Un discurso con señales y límites a la Casa Rosada

La Sala de Audiencia del cuarto piso del Palacio de Tribunales estaba repleta, a tal punto que varios debieron seguir el acto de apertura del año judicial desde una pantalla montada afuera del salón. La gran mayoría de los más de 160 asistentes eran del clan judicial, pero el mensaje de Ricardo Lorenzetti a diferencia del año pasado no solo fue dirigido a ellos. En un duro discurso, el presidente de la Corte Suprema tomó postura y repasó los temas más calientes de la actualidad. Y aunque fiel a su estilo no dio un solo nombre, eso no evitó que sus críticas sean bien directas hacia el gobierno nacional y local, los legisladores, las empresas y claro, los jueces.
Envió una fuerte señal a la Presidenta, después de que Cristina Kirchner pidiera que la Justicia resuelva en 15 días las pericias sobre la tragedia de Once. Hay que evitar que las tragedias ocurran. Acá los problemas no se solucionan ,se trasladan, señaló. Y alertó que las tragedias colectivas luego corren el riesgo de convertirse en tragedias judiciales.
En otro mensaje a la Casa Rosada, dijo: Debemos permitir la crítica y habló del impacto que puede tener la publicidad oficial. No se puede perseguir desde el Estado al que piensa diferente, indicó. Debe haber un equilibrio de poderes. Hay que evitar los abusos de toda clase de poder, para cuidar a los ciudadanos, lanzó.
La relación entre el kirchnerismo y la Corte se caracteriza en realidad por la no relación, incluso fueron más las épocas de tensiones y cortocircuitos que los momentos de paz, pese a que el último tiempo las aguas estaban bastante calmas. Siempre se dijo que uno de sus mayores méritos (por los Kirchner) fue haber formado una Corte independiente, y ahora resulta que no aguantan esa independencia. Están arrepentidos, había dicho Lorenzetti en una entrevista allá por 2010, en pleno tiroteo con el Gobierno, al ritmo de algunas sentencias no favorables para la Rosada. Justamente ayer, escuchando al titular del Máximo Tribunal, sólo estaba en representación del Ejecutivo el ministro de Justicia, Julio Alak, acompañado por dos secretarios. Y la poca concurrencia no se debió a un faltazo en las filas oficiales, sino que ellos tres fueron los únicos invitados, según figura en la lista del evento. Aunque llegó con retraso, del gobierno de la Ciudad solo fue el único invitado: el ministro de Justicia, Guillermo Montenegro, a quien le tocó sentarse en primera fila justo al lado de Alak. Lo mismo del Poder Legislativo que estuvo su único invitado: el presidente de la Auditoría General de la Nación, Leandro Despouy. Mauricio Macri tampoco se salvó de las críticas. No es bueno que la sociedad vea que los dirigentes discuten entre ellos mientras los problemas no se solucionan, dijo en clara referencia a la pelea desatada entre el Gobierno nacional y porteño por el conflicto en los subtes.