El Presidente electo construye un contrapeso a Bolsonaro

Pretende reanimar la ola progresista en América latina y retomar la integración regional como plataforma internacional. La relación con EE.UU. y la mirada hacia Venezuela, temas por conversar

Alberto Fernández mudó su trabajo de transición de las oficinas de calle México a la ciudad de México, donde este lunes inicia una agenda que tiene por objetivo construir con la visita al presidente azteca, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), una fuerte asociación en el ámbito político y estratégico, sin obviar algún avance en el plano económico y comercial, y buscando un golpe de efecto en el brasileño Jaír Bolsonaro.

En una suerte de reedición de la ambivalencia con la que se mueve la política exterior argentina, la primera visita al exterior del presidente electo es todo un gesto de la manera en que prevé encarar los desafíos del país. Varias particularidades vinculan a Alberto con AMLO, en la mutua apreciación que se tienen dos hombres que se autoproclaman progresistas y se alinean en la otra vereda de los gobiernos de Brasil, Chile o Colombia.

Elegido en 2018, el politólogo y ensayista de 65 años rompió el bipartidismo imperante y sumió en una crisis institucional al PRI, la fuerza que gobernó 76 de los últimos 88 años este país de 130 millones de habitantes. Su predecesor, Enrique Peña Nieto, de buen diálogo con Mauricio Macri, dejó el poder aquejado por el hastío de una población cansada de ver fracasar la política anticorrupción y antinarcóticos, y no percibir beneficios en las políticas promercado, sumando a ello una tortuosa relación con los Estados Unidos de Trump.

López Obrador prometió encarar la "cuarta transformación" del país y, frente a su principal socio y vecino, plantó una relación de cooperación, cordial pero con equidistancia, a diferencia de la total alineación de la gestión anterior. En este modelo Fernández puede encontrar inspiración para "poner de vuelta a la Argentina de pie", como repitió en campaña.

AMLO también vino a plantar bandera ante la crisis de Venezuela. Junto con Uruguay, México es de los que evitar calificar de dictadura al régimen de Maduro, y pugna por una solución hecha por las propias fuerzas vivas del país. Ese modelo agrada a Alberto, que ya avisó que dejará el Grupo de Lima, el foro de presión a Caracas hecho a medida de Washington.

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