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RWC ARGENTINA 2027 ¿Un sueño posible?

El crecimiento de nuestro rugby enciende el deseo por un torneo jugado en América. Por qué el país podría ser anfitrión de alguna de las próximas citas. Puntos a favor y en contra. La inversión necesaria.

RWC ARGENTINA 2027 ¿Un sueño posible?

Y después, ¿qué? ¿Te imaginás un Mundial como este en la República Argentina? Esta pregunta le fue formulada hace poco más de un año al exjugador de rugby Agustín Pichot, en un break de las actividades que tenía durante la Copa del Mundo que se disputó en Inglaterra en 2015.
Quien supo brillar como medio scrum del seleccionado argentino y en equipos de primera línea (como Richmond, Bristol, Stade Français y Racing Metro 92) se acomodó dos veces más en el mullido sillón del coqueto hotel de South Kensington, ahí nomás del encantador Hyde Park, donde en plena Copa del Mundo Inglaterra 2015 el ahora vicepresidente de la World Rugby ya se veía en el cargo que hoy ostenta.
"Es lo que más quiero. Siempre estoy pensando en lo que viene, en ir por más. Es lo que deseo y estoy convencido de que podemos tener un Mundial de Rugby en el país", destacó.
La Argentina viene organizando con éxito las citas locales del Rugby Championship (RC) desde 2012. Es en este torneo, que ya se encuentra en su quinta edición, los Pumas pisan cada día mejor: el seleccionado argentino acumula dos victorias en un año ante Sudáfrica, algo que no había sucedido en toda la historia.
Ahora bien, son muchos los desafíos que quedan por enfrentar: de prosperar lo que hasta hoy en día es un sueño de Pichot -y de muchos otros fanáticos de la ovalada-, la Argentina debería pensar en organizar un torneo para 20 naciones -si es que no se aumenta la cantidad de equipos, como se especula que ocurrirá dentro de tres torneos- y en cuatro zonas, distribuir a los seleccionados en distintas sedes, reacondicionar los estadios actuales o incluso construir algunos nuevos, adaptados a lo que exige la era tecnológica.

Más infraestructura

No obstante, para poder ser sede de un mundial, el tema no termina ahí: como anfitrión, la Argentina debería contar con un sistema de autopistas rápidas y un transporte aéreo con infraestructura a la altura de la cita para lograr un alto nivel de seguridad y satisfacción en los planteles, los dirigentes y los fanáticos.
Nadie duda que, por historia y presente, ningún país del continente americano está por encima de la Argentina a la hora de ser organizador de la máxima cita rugbística. Es un derecho adquirido desde el campo de juego. La Argentina debería ser el encargado de organizar el primer Rugby World Championship (RWC), si es que las autoridades de la World Rugby (WR) así lo disponen y se animan a volver a América del Sur, tras el éxito del Seven en los Juegos Olímpicos de Río 2016.
De todos modos, no será fácil: los Estados Unidos, por organización y por poderío económico, aún con un rugby prematuro -pero en crecimiento- podría arrebatar la ilusión. Algunos datos así lo comprueban: la unión de rugby estadounidense televisó para todo el territorio la última Copa del Mundo celebrada en Inglaterra, como estrategia para masificar el deporte.
La gran disyuntiva pasa por el estado económico del país. Cuando Brasil fue elegido hace casi ocho años tanto para organizar el Mundial de Fútbol 2014 como los Juegos Olímpicos que acaban de finalizar en Río de Janeiro, el país verdeamarelo se encontraba en la curva ascendente a todo nivel: reservas récord, pobreza en descenso, bajo desempleo, inversiones que llovían desde todo el mundo. Fue un premio al momento.
Y, salvo contadas excepciones, los organismos suelen apostar por lugares que "merezcan" el premio. Desde la historia, su geografía, la época del año (los mundiales de rugby se juegan siempre en septiembre-octubre), el turismo y la extensión que tiene el torneo, que dura seis semanas, la Argentina es un lugar ideal para que los fanáticos de todo el mundo aprovechen la oportunidad. La excelente relación que existe con Sudáfrica, Nueva Zelanda y Australia, las máximas potencias, que finalmente incorporaron al país al Rugby Championship (RC) y desde este año al Súper Rugby (SR), conformando la Sanzaar, podría contribuir al anhelo de Pichot y compañía.
Pero la situación del país dista de ser ideal. Un crecimiento marcado de aquí en adelante podría ser el principal valor agregado para que la World Rugby se incline por la Argentina antes de 2023. Es en ese año en el que el Mundial volvería a Europa, a menos que Sudáfrica logre dar un zarpazo imprevisto en las deliberaciones. Tal vez, Sudáfica sienta que merece estar a la par de Nueva Zelanda o Inglaterra, que ya organizaron dos mundiales.
Los mejores embajadores de esta idea mundialista son los Pumas, y ahora también los Jaguares, el equipo nacional que disputa el Súper Rugby. Australianos, neocelandeses y sudafricanos conocen la idea y la apoyan: todos ellos fueron sede de alguna de las citas planetarias que se iniciaron en 1987 con el torneo de Nueva Zelanda (que volvió a ser anfitrión en 2011). Australia lo albergó en 2003, Sudáfrica en 1995. Gales en 1999 e Inglaterra dos veces, en 1991 y 2015. Al selecto grupo se incorporó Francia tras la cita de 2007, que fue consagratoria para la Argentina, con el tercer puesto y la medalla de bronce.
Europa, África, Oceanía y ahora Asia, con Japón 2019 en el horizonte, ven con apetito la organización del mundial de la pelota ovalada. Todo indica que pronto -tal vez luego de Japón 2019- llegará el turno de América. El factor económico-social, sumado a la fuerte injerencia de Pichot en el mundo ovalado, ahora como ladero de Bill Beamount -pero con mayor poder que un vice-, serán determinantes a la hora de torcer la balanza. El sueño es posible.

En números

La extraordinaria inversión necesaria para soñar con una Copa del Mundo no bajaría de los u$s 1.000 millones, solamente teniendo en cuenta infraestructura como estadios nuevos (quizás dos, uno en la Patagonia y otro en el noroeste argentino); mejoras en aeropuertos del interior del país y algunos accesos que se deberían modernizar, como mínimo.
La inversión, multimillonaria, no contempla las obras macro, necesarias para el país mucho antes de 2027, para lo que resta más de una década: una competencia del nivel de la RWC -que además crece evento tras evento y ya se ubica como las de mayor cantidad de televidentes detrás de el Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos- sería, entonces, la excusa ideal para finalizar interconexiones entre sedes que aparecen como fijas en el horizonte.
No obstante, miles de millones de dólares hacen falta para enlazar Mendoza y la Capital Federal con una autovía, y lo mismo ocurre con Córdoba y Tucumán o Salta; la verdadera inversión es ultra necesaria. Sin embargo, la RWC Argentina 2027 se convierte en la excusa ideal.