Salarios, precios y pobreza: cuando subir no es sinónimo de estar mejor

Hay un número que une, por estas horas, varios indicadores clave de la Argentina: 28% de población bajo la línea de pobreza; 28% de inflación anual medida por las consultoras que releva el Congreso; 28% de aumento nominal promedio en las paritarias. Este porcentaje crea la sensación de que la carrera entre precios y salarios está empatada. Pero esa igualdad no es más que una ilusión. La economía tiene diferentes velocidades, y es difícil adquirir conciencia del ritmo al que se mueven todas las variables. La rotación de la Tierra es perceptible a simple vista, el movimiento alrededor del Sol, no.

El 28% en los salarios crea una idea de movimiento, pero no de crecimiento. Las remuneraciones medidas en dólares tuvieron un aumento, pero por el efecto combinado de inflación y atraso cambiario. Con costos en alza, las empresas frenaron la inversión y por consiguiente la creación de empleo. Esa nominalidad en la que los sueldos suben , las asignaciones a las personas suben, los subsidios suben, no crea los mejores resultados: que la pobreza haya crecido más de un punto porcentual revela desbalances que ninguna estadística logra disimular.

En sus distintas versiones, el dólar muestra una efervescencia electoral. Su demanda es una apuesta anticipada a correcciones que el mundo empresario considera casi inevitables. Y evidencia que dejar que las principales variables se muevan rápido en un terreno económico desequilibrado solo aumenta las probabilidades de un tropezón.

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