Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Los derechos de formación: el debate

Los principales clubes de Buenos Aires discuten si la cesión de sus jugadores a la UAR debería dejar un rédito económico en sus arcas cuando éstos firmen sus contratos.

El súper profesionalismo al cual se ha entregado una parte del rugby argentino, en sintonía con lo que comenzó hace 20 años en Europa y los gigantes del Hemisferio Sur, por marcar un momento (aunque ya en los años ‘80 se pagaba por jugar), despertó, despierta y despertará calurosos debates acerca de su implementación.
La Argentina tomó un camino tal vez diferente al de Gran Bretaña, Francia e Italia, que tienen ligas rentadas. Tampoco es idéntico a lo que ocurre en Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda que, tras el exigente e híper profesional Súper Rugby del actual semestre, donde se aglutinan más de una quincena de franquicias entre los tres países, aparte de Sunwolves de Japón y Jaguares, tienen en la segunda mitad del año los tradicionales torneos con una mixtura entre amateur y profesional, con los distintos estados o provincias representados.
Los clubes argentinos tienen posiciones encontradas, y no todos desean plantear abiertamente su disconformismo. Por un lado, el Súper Rugby (SR) y su hermano mayor, el Rugby Championship, son el lugar donde el capitalismo deportivo, las luces y el dinero confluyen en un show que comenzará a mostrar su máximo esplendor en los play offs -que lamentablemnte no contarán con la franquicia argentina-.
En otro lugar, con menos visibilidad pero sabedores de ser la casa cuna, algo así como la piedra basal de todo este producto final que va puliendo la UAR a través del Plan de Alto Rendimiento que determinó poseer equipos como Argentina XV, Jaguares, Los Pumas y Los Pumas Seven -próximos a buscar la hazaña de una medalla en los JJOO de Río-, están los clubes. Allí se liberan por estos días luchas intestinas y también grandes enojos: "Que se lleven a un jugador que no es de la franquicia para cuidar a los que irán al RCH no nos gusta nada", avisan en off. Tampoco que el Seven no tenga definido a los que se van y a la vez no se puedan utilizar en la primera el sábado, porque obviamente quedan expuestos a lesiones", dicen en los clubes más representativos de la URBA.
Son situaciones que empiezan a percutir en instituciones donde sus jugadores caen en un limbo que no termina de cerrar. Pagar un derecho de formación por aquella joya que emergió desde cualquier club es la discusión que llegará inminentemente a los despachos de la Unión. Es el dilema que deberá desandar el rugby argentino. El precio a pagar, en definitiva.