Biden plantea a la Argentina los desafíos de un FMI menos "político" y una OMC empoderada

Las condicionalidades tradicionales del Fondo y una OMC revitalilzada pueden generar obstáculos en la agenda económica de corto plazo del país. La nueva administración demócrata apunta a fortalecer el multilateralismo y avanzar en materia ambiental.

El cambio de mando que tendrá lugar en la Casa Blanca a partir de enero de 2021 con la asunción de Joe Biden entraña para Argentina varios desafíos en la agenda de corto plazo, en especial en la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que pasaría a tener un rol más tradicional y menos sujeta a los golpes de teléfono y el apoyo político que supo desarrollarse durante los últimos cuatro años.

Según analistas la nueva administración demócrata buscará recuperar la institucionalidad, lo que en el caso del Fondo, se traducirá en un "FMI más tradicional".

Así, la negociación que el Gobierno ya inició por la deuda de unos u$s 49.000 millones entre capital e intereses, y que esta semana traerá otra vez a la misión técnica al país, tendría como contrapartida un mayor foco en el déficit fiscal y exigencias de "no sostener un tipo de cambio artificial o incluso algunas reformas para potenciar las exportaciones", sostuvo Marcelo Elizondo, director general de la consultora DNI.

En el plano comercial, no habría medidas arancelarias con fines de retaliación, como sucedió como el acero y el aluminio en 2018 y 2019 durante la administración Trump, y habrá mayor respaldo a la Organización Mundial de Comercio (OMC).

"Con Biden va a tener más fuerza la OMC pero para la Argentina puede suponer que una OMC más fuerte empiece a objetar las restricciones a las importaciones, como ya lo hizo hace cinco o seis años". Así, este mayor empúje al multilateralismo es un arma de doble filo para el país.

Para Miguel Ponce, director del Centro de Estudios para el Comercio Exterior del Siglo XXI, el cambio de timón en la Casa Blanca puede traer modificaciones relevantes a nivel del Mercosur.

Por ejemplo, la alianza entre Trump y Bolsonaro que implicaba "degradar al Mercosur", indicó Ponce, supuso que "Brasil le comprara este año 750.000 toneladas de trigo que antes compraba de Argentina", poco después de la asunción de Alberto Fernández.

Consultado sobre qué podría pasar con el precio de las materias primas, Ponce destacó que los recursos que el gobierno federal de Estados Unidos destinó para atender los efectos de la pandemia pueden tener cierto efecto si el dólar se debilita - en ese caso subirán los precios de las materias primas- pero está "más vinculado a la evolución de la pandemia en países como China", por ejemplo.

Al respecto, Elizondo apuntó que tras la política expansiva de Trump va a seguir habiendo mucha liquidez. "Un dólar más débil puede tener impacto en los precios de las commdities sobre todo en la primera parte de 2021, como forma de salida de la pandemia". 

Pero tal vez la mayor novedad provenga de algunas convicciones íntimas de Joe Biden, que pueden impactar sobre el comercio exterior en el futuro.

El apoyo a las energías limpias, y su contrapartida en desaliento a la industria petrolera, junto a ciertas exigencias ambientales llevarán a los exportadores argentinos y de otros países a "tener que acreditar procesos, el cumplimiento de legislación específica, la trazabilidad y certificación de normas ambientales", indicó Elizondo. 

Por su parte, Ponce evaluó que habrá que prepararse para un período pospandemia de relativa "sequía" de inversiones. "Mientras esté la pandemia lo esencial para Estados Unidos va a ser recomponer la sitiuación interna", más que ver si hacen inversiones. 

"Yo me contentaría con que no se vayan inversiones", señaló con brutal sinceridad Miguel Ponce. Y las pruebas al canto. Mientras para Argentina, Estados Unidos es el primer inversor en el país y el tercr socio comercial, Argentina representa apenas el 0,3% del comercio de Estados Unidos y las inversiones son marginales. 

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