La Argentina del Bicentenario merece un presidente que se anime a debatir sus ideas

Uno de los mayores agujeros institucionales que tiene la Argentina es la falta de un debate entre los candidatos a presidente. No es culpa de Juan Domingo Perón ni de Hipólito Yrigoyen. No es culpa de la década infame ni de las dictaduras militares. Podrá alegarse que el golpismo retrasó la posibilidad de que la sociedad acceda a la confrontación de ideas de quienes quieren llegar a la Casa Rosada pero ha pasado demasiado tiempo como para justificar una ausencia semejante. La democracia restaurada ya pasó las tres décadas y nuestros máximos dirigentes de la historia reciente no han atinado a acordar una decena de reglas de juego para exponer juntos y en público sus programas de gobierno.


Por eso es una gran noticia el acuerdo que ayer firmaron un nutrido grupo de organizaciones civiles y no gubernamentales; de cámaras empresarias y de medios de comunicación para que el esperado debate presidencial se haga el domingo 4 de octubre, en un escenario neutral y se transmita en vivo a todo el país. La sociedad argentina merece que sus candidatos a presidente se comprometan a sostener sus proyectos y sus iniciativas con argumentos, con precisión y con honestidad. Sólo así podrán evitarse la ineficacia, las sorpresas desagradables y el fraude conceptual que caracterizaron a la mayoría de las gestiones de gobierno de los últimos tiempos. La Argentina del Bicentenario necesita que sus dirigentes tomen las decisiones urgentes que la conduzcan de una vez por todas hacia su madurez.

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