Cancillería desplazó a los principales diplomáticos ligados al macrismo

Ordenó el regreso al país del exvicecanciller Daniel Raimondi, que se había ido a Washington días antes del traspaso de mando. Se suma a la lista de removidos en Londres, Ginebra y otros destinos, de filiación radical

En una jugada preanunciada, el Gobierno culminó por remover de las principales embajadas en el exterior a los diplomáticos designados por la gestión del macrismo -algunos de ellos incluso días antes del traspaso presidencial- y así dejó vacantes plazas que hasta ahora ocupaban figuras identificadas con el proyecto político de la anterior administración, y particularmente con el radicalismo.

Mediante un decreto publicado el miércoles en el Boletín Oficial, la Cancillería oficializó el desplazamiento del embajador Daniel Raimondi de la embajada argentina ante la Organización de Estados Americanos (OEA), en Washington. Se trata de una silla "caliente" y una sede considerada para un cuadro político, por lo que suele reservarse para personajes alineados al Gobierno de turno. El ex vicecanciller había sido asignado allí en reemplazo de Paula Bertol el 17 de octubre , apenas días antes de la previsible derrota electoral del macrismo en las urnas.

En noviembre, con la transición en marcha, el ahora canciller Felipe Solá se había quejado del nombramiento apresurado de embajadores que efectuó su predecesor, Jorge Faurie, en destinos que el gobierno entrante quería reservar para otros personajes. El caso más resonante fue, precisamente, el de Raimondi, que había sido desplazado de la Secretaría de Política Exterior por desaveniencias con Faurie.

A fines de diciembre, el nuevo jefe de la diplomacia también congeló el nombramiento del exdirector nacional de Protocolo, Marcelo Suárez Salvia, pensado para el consulado argentino en Nueva York, y el del director de Asuntos Consulares, Luis María Sobrón, quien había obtenido el traslado a Milán.

Ahora, la embajada de la OEA será ocupada por el exdiputado Carlos Raimundi, de fuertes vínculos con el kirchnerismo a través de su cercanía con el banquero Carlos Heller, en tanto el consulado neoyorquino sigue vacante. En ambos casos, la tutela esas sedes recaerá en el embajador argentino en los Estados Unidos, Jorge Argüello, a quien figuras de la Cancillería ya tildan como un "subcanciller" en las sombras.

Días atrás, el Gobierno también determinó el regreso del embajador Carlos Sersale Di Cerisano, destinado en Londres, y del representante argentino ante los organismos internacionales con sede en Ginebra, Carlos Foradori. Ambos funcionarios tuvieron una participación destacada en la elaboración de una "hoja de ruta" en el vínculo con el Reino Unido que fue ampliamente criticado desde los entonces oficialismo y oposición por sentar un precedente que ponía en riesgo el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, daba pie a la reanudación de la explotación hidrocarburífera en la cuenca del Mar Argentino, y posibilitó el intercambio de información que podría resultar útil al gobierno ilegítimo en Puerto Argentino para vender licencias de pesca a buques extranjeros.

Raimondi, Sersale, Suárez Salvia y Foradori, a la vez que el actual embajador en Berlín, Pedro Villagra Delgado, coinciden en haber ocupado posiciones relevantes durante la gestión anterior, y a la vez compartir cierta militancia en el círculo de diplomáticos radicales de la Cancillería, claves para alinear a la burocracia de "la Casa" con los objetivos que traía el macrismo.

En el club de los desplazados también se suma el excanciller Jorge Faurie, que siendo diplomático de carrera, pidió el pase a retiro recientemente tras 45 años en el servicio exterior, y quien fuera su jefe de gabinete, Hernán Bielus. Pese a no ser de carrera, Bielus tenía un contrato administrativo en el Ministerio y había pedido su traslado al consulado en Barcelona, el cual le fue negado. Según fuentes en Cancillería, la nueva cúpula planea desvincularlo.

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