Un festejo acotado en el Gobierno y mensaje de prudencia: recién empezó el partido

El éxito de la negociación con los acreedores externos iba a ser el puntapié de la administración abertista en el mundo precoronavirus. Ahora el oficialismo apuesta a sobrellevar la crisis sanitaria y a la reactivación económica. 

Sorprendió Martín Guzmán  cuando ingresó en el segundo tiempo en un partido en la Quinta de Olivos en la era precoronavirus: el ministro de Hacienda metió un "golazo", según lo calificó tiempo después Alberto Fernández , Presidente y arquero que no pudo ni amagar a atajar ese pelotazo al ángulo.

El esperado "gol" de Guzmán con la reestructuración de la deuda externa iba a ser el hito de los albores de la administración albertista. El ansiado acuerdo con los bonistas, soñado en diciembre, estaba destinado a ser el puntapié de la reactivación económica, la solución a la mentada "herencia" macrista de la que el Jefe de Estado evita hablar pero no puede dejar de hacerlo.

Pero en marzo llegó el coronavirus  a la Argentina. Por eso, el acuerdo marca un camino pero con un mensaje presidencial de prudencia: hay otra crisis, la sanitaria, que lejos está aún de ser saldada. Ese fue, parafraseado, el mensaje que Fernández le envió esta mañana a los ministros en el grupo de WhatsApp: el "logro" fue colectivo pero todavía falta recorrido.

¿Va a haber relanzamiento de la gestión? "Todavía estamos en pandemia", es la respuesta que da un integrante del coro estable de la residencia presidencial. No sólo por la crisis sanitaria, con un pico de contagios que al final llegó; también por sus repercusiones económicas.

"Acá nadie descorcha. Hay que trabajar y gestionar. Nos queda el Covid-19  y recuperar la economía", aportan desde la Casa Rosada. El mantra parece ser el mismo: hay satisfacción pero no euforia. "Estuvimos de pretemporada hasta recién, ahora empieza el partido", aportan otra metáfora futbolera. "Hemos recuperado autonomía de decisión y de definir qué país queremos", fue la analogía que prefirió, en público, Fernández.

En el chat grupal, sus compañeros de Gabinete aprovecharon para felicitar al titular de Economía, cuyas acciones repuntaron al ritmo de los papeles argentinos en Wall Street. Guzmán, para bien o para mal de algunos, trazó una vara para el resto de los ministros con los objetivos que se impusieron.

En público, horas más tarde, fruto de la casualidad, en un evento simbólico de la nueva impronta albertista que pretende darle a su administración pospandemia, con el relanzamiento del Procrear, una de las 60 medidas prometidas de reactivación, el Presidente destacó que el éxito de las negociaciones "no fue de Alberto o Martín", sino de cada integrante de Frente de Todos. Un intento de hacer partícipe de la victoria parcial a cada socio de la coalición, como para dejar de lado cualquier diferencia de los últimos tiempos.

Dentro del oficialismo hay quienes que reprochan que ahora serán todos amigos del campeón. A fin de cuentas, más allá de alguna intermediación de Sergio Massa con el fondo BlackRock, que generó algún ruido interno, fueron Fernández y Guzmán los que encabezaron las negociaciones. Y así terminaron: el Presidente se fue a acostar a las 3 de la mañana, después de que el ministro acordara el comunicado oficial por Zoom con la negociadora Jennifer O'Neill.

El mensaje todista de Fernández no deja de ser, también, unas líneas subliminales dirigidas a los propios que habían perdido un poco de fe en los últimos tiempos: aquellos que hablaban de una gestión paralizada.

El evento en Olivos sirvió para revalidar su sociedad con Cristina Kirchner , una de las pocas que conoció de primera mano la última última oferta a los bonistas: más veces de las necesarias recordó Alberto F. que el Procrear surgió durante su segundo mandato.

 

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