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La polémica energizó la ceremonia

Las ceremonias de premiación en general y del Oscar en particular son famosas por lo largas y tediosas. Arrancan siempre arriba con el envión de la expectativa y un par de galardones de mediana importancia, y se amesetan a medida que pasan las diferentes categorías que no le importan a casi nadie, como las vinculadas con la edición, el montaje, el sonido, etc.
Sin embargo, los premios del domingo pasado fueron diferentes. No se puede decir que se convirtieron en una Montaña Rusa de inolvidables emociones, pero la intriga por saber si Leonardo DiCaprio ganaba su reclamada estatuilla, y la polémica en torno a la discriminación racial, le dieron un toque de picante a la gala que ayudó mucho en el arduo camino hacia los rubros más importantes. En esto, sin duda, tuvo mucho que ver el irreverente anfitrión Chris Rock, quien con su humor negro, justamente, en torno a la polémica, consiguió mantener la atención de las estrellas y los televidentes.