El Gobierno teme que el coronavirus y la crisis del crudo se "contagie" a los bonistas

La retracción de la demanda, con proyecciones negativas sobre la economía global, y el conflicto desatado entre productores podría desembocar en un escenario complejo para acordar con los tenedores de deuda pública. Economía y la Casa Rosada hicieron un monitoreo de la plaza bursátil minuto a minuto.

El "lunes negro" que atravesaron la gran mayoría de los mercados financieros que se vieron arrastrados por el colapso de los precios del crudo, en medio de una guerra de producción del combustible desatada por Rusia y Arabia Saudita, a lo que se suma al impacto del coronavirus sobre la demanda general, motivó un seguimiento casi minuto a minuto de los activos argentinos que cotizan en la plaza bursátil local y el extranjero, a la vez que despertó la preocupación de los principales alfiles del Gobierno encargados de monitorear las negociaciones para la reestructuración de la deuda soberana.

La escalada del Riesgo País en 400 puntos -para llegar a 2788 puntos básicos, el máximo en 15 años- y la caída de los bonos en torno al 6% justificaron un incensante intercambio de mensajes entre la Jefatura de Gabinete, desde donde operan Santiago Cafiero en la mesa política y Cecilia Todesca en el ala económica, y el Ministerio de Economía, con Martín Guzmán a la cabeza.

En ambas carteras, conectadas minuto a minuto con Presidencia, reconocieron a este diario haber seguido "con preocupación" la evolución de la crisis en las bolsas de valores y haber monitoreado a agentes económicos para morigerar el impacto.

La primera conclusión tras el cierre de los mercados es que la suba del Riesgo País reflota la desconfianza de los tenedores de títulos públicos sobre la capacidad de pago de la Argentina, justo cuando afloran proyecciones que dan cuenta de una ralentización de la economía global y, por ende, menor margen de crecimiento y dudas sobre la capacidad para afrontar los vencimientos de deuda de los países en vías de desarrollo.

La histeria del mercado también puede llevar a los bonistas a desesperarse por desprenderse de deuda argentina y dar lugar a la aparición de fondos especuladores con capacidad de resiliencia, paciencia y experiencia para negociar duro con el Estado.

Este, el peor escenario, traería un nuevo dolor de cabeza para el presidente, que aún tiene fresco el fracaso que padeció el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, al intentar renegociar vencimientos del bono BP21, el cual se frustró por la posición dominante -y la oposición tajante- del fondo Fidelity.

La contracara a este escenario es que, en un mercado de valores en contracción, la oferta argentina de renegociar los vencimientos -con o sin quita- podría hallar a los tenedores de títulos más dispuestos a escuchar lo que tienen para decir los funcionarios del Gobierno, y eventualmente aceptar condiciones que, de lo contrario y con un mercado en expansión, no serían siquiera consideradas.

Anoche, desde la Casa Rosada y el Palacio de Hacienda negaban que se fueran a instrumentar medidas especiales en lo inmediato. Pero acaso para calmar la ansiedad, el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, analiza convocar a la brevedad a las petroleras para evaluar medidas que eviten un parate de la actividad y supongan un mayor estrés en lo referido a la liquidación de divisas, que muy probablemente se resienta con el paro de cuatro días convocado por la Mesa de Enlace Agropecuaria.

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