evitar lo que después fue un estallido. En 2006, cuando se va Lavagna, era un momento donde la economía crecía, donde había superávits gemelos, inflación anual de 12%. Era momento para tomar decisiones correctas y en esas situaciones de 'calma' la decisión fue chocarla en lugar de pensar más en el mediano plazo.

-¿Y ejemplos de buena comunicación?

-AB: el plan de Menem-Cavallo tuvo en el principio el famoso "preparando el terreno". Es clave cuando hay que hacer las reformas. De alguna manera, la sociedad te lo pide. (El periodista Bernardo) Neustadt ayudó. Decía el Estado tiene que hacer lo que es indelegable salud, educación, seguridad y justicia todo el resto el mercado lo va a hacer mejor. Lo dijo tantas veces y la electricidad no funcionaba, los teléfonos tampoco funcionaban, había cortes rotativos. Menem, que era muy intuitivo, interpretó eso bien y tenía carisma para comunicar. 

Cuando asume Cavallo, miraba a cámara con sus ojos saltones y tiraba frases para el mercado, frases para "doña Rosa", hablaba de la importancia del centavo en medio de la inflación y además lo tenía a Menem. Él le explicaba la medida y Menem salía a comunicarla. Ese tándem, con Neustadt también, fue bueno. También el relato kirchnerista desde el lado comunicacional, funcionó.

Comunicación para cada público, la lección de Domingo Cavallo

-GL: Después de la guerra con el campo, Cristina estaba liquidada en términos de imagen positiva. Estaba al nivel que tiene Alberto hoy. El Gobierno recuperó recursos económicos con la estatización pero también con la construcción de un relato y una épica muy eficiente. Fue muy interesante la charla que tuvimos con Lavagna, que nos dijo que en el momento de crisis, un poco incluso por personalidad, había que tener una comunicación muy sobria, muy basada en hechos muy de ir mostrando paso a paso. Para volver a reconstruir algún tipo de esperanza en un proyecto económico, va a tener que ver con gestos, acciones, ir mostrando resultados paso a paso más que querer vender de entrada un gran relato

-Después de declaraciones como que el dólar siga subiendo para que facilite la dolarización, de Milei en Mar del Plata, ¿recuerdan otros ejemplos de comunicación ‘perversa'?

-AB: Hubo algunos, como Alberto (Fernández) diciendo que el dólar se iba a ir a 60 en las paso. Los radicales le echan la culpa a Cavallo de que le habló en algún momento con la gente del Fondo para que no le dé más plata, algo que Cavallo niega. También el caso del "dólar recontra alto" de Guido Di Tella. Después lo mandaron a la embajada americana, que no fue tan mal. Si soy candidato a Presidente tengo una responsabilidad y me tengo que poner en el contexto. En una democracia cada uno puede decir lo que quiera y para mí Milei no cometió delito alguno, no es un no debería ser un delito, pero no es muy responsable.

-¿Cuál es el mejor canal para encauzar la comunicación hoy?

-GL: Por todos lados ahí. En campaña TikTok es eficiente pero no te jugás el partido ahí. Sea el que sea el que el que el que gane va a tener que comunicar cosas complicadas va a tener que vender futuro, va a tener que generar confianza, va a tener que decir muchachos, vamos para allá. Va a tener que como decía Fernando Enrique Cardozo, "Gobernar es explicar" y va a tener que explicar mucho. Primero la interna tener ordenado el rumbo hacia la interna y que la interna esté muy convencida de para dónde vas y después comunicar por todos los canales. Nos hizo mucho hincapié Jorge Remes Lenicov que decía que, en medio de la crisis de 2001, lo único que me importaba era que el Congreso entendiera que la Corte Suprema entendiera lo que yo tenía que hacer.

Remes Lenicov y la comunicación para el Congreso y la Corte en la crisis de 2001

-AB: Tiene que ser un mensaje absolutamente coherente y que salga de todos tus voceros al mismo tiempo. No es fácil. En los 80 tenías que hablar con (el dueño de Canal 9, Alejandro) Romay y con eso más o menos ya estaba y ahora vos tenés este 50 millones de celulares, que de tanto contenido no solamente.

-¿A quién le recomendarían para bajar el mensaje porque mostró comunicación clara?

-AB: No es uno solo porque necesitás distintos skills. Lo entendió Lavagna con su estilo, también Boudou, Alfonso (Prat Gay) e incluso (Hernán) Lacunza, que comunicaba con tranquilidad. Miguel Peirano subió las retenciones y nadie se dio cuenta y cuando su sucesor (Martín) Lousteau subió las retenciones, se armó un quilombo bárbaro. Machinea tenía el colorado (Miguel) Bein que le hacía mucho el laburo ese de relacionamiento con los periodistas. No hay una receta pero hay que buscar un team interdisciplinario. Hay que tener una estrategia, no es solamente atender a todos los periodistas o hablar con la prensa.

-GL: Gane quien gane va a tener que ser un Gobierno de reformas, claramente un gobierno que recupere iniciativa y que con una sociedad cansada y con poca paciencia, pues ahí la tentación desde el punto de vista de comunicaciones a usar muchos tiros de colores. Me tienta más pensar en perfiles de solidez y bancada. Que el Gobierno comunique el rumbo si tiene que encarar reformas. Me imagino un poco de Lavagna en la primera parte, y bajarle el tono a la conversación sobre la crisis.

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