Alberto presidente: un año de gestión signada por la pandemia y con altibajos en la relación con Cristina

El presidente llegó a la Casa Rosada hace 365 días, entre desafíos y promesas. Rápidamente la pandemia acaparó la agenda y las acciones gubernamentales. Cuáles fueron los ejes y las prioridades mostradas en esta primera etapa.

Hace un año, Alberto Fernández se sentaba en el asiento del conductor de su auto y se dirigía al Congreso. Al salir de allí lo haría como presidente de la Nación Argentina. Su gestión, hasta el momento, estuvo signada por la llegada de la pandemia del actual coronavirus. Sin embargo, pueden señalarse cuáles fueron las búsquedas desde la conducción del Ejecutivo.

Aquel 10 de diciembre celebró luego en Plaza de Mayo, con miles de militantes. Fue una de las pocas veces en la que se lo vio junto a la vicepresidenta Cristina Kirchner en público. Durante el verano fue poco lo que pudo verse, más allá de la organización del gobierno.

zzzznacp2NOTICIAS ARGENTINAS BAIRES, DICIEMBRE 10: El presidente Alberto Fernandez y el presidente saliente Mauricio Macri durante la ceremonia del traspaso de mando presidencial. Foto NA: HUGO VILLALOBOSzzzz

La conformación del gabinete fue un mensaje en sí mismo: implicó el regreso de Gustavo Béliz y de Vilma Ibarra, personas de su confianza pero lejanas a Cristina. El presidente buscó dar un mensaje a favor del federalismo en distintos puntos de su gestión. Sin embargo, el gabinete reflejó lo contrario: 22 de los 25 funcionarios con rango de ministro eran de la provincia o la ciudad de Buenos Aires. Pasaron a ser 23 cuando renunció María Eugenia Bielsa, el mes pasado.

El 1 de marzo, como suele ocurrir, también fue un hito. Ese día inauguró las por primera vez las sesiones ordinarias del Congreso. Lo hizo con un discurso con un tinte alfonsinista, con una agenda distinta a la promovida durante la anterior etapa kirchnerista. Allí hizo un énfasis especial en la Justicia y anticipó una reforma integral. También prometió que enviaría en el corto plazo un proyecto para la legalización del aborto, lo que finalmente ocurrió a fin de año.

Todo cambió, sin embargo, el 18 de marzo. Rodeado por mandatarios provinciales, anunció el inicio del aislamiento social, preventivo y obligatorio en toda la Argentina a partir del día siguiente. Esa rápida respuesta para tratar de contener y mitigar la llegada del virus tuvo un gran consenso en aquel entonces. Se buscaba preparar al sistema de salud y evitar una saturación.

Esos objetivos se cumplieron. Sin embargo, a la vista de los números actuales, los resultados fueron peores que los planeados. Se superaron las 40.000 muertes en el país por Covid-19 a pesar de que se implementó una extensa cuarentena de más de ocho meses para la mayoría de los argentinos, lo que repercutió en una economía que ya estaba en crisis. Además, casi no hubo clases presenciales en todo el país, lo que perjudicó a la educación y amplió aún más las brechas.

En el terreno de la Justicia, en agosto se convocó a una diversa comisión de expertos para analizar cambios en el Poder Judicial y en la Corte Suprema. También se avanzó con el nombramiento del procurador general. El candidato del presidente es Daniel Rafecas, que incluso recibió un guiño de parte de la oposición para aprobarlo con los dos tercios requeridos. Sin embargo, aún no se envió el pliego y un sector del oficialismo amenaza con modificar la ley para que solo se necesite mayoría simple.

Hubo otro tema relacionado a la seguridad jurídica que tuvo su capítulo destacado: Vicentin. El gobierno quiso intervenir la empresa. Pero, ante las reacciones en distintos puntos del país, decidió dar marcha atrás con la iniciativa.

No fue la única expresión en contra del gobierno, ya que se sucedieron varios “banderazos opositores. Los primeros se realizaron cuando regían regulaciones estrictas de movilidad por la pandemia, por lo que oficialmente fueron pocos los dirigentes opositores que convocaron.

En materia económica, el gobierno lanzó paquetes de contención para mitigar la pobreza y evitar un crecimiento desmedido de la desocupación. El Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y el programa Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) fueron los protagonistas. En agosto llegó una de las noticias positivas que se pudo comunicar en materia económica, tras el acuerdo alcanzado por el ministro de Economía Martín Guzmán con los bonistas.

La relación entre presidente y vicepresidenta fue, sin dudas, uno de los temas con mayor relevancia política. En octubre, a las puertas del décimo aniversario de la muerte de Néstor Kirchner, Cristina publicó una carta que provocó un nuevo impacto. Pidió un acuerdo con todos los sectores y a la vez se desligó de las políticas del gobierno, ya que consideró que es el presidente quien decide.

Antes de que se publique esa carta, Alberto había dado un paso hacia atrás en los puentes que se habían tendido con la oposición. Durante los meses en los que la pandemia monopolizó la comunicación oficial, se había mostrado en sintonía con Horacio Rodríguez Larreta. Sin embargo, en septiembre decidió quitar un punto de coparticipación a la ciudad de Buenos Aires. Desde el gobierno porteño sostuvieron que se trató de una medida unilateral y a partir de allí se tensionó el vínculo entre ambos.

Sobre el final del año, y con una situación epidemiológica más estable, el gobierno buscó retomar la iniciativa con distintos proyectos. Desarrolló un nuevo esquema para calcular las jubilaciones –para la oposición se trata de un ajuste–, envió el proyecto para legalizar el aborto y puso sobre la mesa la posibilidad de que se suspendan las PASO en 2021, con los gobernadores como principales impulsores.

En un año jaqueado con complicaciones inesperadas, la economía se enfrió aún más y la inflación anual superó el 37% según el último dato. Esto trajo consecuencias sobre la pobreza: 40,9% según el último dato del Indec y 44,2% para la UCA.

A un año de la asunción de Alberto Fernández, se cumplen también 37 de la llegada de Raúl Alfonsín a la Casa Rosada. Más allá de los problemas coyunturales, la democracia argentina sigue teniendo desafíos estructurales por resolver.

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