La historia de los gemelos perdidos en la tormenta económica de la era K

El mal tiempo recrudece y no se avizora en el horizonte un cambio climático en el mediano plazo. La economía argentina sufre las consecuencias de la debacle de sus principales socios comerciales y los desajustes propios de los últimos tiempos. La cita de los superávits gemelos ya forma parte de la historia de una gestión que encara el trayecto final gastando las últimas monedas que quedan en el bolsillo.

Los ingresos comerciales caen abruptamente como consecuencia de una crisis que golpea a la economía brasileña, agita a China y derrumba el valor de la soja, principal fuente de ingresos de los años de abundancia kirchnerista. Hoy, el saldo comercial con Brasil es negativo y las proyecciones del gobierno de Dilma Rousseff para el año próximo exhiben una contracción del PIB que hacen prever una demanda aún menor de los productos argentinos.

China devalúa su moneda la misma que le presta a la Argentina para hacer un swap que sostenga a las reservas y transita por un camino incierto en busca de una recuperación que mantiene en vilo al mundo entero.

Así, las divisas escasean y se vuelven a ajustar los tornillos del cepo cambiario para ahorristas e importadores, aunque ello pueda alejar más potenciales inversiones. El endeudamiento interno surge, entonces, como una de las pocas maneras de financiar el gasto que, en tiempos electorales e inflación persistente, se multiplica con rapidez para llevar al déficit fiscal a superar las seis cifras. Solo se trata de terminar el invierno y pasar la primavera. Recuperar el calor de la economía será un problema que deberá resolver el próximo gobierno.

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