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Alberto y el sueño de que mis hijos quieran los pesos

A nivel país, el brindis de fin de año debería ser más o menos unánime en línea con pegarla con un plan económico que nos permita bajar la inflación para siempre y recuperar una moneda nacional, como resultado de un proceso de crecimiento y estabilización duradero que saque gente de la pobreza, promueva la inversión y el empleo y reviva el crédito hipotecario, por decir algo.

Porque no sé si les pasa a los lectores de esta columna, pero a este ritmo, nuestros hijos -los más grandes míos hoy tienen 7 y 9 años- directamente no van a conocer el peso o como se llame lo que se imprima en nuestro país en un futuro no tan lejano.

Si la desconfianza en nuestros papeles con cara de próceres o animales ya es un drama de la actualidad, al punto que todo lo que circula lo queremos transformar de forma compulsiva en bienes o monedas extranjeras con todo los males que ello nos traen, el tema puede dar otra vuelta más a partir del impacto de la tecnología en la cabeza económica de las nuevas generaciones.

En las cartas a Papá Noel este año hubo pedido de algún juguete, sí, pero fundamentalmente en casa los interesados hicieron hincapié en que querían "mil pavos" y "mil robux".

Es decir, encargaron monedas digitales para sus juegos en la compu: unas unidades que se usan en el primer caso en el Fornite, el éxito de la firma Epic Games, y en el segundo en la plataforma Roblox, donde incluso los usuarios pueden crear sus propios desarrollos, siempre con la chance de interactuar con amigos en tiempo real, si es que entiendo bien todo este universo de entretenimiento y negocios. Hay que hacer un esfuerzo.

Me crié en los salones de Playland de Almagro y hoy me desayuno en una galaxia de la mano de los gigantes del gaming que cotizan en la bolsa de Estados Unidos mientras nos cambian los hábitos en la notebook del living.

Como sea, por ahora, los chicos sólo saben que con esos pavos y robux pueden hacerse de personajes especiales para las partidas y también que pueden acceder a accesorios digitales para sus experiencias como también cuando juegan a hacerse una casa tienen la chance de adquirir muebles virtuales para las habitaciones y cosas así.

Yo les explico que todo eso se paga con los pesos que le dan al padre por su trabajo -hola, esta nota- a través de la tarjeta de crédito que cancela el importe en divisas que salen del Banco Central, a razón de unos 8 dólares por una luca de pavos o 10 por 8 gambas de robux, siempre más impuestos.

Creo que les cae la ficha, pero a los pocos días se los gastan, justo cuando empiezan a meditar qué regalo pueden llegar a querer ahora para reyes magos.

En pocos meses o a lo sumo tal vez en unos años más, van a descubrir apenas con un gugleo que existen sitios donde se pueden transar los saldos en esas monedas recontravirtuales que les quedan por "perder el tiempo jugando", como todavía dice mi mente seteada en otra época.

Y que a dos clicks de ahí tienen, tal vez, la chance de transformar esa plata ficticia que surge de un pasatiempo siglveintiunesco en cualquiera de las miles de criptomonedas que existen, como el megaconocido bitcoin o el ethereum de abrupta popularidad por la visita en estos días de su creador, Vitalik Buterin.

A propósito, este ruso veinteañero hijo de canadienses con cara de arreglador de PCs medio nerd y ojotas de me-importa-un-pito-la-moda, vino de visita a la Argentina para conocer de primera mano un país con inflación, que bastardea su moneda y al mismo tiempo con furor por los criptoactivos.

Todo un campo de estudio viviente para él, que cuenta la leyenda jugaba a un juego en línea con monedas propias y cuando en un momento sus desarrolladores cambiaron las reglas se hinchó y dijo "ma sí, yo creo mi propia red descentralizada con su propia moneda y punto".

PRESUPUESTO NO, FOTOS SÍ

Sobran las elucubraciones sobre cómo todo este terremoto financiero vanguardista que sacude al mundo puede impactar en los comportamientos de un país con problemas viejos y repetidos como el aumento sostenido de los precios o las crisis recurrentes por falta de divisas y con más defaults que finales de mundiales jugadas.

Hay quienes sueñan con que la revolución cripto contribuya a una nueva cultura para bajar la inflación. Algunos se preocupan porque se trata de un ducto inhallable para las autoridades que tratan de encontrar el dinero mal habido o simplemente cobrar impuestos.

Aparecen quienes creen que "las cripto" no son ni más ni menos que el blue de las nuevas generaciones, donde se canalizan ahorros fuera del sistema. Y están los que dicen todo es muy prematuro, que esto es una burbuja que va a detonar y sólo quedará como una alternativa monetaria guiada por los bancos centrales tradicionales que además apostarán por sus propias emisiones digitales, las llamadas "govcoin" que llegaron a la tapa de The Economist no hace tanto.

Pero lo que es seguro, es que nada de lo que ocurra en ese mundo podrá convencernos rápidamente a mí o a mis hijos de que quieran tener los pesos, el signo monetario que se supone debería unirnos porque la usamos como medio pago, como unidad de cuenta y -lloremos- deberíamos querer tenerla como reserva de valor. En ese punto no hay Buterin en ojotas que valga.

Es el deseo del brindis del principio: sólo un plan económico sin humo y lejos de los eslóganes facilistas hará que cuando salgan del Fortnite o de Roblox los chicos digan "pesos" con la familiaridad y la pasión con que dicen "pavos", "robux" o, tristemente, ya también "dólares".

En ese punto, el Gobierno prepara otro intento en su estrategia de una semana sí, una semana no respecto de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional como idea de ordenamiento macro y despeje de horizonte financiero.

Desde aquél día de las elecciones en el que Alberto Fernández trazó la hoja de ruta de "vamos a un acuerdo con apoyo de todo el Frente de Todos", ha habido más zig zags que en un auto de borracho. La vicepresidenta lo intimó en público, el día del "comprométase" a no arrodillarse.

El Presidente se lo respondió casi en vivo, con el "tranquila Cristina". Luego parecía que había presupuesto y plan plurianual, y todavía nada. También se prometía pacto antes de fin de año y ahora estamos atados a que terminen las vacaciones de los burócratas del FMI. Y así.

En ese tren, atenti con la semana que viene. La Casa Rosada tratará de hacer catarata de muestras de respaldo como para hacer ver, como hizo con el Consenso Fiscal, que la cosa sigue en marcha. A falta de presupuesto, buenas son las fotos. Ya trascendió que se buscará otra imagen con gobernadores en respaldo a un acuerdo.

Además, ahora El Cronista pudo confirmar que se vienen más gestos. Habrá otra edición de morfando con el capital, con referentes de compañías que respaldan el planteo macroeconómico del ministro de Economía, Martín Guzmán, ahora que vuelven a aparecer ruidos por el manejo de los precios regulados y los subsidios.

Y también podría sumarse a la galería alguna representación del mundo gremial que respalda al jefe de Estado. Atención, los optimistas del albertismo no quieren escuchar de internas ni de más complicaciones: redoblan la apuesta ante algunos hombres de negocios y hablan de "acuerdo sorpresa en el verano" antes de lo previsto. Un ok del staff para la primera quincena de febrero. Nadie termina de tomarlo en serio.

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Comentarios

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  • LRM

    luis ribas morad

    02/01/22

    Albertito si queres que tus hijos quieran el peso argentino, toma las decisiones que debes y pone a trabajar al equipo que tienes que para eso te estamos pagando el sueldo, y por ultimo, depende de joder que nuestro país se esta destrozando cada dia mas rápido por las impericias y negligencias que generan ustedes y su política barata

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  • DMM

    Diego Murphy Murphy

    30/12/21

    mi sueño es que tu mandato termine lo mas rapido posible antes de que sea demasiado tarde

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  • DMM

    Diego Murphy Murphy

    30/12/21

    tal vez tu hijo que esta en la panza, cuando tenga 80 años, si en el futuro dejamos de tener presidentes nefastos como vos, pueda querer pesos

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