La ambición de poder, en la raíz de otro quiebre democrático en la región

Abruptamente, Evo Morales culminó este domingo un gobierno de 13 años, nueve meses y 18 días que sin duda recordarán sus connacionales, tras haber transformado las condiciones de vida y la economía de un país que en 2005 se contaba entre los más pobres de la región y tuvo un salto exponencial.

La ambición del primer presidente indígena, en busca un cuarto mandato, desencadenó una crisis que alcanzó la eclosión en solo tres semanas por las sospechas de fraude en una elección presidencial que, por décimas, dejó fuera de competencia en ballottage al centrista Carlos Mesa.

Morales llegó al poder en enero de 2006 tras obtener el 54% de los votos y su política de empoderamiento a los sectores más postergados, junto con la nacionalización de los recursos hidrocarburíferos, telecomunicaciones y minas, le valió en 2008 un referendo revocatorio, que sorteó sin dificultades.

En 2009 amplió el apoyo popular para continuar al frente del país en un segundo mandato, al cual accedió por el aval del 64% de los bolivianos, y vio cumplido el sueño de su proyecto político de corte socialista tras aprobar una nueva constitución que reconocía la plurinacionalidad del Estado.

Esa misma Constitución le impedía la re-reelección. Sin embargo, el dirigente cocalero esquivó las normas y se presentó para un tercer mandato, alegando que la nueva carta magna había refundado el Estado y su primera gestión no debía tenerse en cuenta.

No contento con ser una bisagra en la historia boliviana, Morales blanqueó su intención de postularse a un cuarto mandato y para ello pidió la opinión ciudadana en una consulta popular. Las urnas le negaron esa opción, pero igualmente el presidente, ya con un poder con ramificaciones en todas las capas del Estado, logró un fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) que lo declaró apto en aras de no cercenar su "derecho humano" a ser una opción electoral.

Este panorama, y las sospechas de irregularidades en los comicios del pasado 20 de octubre de acuerdo a la auditoría de la OEA, junto al hartazgo de la oposición, motivaron revueltas a manos cada vez más intensas que ganaron la simpatía de policías y militares, cuanto más evidente se hacía el bloqueo en las principales ciudades. Tarde tendió la mano para buscar una salida negociada. La historia juzgará si su sed de perpetuidad fue responsable de este quiebre institucional que conmociona a un de por sí agitado vecindario latinoamericano.

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