La cadena de pagos está alerta sobre posibles rupturas mientras se sostiene el aumento de la morosidad de las familias. La industria ya reporta impagos y los fabricantes advierten que sus canales de venta comenzaron a posponer los pagos.
La tasa de morosidad entre las familias trepó al 10% en los préstamos y al 22% en las entidades no bancarias. La baja de tasas podría ayudar a aliviar esta situación, consideraron desde el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), pero para reducir la tasa de los niveles actuales se deberían “licuar con nuevos préstamos y un crecimiento de los salarios real, algo que recién será posible a partir del segundo trimestre”.
Dadas las cosas, la evolución de los impagos trepa en la escala productiva y ya pasa de los comercializadores a los productores.
Los industriales advierten que la mora en las empresas no es dramática, pero sube, principalmente desde el período electoral del año pasado y la suba de tasas que generó el encarecimiento del crédito, cruzado con la caída de la demanda.
A ese combo, suman la competencia importadora que termina de captar los consumos todavía activos. Las deudas se presentan principalmente en impuestos, con menores consecuencias para la empresa pero que dificulta el objetivo del Gobierno del superávit fiscal.
Las empresas venían de funcionar con rentabilidad comprimida por el aumento de costos fijos, principalmente en servicios. La coincidencia es que la preocupación principal es la demanda. Sin esa reactivación, ven difícil una recomposición de la situación de la morosidad.
Según la Asociación para la Pequeña y Mediana Empresa (APYME), en enero 2026 se registraron 137.576 cheques rechazados por falta de fondos, 51% por encima del año anterior.
La irregularidad en las empresas pasó del 0,8% en enero 2025 al 2,7% en enero 2026, observó Analytica y advirtió que al observarse la composición del crédito según sector, tamaño y cantidad de empresas se evidencia que la mayoría enfrenta condiciones más adversas que las grandes compañías.
La irregularidad de la cartera fue del 2,7% en enero, 0,2 puntos más que en diciembre, pero el mayor aumento fue en los créditos con problemas o de riesgo medio.
“La situación de crédito de las grandes empresas tiene una mora muy baja, apenas 0,9%, entre otras cosas porque cuentan con más herramientas para gestionar las necesidades de caja y tienen acceso a mayor y mejor financiamiento. Las PYMEs, que suelen tener un costo de fondeo más elevado, tienen mayor sensibilidad al comportamiento de la demanda y son más propensas al uso del crédito como medida de sostenibilidad de corto plazo, allí la mora sube al 4%”, subrayaron.
Algo similar ocurre al evaluar los montos. El 12,9% de las sociedades jurídicas tenían una deuda en situación irregular y el 3,4% tenían una obligación en mora temprana. Pero el relevamiento en saldos indica que el 96,1% eran deudas en situación normal. Esto da cuenta de la concentración del crédito.
Al observar por sector, los ganadores (minería, hidrocarburos e intermediación financiera) tienen deudas más altas, pero con tasas de morosidad debajo del 1%.
En el sentido contrario, la industria registró una morosidad de 3,6%, con disparidad al interior: refinamiento marca un 1,4%, mientras que textil tuvo una morosidad de más de 7%. Moliendo y curtido de cuera marcan una irregularidad del 43,3% y 40,7% respectivamente. Los fabricantes de metal registran un 1,9% y los de alimentos, un 1,1%.
Un industrial deslizó que el Gobierno podría aplicar una medida concreta para aliviar las deudas: los impuestos del costo financiero total. La diferencia puede alcanzar hasta 17 puntos porcentuales por la acumulación de tributos.
Otros se centran en que baje la tasa de interés como sea y que haya mayor circulación de pesos en el mercado que ayuden a reactivar la demanda, aunque el costo sea mayor inflación. Esta opción quedó prácticamente desterrada luego de que el presidente Javier Milei dijera en el Argentina Week al presidente del Banco Central Santiago Bausili que le iban a salir dólares por las orejas y que aproveche a comprar pero “con cuidado” para que no vayan a la inflación.
La baja de la tasa por sí sola no aliviaría los niveles de endeudamiento actuales, salvo que se dé un refinanciamiento de los créditos.








