Las claves del operativo del FBI en la FIFA: un arrepentido, micrófonos ocultos y una larga espera

A pedido del Departamento de Justicia estadounidense, los agentes del cuerpo de la Policía Cantonal de Zurich ingresaron al lujoso hotel Baur au Lac donde se alojaban los dirigentes de la FIFA, reunidos en la ciudad suiza para elegir, este viernes, al presidente del organismo que capitanea al fútbol mundial y en el que Joseph Blatter, que inicialmente no está entre los acusados, busca su quinto mandato.

Vestidos de civil y de madrugada -sin escándalos pero con una imagen digna de thriller policial- presentaron las órdenes judiciales pertinentes, y en ese mismo instante recibieron las llaves de las habitaciones de los dirigentes involucrados. Fueron cuarto por cuarto y sólo lograron arrestar a seis de las siete personas.

Los acusados son 18: cuatro que ya reconoicieron su culpa y están detenidos; siete que fueron detenidos hoy y otros siete involucrados. No todos se encuentran en Zurich.

Luego, para sacarlos del hotel sin que se vieran sus rostros, los oficiales y los empleados del hotel cubrieron a los acusados con sábanas. Una vez en los autos, fueron trasladados a las oficinas de justicia. El séptimo dirigente, que no se encontraba en el hotel, fue detenido en un lugar que no identificado.

Entre los funcionarios acusados figuran el uruguayo Eugenio Figueredo, que es vicepresidente del comité ejecutivo y hasta hace poco fue titular de la Asociación de Fútbol en Sudamérica (Conmebol), el paraguayo Nicolás Leoz, ex presidente de la Conmebol, el brasileño Jose Maria Marin, ex presidente de la Confederación de su país. También Jack Warner, de Tirinidad Tobago y Jeffrey Webb de las islas Cayman, vicepresidente del comité ejecutivo. Además hay tres ejecutivos argentinos involucrados: Alejandro Burzaco (Torneos y Competencias), Hugo y Mariano Jinkis (FutPlay).

El infiltrado

La historia comenzó con Charles Gordon Blazer, más conocido por su sobrenombre ‘Chuck’, quien acusado de corrupción fue infiltrado en la investigación que detonó la detención de los dirigentes.

Blazer, ex secretario general de la Concacaf por más de 20 años, llegó a ser miembro del Comité Ejecutivo de la FIFA desde 1996 hasta 2011, cuando fue expulsado acusado de actos de corrupción.

El año pasado la FIFA lo suspendió 90 días bajo sospecha de aceptar sobornos millonarios. Desde entonces y para morigerar sus culpas, Blazer comenzó a colaborar con el FBI.

La investigación del organismo internacional comenzó a raíz de un informe que hizo el fiscal estadounidense Michael García sobre la corrupción en la designación de las sedes de los Mundiales de Rusia 2018 y Qatar 2022. Algo que fue ignorado y ocultado por la FIFA.

Allí Blazer entró en escena. El arrepentido se infiltró con micrófonos ocultos y grabaciones de los distintos dirigentes de la FIFA, que fueron brindando información vital a los investigadores. Lo hizo porque estaba acusado y de hecho fue sentenciado por diversos actos de corrupción, fraude contra la Concacaf, lavado de dinero y defraudación fiscal en Estados Unidos. Se especula en la prensa estadounidense que habría hecho un trato con la fiscalía para colaborar y así evitar ir a prisión.

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