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Internas en modo Wanda y el factor Icardi con el FMI

"Los problemas macro están solucionados", soltó ayer sin más el periodista Roberto Navarro, en la radio El Destape, que suele expresar una posición cercana al oficialismo.

Así, sin más rodeos, explicó lo que es la mirada de una parte de la coalición gobernante, que se resume en un no jodan con el déficit fiscal, con cómo se financia el Estado, con cómo están los precios relativos o con qué hay que hacer con el Fondo Monetario Internacional por la deuda y la falta de dólares, porque la inflación se combate parándole el carro a los formadores de precio que se la fugan toda.

Es una línea que se percibe, aunque no lo dice abiertamente todavía, en el pensamiento que deja entrever el flamante secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, que tras firmar una resolución para congelar 1432 productos con el precio del 1 de octubre hasta el 7 de enero dijo en C5N que los planes de estabilización son un blef y que es mentira que no hayan funcionado nunca en la historia los controles de precios.

"Aunque al final los jaquean, durante un tiempo los congelamientos consiguen expandir el consumo". En siete segundos nada más, explicó el objetivo del programa con el que la Casa Rosada intenta hacer pie en una campaña electoral en la que los precios se aceleran: mejorar el poder de compra del salario y apuntar un culpable para un costo de vida de más del 50%, que en este caso, son las empresas de alimentos y consumo masivo.

Lo loco es que en el mismo gobierno y casi al mismo tiempo, aunque en otra galaxia de pensamiento, el ministro de Economía, Martín Guzmán, hacía malabares en Estados Unidos para convencer a los inversores internacionales de que el país está cuidando las cuentas públicas para "tranquilizar la economía", que es una forma de decir -sin que nadie se enoje- estabilizar los precios y poder ir a un entendimiento con el FMI que descomprima la presión sobre el dólar de cara a 2022.

Tal vez en un intento por sumar el apoyo que le falta dentro del gabinete, Guzmán le pidió al ex viceministro de Cristina Kirchner, Emmanuel Álvarez Agis, que se sumara a la charla en Nueva York.

Allí, se supo, dejó una línea similar a la que había expresado en el Coloquio de Idea: que por ahora se está gastando menos de lo que se anuncia que se va a gastar, lo cual a priori no cambia el resultado fiscal, en un esfuerzo in extremis por respaldar al Palacio de Hacienda como guía de la política económica.

No es cuestión de zorras

Para que se entienda: salvo la crisis de pareja de Wanda Nara y Mauro Icardi, no hay pelea tan a la vista como la del Frente de Todos. Ya no es que gestione con dudas o idas y vueltas.

Hay planteos y mensajes directamente opuestos que conviven al mismo tiempo en una guerra por el rumbo con final incierto.

En el preciso momento en que una parte de la Casa Rosada, encabezada por Alberto Fernández, convoca al diálogo y acerca posiciones con empresarios, asume un funcionario para mostrarle más los dientes al sector privado.

Ponele que puede pasar. La administración de la cosa pública es compleja.

A poco de que un puñado de capitalistas se arrima al mensaje del nuevo pacto del capital y el trabajo que viene meneando la vicepresidenta Cristina Kirchner y que su hijo Máximo promete respaldar hasta quizás con un restyling de La Cámpora después del 14 de noviembre, "porque ahora muchos firmamos decretos", aparecen otros voceros cruzando los reclamos de los hombres de negocios a puro tuit, como hizo el ministro de Desarrollo bonaerense, Andrés "Cuervo" Larroque.

Cuando hay dirigentes hablando de un acuerdo político y económico transversal, aun con toda la humareda que pueda generar, se impone por resolución un congelamiento de precios.

De yapa, la medida incluye la acusación velada a conspiradores como la compañía Molinos, cuyo titular, Luis Pérez Companc, era hasta hace minutos el referente que se sacaba fotos con el Presidente para mostrar mejores contrataciones de alimentos por parte de un Estado que pagaba sobreprecios que ni te cuento. ¿Estamos bien?

Pero esto es elige tu propia interna, y tranquilamente se pueden mirar también las miserias del mundo corporativo.

La Coordinadora de Industrias de Productos Alimenticios es un hervidero, que ya se venía caldeando desde las posiciones públicas que adoptó el sello contra el etiquetado frontal de alimentos que podría ser ley en el Congreso.

Hay multinacionales que no se bancan el hecho de que se vete cualquier regulación, porque en otras partes del mundo ya aplican "scores nutricionales" o directamente tienen octógonos similares a los que se plantean acá, y sólo cuestionan los mínimos sobre los cuales se cae en los "excesos de azúcar" y otros.

Esa desconfianza también caló en los debates de estas horas donde algunas firmas advierten que el comunicado de la cámara se pasó de político, cuando se podía avalar una primera canasta y seguir negociando.

El meme del Hombre Araña

Con este auto de borracho el Gobierno tiene enfrente al FMI, donde su titular Kristalina Georgieva comparte con el propio Guzmán lo que ya se puede definir como el factor Icardi, en referencia al jugador del PSG que no para de remarla con posteos en redes para que su pareja no le eche fly luego de un par de mensajitos coqueteando con nuevos horizontes.

Del mismo modo, estamos ante dos figuras que parecía que iban a volar de su lugar y que ahora tienen que acumular gestos para sentir que los quieren de vuelta, una dinámica que para una pareja puede ser tóxica, y para una política económica, un nuevo voucher de inestabilidad.

La economista búlgara, que caminó en la cornisa luego de que la acusaran de truchar estadísticas cuando estuvo en el Banco Mundial, fue ratificada la semana pasada, pero ahora -imaginate- el margen que le quedó para ser creativa e imponer criterios de una "liberal" yankee que nos tire un centro se acotó muchísimo.

Es decir, si tiene que sobreactuar el ADN fiscalista y de reformas laborales o previsionales del organismo multilateral, es la que viene.

Pensá que nadie le pidió a Icardi que dejara de seguir a todo el mundo en Instagram salvo a Wanda, y lo hizo.

El más-papismo-que-el-papa de los observados con sospecha también lo atraviesa el propio Guzmán, que oscila entre dar las batallas hacia adentro -como cuando le enrostra a CFK que no entiende lo que es un ajuste- con gestos como para ir sosteniéndose en una manzana que tiene cada vez más rodeada.

Así se entiende que se venga foto con su crítico y ahora compañero Feletti, de cuya designación el ministro presuntamente más importante de un gobierno se enteró por los diarios, en un contexto donde el economista de la Universidad de La Plata fue aprendiendo que la inflación no es sólo un problema macroeconómico sino que necesita "coordinación", y que los sindicalistas han cumplido más que los empresarios con el anclaje de expectativas.

¿Este icardeo -ojo, en su nueva acepción de exagerar acciones para que no te rajen- lo puede terminar llevando aceptar una posición de no acuerdo con el organismo?

Sería raro, porque su plan era cerrar a principios de este año para despejar el horizonte de vencimientos y no gastar reservas del Banco Central, pero es cierto que también fue asimilando posiciones nuevas con cada una de las limitaciones que el balanceo político interno le fue imponiendo.

O sea, se cuadró cuando alguna Wanda le puso los puntos.

En reuniones recientes en Buenos Aires, el staff del FMI que se ocupa de la Argentina, con los por ahora poco conocidos Luis Cubeddu y Julie Kozack, empezaron a pronunciar una palabra que veremos si se transforma en el título del vínculo con el país: "overdue", la expresión en inglés que significa mora o atraso y que sería el término correcto para explicar lo que podría ser un no pago de algunos vencimientos el año que viene, si no se llega a negociar a tiempo.

Se trata de una posibilidad que crece dado que aparecen dos requisitos que los burócratas del Fondo empiezan a dejar en claro.

Por un lado, sólo van a llevar al board en Washington un acuerdo que tenga el respaldo del Congreso, una novedad para nada marginal si se confirma el triunfo opositor en las legislativas.

Por el otro, tolerarán cierto gradualismo fiscal, pero sí incluye financiamiento genuino, y no vía emisión, para lo que están obligando al Gobierno a conseguir crédito, es decir volver a los mercados. Chan. ¿Cómo bajar ese costo?

Cubeddu, venezolano que ha vivido en la Argentina a comienzos de los 2000, una vez le compró al caricaturista Pablo Temes, de Editorial Perfil, una pintura espectacular, como las que hace Temes.

Se llamaba "Riesgo país".

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