Juicio oral: Cristina evitó cruces y miradas con De Vido y Báez

Fue la primera audiencia del juicio en el que está acusada de direccionar la obra pública en Santa Cruz. Militantes y dirigentes la acompañaron en Comodoro Py

El primer juicio oral y público por un caso de corrupción contra la actual senadora y flamante precandidata a vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, arrancó ayer con la lectura de las acusaciones que pesan contra la ex mandataria y varios de sus ex funcionarios, y pasó a un cuarto intermedio en el marco de un extenso proceso que superará el trámite de la campaña electoral y se extenderá como mínimo hasta abril del próximo año. Durante la primera audiencia de la denominada causa "Vialidad", en la que se la acusa de liderar una asociación ilícita, la ex jefa de Estado se mostró poco interesada por el debate, se mantuvo todo el tiempo en silencio y, desde una estratégica última fila, evitó especialmente cualquier contacto con sus ex colaboradores imputados, como Julio de Vido y José López.

Luego de la incertidumbre que se generó la semana pasada, cuando la Corte Suprema pidió el expediente de la causa -lo que para algunos fue leído como un intento por frenar el inicio del juicio-, finalmente ayer comenzó el proceso con una audiencia que se inició después de las 12 y se extendió duró casi tres horas, mientras militantes kirchneristas apoyaban a la ex presidenta en las afueras de los tribunales de Retiro. Cristina llegó hasta allí acompañada por su abogado Carlos Beraldi, luego de escribir una serie de tweets en los que se refirió al juicio en su contra como "un nuevo acto de persecución con un único objetivo: colocar a una ex presidenta opositora a este gobierno en el banquillo de los acusados en plena campaña presidencial".

Desde temprano figuras cercanas a la ex mandataria ya la esperaban en el lugar. Entre ellas, asistieron su ex secretario general Oscar Parrilli, los diputados Gabriela Cerruti, Axel Kicillof y Rodolfo Tailhade, además del ex secretario de Seguridad Sergio Berni, el senador Marcelo Fuentes, el presidente nacional de Nuevo Encuentro, Martín Sabbatella, la ex diputada Diana Conti; el ex ministro de Trabajo Carlos Tomada (uno de los primeros en llegar) y la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto.

A la par de la llegada de CFK a Comodoro Py, el presidente Mauricio Macri se mostraba en un acto junto a la gobernadora María Eugenia Vidal en el partido de Bragado, durante la reapertura y ampliación de talleres ferroviarios Mechita. Y, una vez más, durante su discurso el jefe de Estado ratificó el rumbo del Gobierno.

Durante la audiencia, la ex jefa de Estado se sentó al fondo de la Sala AMIA, que tiene capacidad para 160 personas, junto a su abogado. Justo detrás de ella se encontraba el vidrio que separa a los acusados del público. En ningún momento, la senadora mantuvo contacto con quienes fueron sus funcionarios, como De Vido -que se sentó junto al empresario Lázaro Báez-, ni con el ex secretario de Obras Públicas, José López. Todos ellos hoy están detenidos.

Mientras se leían los requerimientos de elevación a juicio oral, e incluso cuando se le atribuyó haber sido la jefa de una asociación ilícita, y de defraudación a la administración pública a raíz del supuesto direccionamiento del 80% de la obra pública en Santa Cruz a favor Báez, la ex presidenta no se dio por aludida. Sino que se pasó buena parte de la audiencia mirando la pantalla de su celular y hablando con su abogado.

Apenas arrancó la audiencia, el abogado de De Vido, Maximiliano Rusconi, se cruzó con el presidente del Tribunal Oral Federal 2, Jorge Gorini, al querer interponer un planteo de nulidad, que le fue rechazado en esta etapa. Apenas hizo el pedido, Gorini interrumpió al abogado, le pidió silencio y le aclaró que ya tendría tiempo para hacerlo.

 

 

 

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