Renombran a Segurola y Habana, la famosa esquina de Maradona

La intersección más famosa del barrio de Villa Devoto fue rebautizada por los maradonianos en honor al astro. Pasó a llamarse Diego y Maradona.

Es la esquina de Maradona, la de Segurola y Habana, esa en la que vivió durante un largo tiempo y que saltó al reconocimiento público tras la pelea del astro con Julio César Toresani, cuando el primero jugaba en Boca y el último en Colón.

Primero fue un improvisado altar cuando se conoció el miércoles que había muerto. Y este sábado, la intersección fue rebautizada por los maradonianos. Ahora es el cruce de Diego y Maradona.

El renombre, que no es oficial, incluyó la fecha de nacimiento del Diez y el símbolo de infinito donde habitualmente se ubica la numeración inicial y final de la calle.

La historia

Maradona hizo famosa la esquina cuando se cruzó con Toresani, quien luego sería su compañero de vestuario, en un Boca - Colón.

Ambos equipos se enfrentaban en la Bombonera el 7 de octubre del 1995 en lo que significaba la vuelta de Maradona al fútbol después de cumplir 15 meses de inactividad, producto de la suspensión que le había impuesto la FIFA por el doping positivo en el Mundial de Estados Unidos de 1994.

El Xeneize igualaba 0-0 durante el primer tiempo cuando una jugada por derecha se llevó las miradas. Una dura patada de Claudio "El Pájaro" Caniggia sobre Dante Unali desató la bronca de los jugadores visitantes que rápidamente se fueron encima de Francisco Lamolina.

 Uno de ellos fue "El Huevo" Toresani, que sin importarle la amarilla que tenía encima también se le abalanzó. En escena apareció Maradona, que rápidamente se fue sobre él y comenzó a discutirle, para posteriormente ir a reprocharle algo al árbitro.

La acción finalizó con varias amonestaciones. En primer lugar una amarilla para "El Pájaro", y después, por protestar, una para el "Diez" y otra para el jugador de Colón, que terminó siendo expulsado por doble tarjeta.

"A Toresani, Segurola y Habana 4310, séptimo piso", fue la famosa frase con la que el Diez invitó al santafecino a dirimir diferencias.

Esas palabras se convirtieron en un latiguillo que perduró en el tiempo. 

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