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Albert, el niño que fue al cumpleaños de Ana Frank cuando le regalaron su diario

Tras el paso de Macri por Amsterdam, el Gobierno impulsa la visita de un compañero de colegio de la emblemática adolescente. Habla contra la discriminación

Podría haber tenido el mismo final que Ana Frank pero afortunadamente su destino fue distinto. Albert Gomes Mesquita es uno de los sobrevivientes del Holocausto. Su nombre, el del niño que fue, figura en una de las traducciones del Diario de Ana: "Albert Gomez de Mesquira es un chico que ha venido del colegio Montessori y que se ha saltado un curso. Es muy inteligente", registra en una de las traducciones. A los 86 años llega al país, inivitado por el Centro Ana Frank y el gobierno nacional y el de la Ciudad, para participar de la Feria del Libro y del estreno de la obra en la que la actriz y cantante Ángela Torres representa a la adolescente que murió en un campo de concentración, víctima de la Shoa y del tifus, después de haber permanecido escondida junto a su familia en lo que se llamó ‘la casa de atrás’, en el ático de un edificio, detrás de una estantería que ocultaba la entrada falsa. En la calle Superí, en Buenos Aires, hay una réplica de esa casa, museo como la de Amsterdam, donde se ayuda a pensar en un mundo sin discriminación. En Argentina hay además una habitación donde se recuerda la última dictadura argentina y los crímenes de lesa humanidad.

Entre 1936 y 1941 Albert fue alumno de una escuela en la esquina de la casa donde vivía junto a sus padres y su hermana menor. La escuela seguía el sistema Montessori: los alumnos aprendían de acuerdo a sus habilidades y capacidades. Esa escuela hoy lleva el nombre de Ana. "Normalmente se terminaba en seis años. Lo terminé en cinco. Ana iba a la misma escuela, pero no a la misma clase, nos conocimos de vista", recuerda Gomes Mesquita, quien nacido en 1930, un año después que Ana, culminó con ella sus estudios por haberse salteado un año. Probablemente fue eso lo que impresionó a la adolescente que lo invitó, según él recuerda en diálogo con El Cronista, a su cumpleaños número 13.

–¿Cómo recuerda a Ana? ¿Qué sabe de su diario?
–En 1942 fui invitado junto con otros compañeros de colegio para celebrar su cumpleaños número 13 en la casa con la familia Frank. Todos lo regalos estaban sobre la mesa en su living, incluso entre ellos el diario vacío. El diario escrito está ahora en la Casa de Ana Frank, en Amsterdam. Alrededor en 1949 leí una de las primeras ediciones. En posteriores ediciones apareció la lista completa de los compañeros judíos del Liceo donde me recuerda por haber salteado un año en la escuela. Cuando terminaban la escuela primaria, el régimen nazi separó a los judíos del resto de la población y el municipio de Amsterdam fundó numerosas escuelas para ellos. Fue en el Liceo se reencontraron Albert y Ana, ya en la misma clase. Como Ana Frank, también Albert, sus padres y su hermana fueron escondidos por personas que arriesgaron sus propias vidas. Pasó por muchos áticos y sobrevivió.

–¿Qué piensa del diario de Ana Frank?
–Después de haberlo leído pensé: podría haber escrito una historia similar sobre mi propio período escondido. Pero esa historia mía habría sido sobre situaciones, sobre quienes nos ayudaron, sobre el miedo. Más tarde empecé a apreciar el diario de Ana porque ella nos dice mucho más sobre su desarrollo personal, su maduración, su visión sobre la sociedad y sus expectativas sobre el futuro. En eso es única.

Albert estuvo escondido con sus familia en doce sitios diferentes y en cinco ciudades, en algunos un día y en otros un año. Mucha gente los ayudó. El y su familia fueron liberados por las fuerzas aliadas en mayo de 1945. En su visita a Argentina espera "contribuir en la lucha contra la discriminación".