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Clubes locales, pilares de la disciplina

Cómo es la realidad del deporte de la olavada amateur en el país, en tiempos en los que el rugby argentino se anima a conquistar distintos mercados.

La inserción definitiva del rugby argentino en el ultra profesional mundo de Sanzaar -sigla compuesta por Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda y ahora la Argentina- con participación estable desde hace cuatro años en el Rugby Championship y una franquicia jugando (y por momentos padeciendo) el moderno, desfachatado y por demás exigente show del Súper Rugby, sumado al extraordinario cuarto puesto conseguido hace nueve meses en La RWC de Inglaterra, ha reconfigurado el mapa con un giro de 360 grados. Ahora, ¿cuál es la realidad del otro rugby en nuestro país? El de base, el amateur, en definitiva, desde donde surgen los Cordero, Matera, Moroni, Bofelli, Imhoff y el resto.
Porque alguna vez Juan Manuel Leguizamón batalló en la cancha número 1 de Santiago Lawn Tenis; Juan Martín Hernández -producto estelar para los amantes del marketing deportivo- se lució una y otra vez en Pilar, allí donde Deportiva Francesa juega de local. La usina de los Jaguares está allí. Agustín Pichot, flamante vice presidente de World Rugby y realizador del arribo argentino a la máxima competencia internacional pone el freno: "Los clubes no se tocan. Es una discusión que tengo hace 15 años, y siempre explicamos lo mismo, la idea es sostener la formación amateur y los valores, hoy hay unos 40 jugadores participando del plantel de Jaguares y los Pumas, que tienen un contrato. Es algo excepcional en comparación a los miles de jugadores a lo ancho y largo de la Argentina".
Carlos Araujo, presidente de la Unión Argentina de Rugby (UAR), deja en claro la postura y abona lo que ocurre con el rugby amateur: "Aunque se pusiera en marcha el profesionalismo en los torneos de las uniones o en el Nacional de clubes, la realidad es que no hay quién pague. La verdad es que es muy difícil hacer un rugby profesional de clubes en la Argentina porque no hay negocio. Para eso tiene que haber alguien que ponga la plata y salga a vender, y eso no va a suceder en el ámbito local". El dirigente agrega: "La única que está en condiciones de bancar un jugador durante 12 meses es la UAR porque está dentro de un torneo rentable como el Súper Rugby. Es muy difícil que el rugby profesional en Argentina se extienda a los clubes. El rosarino afirma que "no hay interés de la dirigencia ni interés económico".
Con un presupuesto aproximado de u$s 6 millones de dólares al año destinado a pagar los contratos de los 40 jugadores profesionales que integran los Jaguares, la UAR encontró una fórmula equilibrada en base a los ingresos por TV y sponsors, que combinados con los partidos de los Pumas -juegan al menos 12 partidos por año entre los test matches de junio y noviembre y el RCH que se disputa entre agosto y octubre- le permiten cubrir un presupuesto anual de cercano a los 300 millones de pesos por todo concepto.
Los clubes creen en mantenerse al margen de profesionalismo aunque siempre hay matices. Excepto CUBA, que no acepta sponsors en la camiseta ni dentro del campo -la excepción fueron los partidos televisados del Nacional de Clubes, dónde se vio obligado a permitirla para no perder la localía-, todos los equipos buscan recursos en las marcas. Toyota en el SIC, Ford en el multicampeón Hindú y también en el CASI, Al Mundo en Buenos Aires C&R, Allianz en Pueyrredón, y la lista sigue...
Lucas Bolla, uno de los presidentes más jóvenes del URBA, fija la postura de su club, el multifacético y pujante San Fernando, una institución que excede ampliamente el rugby: se practican más de 20 disciplinas, aunque ésta es la primera vez que un hombre de la ovalada lo preside: "Como dirigente- jugador (N. De la R: actualmente se desempeña en la intermedia como primera línea), mi posición y la del club es preservar la esencia de este deporte, sus valores y también lo primordial, que es divertirse jugando", explica. Y agrega: "Está perfecto el salto que dio la Argentina, apoyamos el gran trabajo de Agustín Pichot y el esfuerzo que se hizo para llegar al Súper Rugby junto a todo el apoyo de la dirigencia nacional, y creemos en la proyección que todo esto va a generar".
La situación de los clubes en general es dispar: en el interior hubo un apoyo directo al proyecto de una profesionalización en cuanto a los Pumas y la franquicia. El NOA, con Tucumán y Salta a la cabeza, fue el primer eslabón en cuanto a la instalación del Pladar (Plan Nacional de Alto Rendimiento), desde donde se lanzó el proyecto de aglutinar jugadores con una preparación adecuada, lo que hoy derivó en la estructura que sostiene a los Jaguares, Argentina XV y los Pumas. En Buenos Aires, el San Isidro Club también apoyó de entrada -su anexo fue la base del Pladar los primeros años- y hoy hay clubes como Biei y Champagnat que le alquilan parte de sus canchas y gimnasios a la UAR para que entrenen los Jaguares.
Los clubes viven de la cuota social y lo que aportan los sponsors, que puede variar entre $ 200.000 y hasta $ 2 millones por año, siempre hablando de equipos de Grupo 1 que abarca desde el Top 14 -el año próximo será Top 12-, con la consecuente pérdida de visibilidad en televisión, tal vez el punto que más critican desde las entidades: "La aparición de Jaguares, sumada a la exposición permanente del rugby de elite de Europa nos a sacado del foco y en Espn (dueña de los derechos) no quedó lugar para nosotros", dicen varios dirigentes de los clubes más importantes en off. Un panorama de las luces y sombras que generó el arribo al máximo nivel.